México, en el harén de Estados Unidos

México, en el harén de Estados Unidos

La administración federal, lejos de restablecer la soberanía entregada a Estados Unidos por las administraciones panistas, baja la cabeza ante las evidencias del espionaje y la intromisión estadunidenses ejercidas contra México. Servidores públicos no sólo habrían conspirado contra la privacidad de los mexicanos, sino también lo habrían hecho empresas como Telmex, Telcel, Nextel, Telefónica, Unefon, Iusacell, Cisco y Prodigy. ¿Algún día se sabrá de la responsabilidad empresarial y política?

El “diplomático” servilismo con el que los peñistas recibieron a Janet Napolitano, titular del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en pleno escándalo mundial provocado por las denuncias del espionaje que realiza el gobierno estadunidense en un gran número de países, entre ellos México, uno de sus “socios” leales y sumisos hasta la ignominia y ante el cual asumieron la grotesca postura del avestruz –bajar la cabeza a ras del suelo para tratar de pasar desapercibidos– o su complaciente silencio guardado ante el nuevo fracaso de Barack Obama por tratar de impulsar una reforma migratoria, evidencian que la política de los priístas resucitados transita en una aparente paradoja: entre la ratificación de una ruptura y la ausencia de un cambio de fondo que nadie esperaba, dado el perfil del actual grupo gobernante, reduciéndose su ejercicio a una simple alteración mimética en su forma dentro de la continuidad; a una modificación en el estilo de ejercer el poder, que sólo diferencia en los matices a la elite panista y priísta, los cuales a menudo tienden a confundirse.

1. Representa una confirmación. La negación de los viejos genes del “nacionalismo revolucionario” priísta que sellaron la política mexicana y modelaron un estilo de desarrollo hasta la gran crisis económica de 1982. Ese “nacionalismo revolucionario” de la postguerra que se basó en el crecimiento del mercado interno protegido, en beneficio exclusivo de la acumulación de capital de la burguesía local –una parte de ésta germinada en las entrañas de la “modernización” porfirista y otra incubada en el útero de la Revolución Mexicana de 1910-1917 y sus reformas subsecuentes–, amparada y fortalecida por la intervención activa y autoritaria del Estado, y la búsqueda de una autonomía relativa ante el despliegue de los intereses hegemónicos del naciente imperialismo capitalista estadunidense, en el contexto de la bipolaridad de la Guerra Fría, evitando la confrontación en los temas fundamentales para esa nación, pero resaltando su independencia en los secundarios considerados como relevantes para México (Mario Ojeda, Alcances y límites de la política exterior de México, Colegio de México, México, 1976).

2. Constituye una afirmación. La militancia irrestricta en la mutación genética hacia la neoporfirista “modernización” neoliberal. En el nuevo proyecto postrevolucionario impuesto por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, bajo los cánones del Consenso de Washington, y adoptado por los tecnócratas Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, afianzando un mercado completamente abierto e integrado a la globalización financiera-industrial de la hegemonía unipolar estadunidense, donde la nueva oligarquía procreada y en proceso de trasnacionalización comparte la economía con el capital extranjero multinacional, con el cual se asocia y tiende a ser desplazada paulatinamente por éste. En el que el policiaco Estado jibarizado se limita a velar despóticamente esa forma de acumulación y reproducción del capital. En la sustitución del nacionalismo por la subordinación a la estructura económica estadunidense, a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el sometimiento a su seguridad nacional, intereses geopolíticos y nuevos enemigos fabricados con la post-Guerra Fría y desde 2001 (narcotráfico, inseguridad, terrorismo, migraciones, movimientos sociales, reformas económicas y comerciales), como forma de legitimación política y credibilidad internacional, intercambio practicado por Salinas de Gortari.

