Venezuela, otro plan terrorista de un Trump debilitado y furioso

Venezuela, otro plan terrorista de un Trump debilitado y furioso

Los cortes de energía eléctrica cometidos contra Venezuela son los peores ataques terroristas desde los atentados contra Irak. Guaidó ha reconocido su participación en tales acciones, como parte del plan para echar del poder a Nicolás Maduro. Estados Unidos y la oposición venezolana volvieron a fracasar, pero siguen impunes

Buenos Aires, Argentina. El insólito presidente “encargado” de Venezuela, Juan Guaidó, reconoció ante sectores de la oposición que los ataques contra el tendido eléctrico en el país eran “necesarios” para poder derrocar al “régimen” del presidente Nicolás Maduro, como si no fueran crímenes de lesa humanidad.

Guaidó es una figura inexistente creada por el gobierno de Donald Trump violando todas las normas internacionales, que intenta “gobernar” a nombre de Washington en un accionar burdo e ilegal.

En tanto el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente venezolana, Diosdado Cabello, sostuvo que Guaidó había reconocido su vinculación con los atentados, añadiendo que existen planes diseñados para este mes de abril con la idea de dar algo así como “el golpe final” bajo la égida de Estados Unidos y advirtiendo que el país está preparado ante estas y otras amenazas.

De hecho, algunos datos filtrados revelan que una reunión de Guaidó con sectores de la oposición en la localidad de El Paraíso, el pasado 28 de marzo, fue convocada para informar sobre la “hoja de ruta” en la continuidad del golpismo permanente con el que intentan desgastar al pueblo venezolano sin importarles las consecuencias.

Según Guaidó, la operación planeada –después del fracaso del 23 de febrero pasado de la “invasión” preparada desde Cúcuta, Colombia– comenzaría con una serie de acciones y sabotajes nuevos y “más efectivos” incluyendo la llegada de  especialistas –no vinculados con la oposición– para insertarse en sectores de la población y alentar acciones desestabilizadoras.

Estos “especialistas” a los que se refiere podrían ser los que conformarían “células de libertad” en todo el país, “que se activarían cuando Guaidó lo indique el 6 de abril y se inicien las protestas locales a gran escala”, según informó una nota de Withney Webb en la revista Mint Press New, traducida por Resumen Latinoamericano.

Webb une esta “operación” de Guaidó a un documento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) con la creación de Grupos de Desarrollo de Expedición Rápida (RED), que se “desplegarán como equipos de dos personas y se asignarán a socios ‘no tradicionales’ de la USAID, quienes ejecutarán una combinación de operaciones ofensivas-defensivas y de estabilidad en condiciones extremas”. Estos especialistas serían nada menos que las Fuerzas Especiales de Estados Unidos (Special Forces, SF) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés).

De esta forma Guaidó animó a los asistentes a su reunión, después del fracaso de los ataques contra El Guri, la mayor planta hidroeléctrica del país, prometiendo que la toma del poder era una posibilidad cercana –algo así como el 21 de abril– y que se han preparado acusaciones contra el presidente Maduro, para responsabilizarlo por genocidio.

Ello debido a la “negligencia” para actuar y atribuyendo los cortes de energía eléctrica a la ineficiencia y al descuido gubernamental, responsabilizándolo de causar miles de muertes por hambre o por la falta de atención en los hospitales, y por someter a la población a la falta de luz, de agua, de alimentos, de salud y a gravísimos problemas de seguridad.

Esto recordando que también se han difundido aterradores informes falsos sobre graves violaciones a los derechos humanos por parte de Maduro, que nadie ha podido comprobar, mientras que el propio Guaidó recorre distintos lugares –donde no le fue tan bien porque el pueblo en su mayoría sabe de qué tratan los “golpes democráticos” como el que propone el hombre creado por las fundaciones de la CIA, que además pide una invasión de Estados Unidos–.

Golpismo apoyado por los medios masivos de comunicación del poder hegemónico que están dando una batalla campal y tan criminal como un sabotaje, desinformando, mintiendo y manipulando, bajo órdenes del Pentágono estadunidense, preparando argumentos para nuevas acusaciones del gobierno de Estados Unidos contra las supuestas “dictaduras narcotraficantes”, señalando ahora a los gobiernos de Maduro, Venezuela, y Evo Morales, Bolivia.

Este último país está siendo atacado cotidianamente por los mismos grupos de poder como el lobby cubano-americano que tiene representantes en el Congreso de Estados Unidos, con una historia detrás de terrorismo contra Cuba y América Latina, a los que el gobierno de Trump ha dado un poder que está dando resultados criminales en la región.

Entre estos, y sólo como referencia, podemos citar a los  congresistas Marco Rubio, activo públicamente contra Venezuela, y a Ileana Ros-Lehtinen, que últimamente atacó y acusó a Morales de forma ignominiosa en la Cámara.

Siguiendo con el discurso golpista de Guaidó, quien anunció el incremento de las campañas para acusar a Maduro de entregar el país a los rusos, los chinos y cubanos y con esto armar un juicio popular “por delitos de traición a la patria”, llamando al pueblo venezolano a ocupar las calles y terminar con el gobierno.