El rechazo del elusivo concepto de nacionalismo en una realidad plurivalente, como si fuera la peste negra, a favor de un aldeano cosmopolitismo, no sólo contrasta con el acendrado nacionalismo de Estados Unidos, “la esencia de su patriotismo inextricablemente ligado a la idea de que históricamente la razón de ser de su nación es global”, como señalara el ideólogo político neoconservador Robert Kagan, asesor del llamado Baby Bush [George W Bush] y de John McCain. Esa máscara ideológica que históricamente le ha servido para vigilar a su población, perseguir y neutralizar a los adversarios, aplastar a los críticos y disidentes y sojuzgar a las minorías (tal y como hicieron y hacen los priístas de viejo y nuevo cuño). Justificar su autarquía (recuérdese los obstáculos que impone, por encima de los acuerdos internacionales al ingreso de cierto tipo de inversiones productivas foráneas, la compra de empresas o de mercancías y servicios, mientras exige un trato nacional o privilegiado a los suyos al resto del mundo). Exportar sus valores culturales y morales absolutistas, calificados por ellos como superiores y los únicos universalmente válidos (el “absolutismo americano”, como dice el politólogo Louis Hartz en su trabajo La tradición liberal en Estados Unidos). Imponer por cualquier medio su supremacía a escala planetaria (Lorenzo Meyer, La desvanecida ruta de la ambición nacional).

También desentona con el nacionalismo empleado como una fuerza liberadora, cuyos resultados en otras naciones, en materia de soberanía, democracia y desarrollo, ha arrojado mejores resultados que los alcanzados por la opción globalizadora neoliberal adoptada por las elites dominantes mexicanas. Países como China, India, Argentina, Venezuela, Ecuador o Bolivia lo integran a un proyecto nacional que combina un Estado y abandono de parte del modelo neoliberal.

El deterioro de la soberanía nacional observado con la renovación neoliberal de México en la órbita imperial estadunidense –para usar las palabras del maestro José Luis Ceceña– se agravó a partir de 2001. Si los gobiernos de Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo ataron la política de seguridad interna y exterior a los intereses estratégicos de ese país, el proceso se intensificó con Vicente Fox, con su alineamiento a la política internacional del Baby Bush, la emisión de la Ley de Seguridad Nacional, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte (marzo de 2005) o la Iniciativa Mérida, que cede espacio a la intervención estadunidense ante problemas como el del terrorismo o el narcotráfico.

Sin embargo, fue Felipe Calderón, urgido de legitimidad y respaldo externo por haber llegado al gobierno a través del golpismo “técnico” (igual que Salinas), quien abrió las puertas, de manera cínica o soterrada, con la complicidad del Congreso de la Unión dominado por priístas y panistas, a la intervención descarada de los estadunidenses. Sus programas de seguridad pública y nacional, que privilegiaron un estado de excepción anticonstitucional para su “guerra” en contra del narcotráfico, antes que la prevención en el consumo, el terrorismo gubernamental –sin desdeñar, desde luego, otros problemas como la vigilancia y la contención de la oposición de izquierda, la guerrilla–, y que requiere de la asesoría, la capacitación policiaca-militar, la modernización de armamento de los aparatos represivos del Estado y el financiamiento, facilitan la presencia de los “vecinos” del Norte en territorio nacional, las actividades coordinadas o sus acciones en apariencia unilaterales (por ejemplo en la detención de algunos narcotraficantes o la fracasada operación Rápido y Furioso, donde los aparatos de seguridad mexicanos parecen fuerzas subordinadas, formalizadas con la Iniciativa Mérida y otros acuerdos negociados).

En ese sentido, el escándalo relacionado con el espionaje que realizan las agencias de inteligencia de Estados Unidos en México, con la anuencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial mexicanos, y apoyados por las dependencias oficiales como la Policía Federal, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Procuraduría General de la República o el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, entre otros, sólo testimonian parcialmente la magnitud de la intervención y la cínica violación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Es cierto que dicha práctica y otras son milenarias y permanentes en el caso de Estados Unidos que, de esa manera, vela por sus intereses globales, económicos, políticos, diplomáticos y militares. También lo es el hecho de que no es nueva en nuestro país.