Es increíble que el hombre que se autoproclamó presidente de un país como si fuera una novela del surrealismo latinoamericano, obedeciendo órdenes del imperio y trabajando para lograr una invasión externa, hable precisamente de “traición a la patria”.

En su “hoja de ruta”, explicada a los asistentes a la reunión, anunciaba el comienzo de la operación “espada libertadora” en principio con un gran cacerolazo, que serviría como una señal para los militares –que, según su criterio– “están con nosotros” y neutralizarían a los hombres de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para convocarlos a la rendición.

Más o menos como el plan que se había preparado en febrero pasado, que terminó con una derrota asombrosa, debido a la cantidad de dinero gastado en la operación de Cúcuta y de la cantidad de militares que pensaban iban a desertar en masa y no lo hicieron.

Evidentemente Estados Unidos insiste en contar con una oposición política que ya le ha demostrado sus debilidades e “ineficiencia” en las decenas de golpes que se han ensayado en Venezuela desde 2002.

Fue cuando por primera vez en la historia un golpe armado, financiado, asesorado por Washington resultó derrotado en poco más de 48 horas por un pueblo en las calles y fuerzas armadas patrióticas, marcando un hito histórico que sólo logró consolidar la relación pueblo-fuerzas armadas a lo que hoy se añaden más de 2 millones de milicianos, también organización popular. Bien sabe Estados Unidos que no son paramilitares, como los criminales que ellos conocen y utilizan en Colombia.

En su “informe” sobre la nueva operación, Guaidó llamó a los participantes a cargar cantidades gasolina que sería utilizada –no es la primera vez que esto sucede– para incendiar a todo aquello que para los golpistas represente al “régimen”, como denominan al legítimo y constitucional gobierno de Venezuela.

Como objetivos prioritarios estarían las estaciones policiales, centros de salud, edificios y locales del gobierno, no sólo en Caracas sino en todo el país. También acciones contra el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), aislar instalaciones como el Fuerte Tiuna y destruir la termoeléctrica Tacoa, utilizando armamento de guerra especializado.

Para varias de estas acciones, entre ellas los módulos policiales y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) serían atacados con morteros, armas de mayor calibre, granadas y en caso de vehículos y módulos policiales, bombas incendiarias y armas procedentes de Colombia.

En los golpes anteriores ya han existido ejercicios de contrainsurgencia contando con paramilitares colombianos y otro tipo de mercenarios extranjeros, pretendiendo –como también lo han hecho antes– atacar cuarteles importantes y sitios estratégicos. Con toda esa movida, avanzar finalmente y aislar al gobierno sitiando el Palacio de Miraflores.

De acuerdo a la información, Guaidó marcó puntos como la base aérea de Palo Negro, inmovilizando o incendiando los aviones, contando –dijo– con infiltrados allí. Además incendiar el puerto de Vargas, controlar aeropuertos, autopistas y otros similares.

A lo largo del golpismo, continuó, hemos podido observar que en Venezuela se han dado acciones de este tipo que fracasaron, pero produjeron serios daños, incendios de edificios, los cuales especialmente ocurrieron en 2014, ataques a centros de salud, acciones violentas de calles, de francotiradores en el plan llamado “La salida” que encabezó Leopoldo López.

Incluyendo la noche en que ganó Maduro, el 14 de abril de 2013, cuando el perdedor Henrique Capriles Radonski llamó a salir a las calles y sus activistas armados causaron muertes y daños.

Nunca tantos como los sucesos de 2017, con más de un centenar de muertos y cuando los grupos lúmpenes y paramilitares extranjeros quemaron a una decena de personas acusadas de chavistas arrojándoles gasolina e incendiándolos, sin ninguna reacción de los organismos internacionales, que debían hacerlo.

Los atentados terroristas contra las centrales eléctricas venezolanas en el último mes, son los más importantes que se hayan conocido después de los bombardeos que produjeron efectos similares en Irak, Libia, Siria y otros países y son una táctica de la guerra de Baja Intensidad, que se aplica para la asfixia y el desgaste total del gobierno del presidente Maduro y del pueblo venezolano, cuya heroica resistencia resulta intolerable para el decadente imperio.

Es una forma de intervención solapada y encubierta, tema en que es especialista el hombre que Donald Trump puso a cargo de la política con Venezuela, nada menos que Elliott Abrams, figura clave y nefasta en la guerra encubierta de Estados Unidos contra la Nicaragua sandinista en la década de 1980, en un período en que se produjeron atentados y sabotajes tan importantes como el minado de los Puertos en Corinto y otras acciones criminales.

Abrams tiene en su haber crímenes de lesa humanidad en Centroamérica y fue juzgado por el montaje del Irán-contra y el “contra-gate”, violando las propias normas de su país, y por la matanza de más de 600 personas en una aldea de El Salvador, entre otros. Pero no pasó nada, sólo un tiempo en otras actividades no menos lesivas para la humanidad.

La analogía con Nicaragua –y también con Libia y Siria ya en este siglo– es importante ante el heroísmo del pueblo, el gobierno venezolano y las Fuerzas Armadas, que dan lecciones de resistencia patriótica con grandes sacrificios derrotando los planes imperiales y son la esperanza en la lucha de América Latina por su liberación definitiva, mientras que el intento de invasión cada día se hace más difícil para Estados Unidos en su peor laberinto.

Stella Calloni/Prensa Latina

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