Actualmente se sabe, por ejemplo, que la Agencia Central de Inteligencia estadunidense (CIA, por su sigla en inglés) llegó para quedarse en México desde 1951. Que en el país estableció una de sus bases de operaciones más importantes por medio de la cual extendía sus tentáculos hacia otros países latinoamericanos a los que vigilaba (por ejemplo, con el apoyo del gobierno local y la entonces empresa Teléfonos de México, instalaron un sistema de espionaje en la Embajada de Cuba), desestabilizaba y participaba en sangrientos golpes de Estado. Que incluyó en su nómina a políticos mexicanos, todo en aras de contener la expansión del comunismo, supuestamente. También se ha develado que los expresidentes Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría fueron algunos de sus agentes, con sus conocidas claves de Litensor, Litempo-8 y Litempo-14, respectivamente, tal y como han documentado trabajos como Nuestro hombre en México, de Jefferson Morley; La historia oculta de la CIA, de Winston Scott; El diario de la CIA, de Philip Agee; La CIA en México, de Manuel Buendía o los documentos desclasificados del archivo de seguridad nacional estadunidense (www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB204/index2.htm).

Pero ahora la injerencia es de otra naturaleza e involucra a individuos como Vicente Fox, Felipe Calderón, Eduardo Medina Mora, Genaro García Luna, Daniel Cabeza de Vaca, Francisco Javier Ramírez Acuña, el fallecido Juan Camilo Mouriño, Fernando Gómez-Mont, Francisco Blake Mora (también fallecido), Patricia Espinosa Cantellano, Guillermo Galván Galván, Mariano Francisco Saynez Mendoza, Alejandro Poiré Romero, Arturo Chávez Chávez o Marisela Morales Ibáñez, quienes de una u otra manera compartieron las responsabilidades de la seguridad interna y nacional del país. En diversos grados, ellos saben los detalles de la presencia de las agencias estadunidenses, las conocidas y las desconocidas. Difícilmente puede pensarse que no supieran de la red de espionaje construida en México y cómo funciona (internet, telefonía y otros medios), porque desde diciembre de 2005, antes de la negociaciones de la Iniciativa Mérida, ya se sabía de que se licitarían equipos para “interceptar, analizar y usar la información captada de todo tipo de sistemas de comunicación que operan en México”.

Lo extraño, en todo caso, es que no compartieran la información obtenida. Las frecuentes filtraciones empleadas para denostar a diversos políticos pueden ser originadas de esas operaciones. Sin embargo, también es posible que se deba a la vigilancia que lleva a cabo el gobierno mexicano por su libre iniciativa. En nombre de la seguridad interna, la estabilidad y la gobernabilidad.

Posiblemente esa responsabilidad sea compartida por Teléfonos de México, Telcel, Nextel, Telefónica, Unefon, Iusacell, Cisco y Prodigy, empresas a las que alguna vez García Luna les propuso la realización del espionaje.

Es obvio que en un país donde impere el estado de derecho más de uno de los individuos señalados ya hubiera sido investigado por esas prácticas y otras delincuenciales. Pero en México, donde está ausente el imperio de las leyes, deambulan como respetables políticos.

También es evidente que ante esos sucesos, los peñistas sufrieran una histriónica demencia. En nombre, desde luego, de la misma seguridad interna y nacional, la estabilidad política y la gobernabilidad. Difícilmente podría esperarse de él una reacción similar a la de Evo Morales, presidente de Bolivia; Cristina Fernández, presidenta de Argentina; Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, o Rafael Correa, presidente de Ecuador. O al menos parecida al cinismo de la alemana Ángela Merkel.

Enrique Peña Nieto se limitó a decir que la mera “posibilidad” del espionaje sería “inaceptable” mientras promovía en California la subasta de las riquezas mexicanas. La Procuraduría General de la República y la Secretaría de Relaciones Exteriores se dicen sorprendidos y emulan al avestruz. Miguel Ángel Osorio Chong trabaja como tapadera. A la pregunta formulada a Janet Napolitano, relativa a cómo afecta el espionaje a la relación bilateral, el palafrenero Osorio respondió: ‘‘la relación está basada en la confianza, en la colaboración institucional con los países amigos, en el diálogo”.

Al cabo, el gobierno peñista se beneficiará de la intervención y de la infraestructura de espionaje montada por los estadunidenses. Quizá sólo modificará el estilo de la “cooperación”.

No sólo eso. Como señalara el periodista Jenaro Villamil, Peña Nieto ya diseña su propio Big Data: su servicio de manejo, procesamiento de datos y nuevas tecnologías de la información y comunicación, actividad que recaerá en Alejandra Lagunes, exdirectiva de Google y de Televisa, y cuyo costo estimado, sin considerar la corrupción, es al menos de 100 millones de dólares anuales, y en la que participan tres grandes empresas de manejo y procesamiento de datos digitales: EMC Computer Systems, Kio Network y la gigante trasnacional Google Inc.

 

Enrique Peña Nieto no sólo no ha hecho el intento por restaurar la soberanía perdida. Además, trabaja como cabeza de playa en el redespliegue hegemónico estadunidense en América Latina. Del brazo de otros miembros del harén estadunidense, Chile, Colombia, Perú, Honduras, Costa Rica, Panamá y Guatemala, forman la Alianza del Pacífico, en oposición a China, que busca ampliar su presencia en la región, y al Mercado Común del Sur, la Unión de Naciones Suramericanas y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Actúa como mercenario en contra de los gobiernos progresistas que aspiran a superar la condición neocolonial que se les “ofrece”.

*Economista

 

 

Textos relacionados:

 

 

Fuente: Contralínea 347 / agosto 2013

 

 

Lo más leído

Talleres Gráficos, alternativa frente al ‘coyotaje’ en papelería electoral: presidenta

El gobierno federal fortalecerá Talleres Gráficos de México para que produzca la mayor parte de la papelería electoral y reducir la dependencia de empresas privadas –identificadas como ‘coyotes’ por ser sólo intermediarias–, que han concentrado durante años los contratos en el Instituto Nacional Electoral (INE) y en los organismos públicos locales electorales (OPLES), indicó a lo largo de esta semana la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La propuesta de robustecer e incluso transformar a empresa estatal a TGM ocurre en medio de las investigaciones por presuntas irregularidades en las contrataciones del Instituto durante la gestión de Guadalupe Taddei, y de los antecedentes de proveedores que participan en este mercado desde por lo menos 1999

Saber más »
Destacada

FGR debe superar dificultades jurídicas en acusación contra exfiscal Jáuregui: Oliva Posada

La acusación por traición a la patria contra el exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, abre un debate jurídico sobre la participación ilegal de agentes estadunidenses –en ese caso, de la CIA– en territorio mexicano. El especialista en seguridad nacional, Javier Oliva Posada, advierte que la FGR debe demostrar cómo los hechos atribuidos al exfuncionario encuadran en ese delito, cuya aplicación plantea dificultades jurídicas y posibles implicaciones políticas

Saber más »
Destacada

ASF debe auditar exhaustivamente al INE e incluir gestión de Córdova: Sheinbaum

La solicitud a la Auditoría Superior de la Federación es que se audite de forma exhaustiva al Instituto Nacional Electoral y que se transparenten todos los contratos que involucran a las empresas Cajas Graf, Formas Finas y Materiales, Corporativo Zeg y Comercializadora JVLY, tanto en el periodo de Guadalupe Taddei como previamente, señaló esta mañana la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Ello, porque durante la gestión de Lorenzo Córdova Vianello esos proveedores implicados en presunta corrupción también obtuvieron contratos.

Saber más »
Destacada

Renuncia de Guadalupe Taddei llega a San Lázaro; diputados alistan relevo

La renuncia de Guadalupe Taddei Zavala a la presidencia del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), con efectos inmediatos, fue recibida por la Cámara de Diputados y turnada a la Junta de Coordinación Política (Jucopo) para iniciar el proceso de designación de su relevo, informó el presidente de la Mesa Directiva, Raúl Bolaños-Cacho Cué.

Saber más »
Destacada

Taddei renuncia al INE en medio de acusaciones e indagatorias por corrupción

En un mensaje escrito, la aún consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei, anunció que este lunes 26 de octubre presentará su renuncia ante la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en medio de acusaciones e investigaciones por casos de presunta corrupción en su gestión. “Esta decisión responde a mi convicción de que proteger al Instituto y permitir que continúe cumpliendo su misión constitucional, debe estar siempre por encima de cualquier interés coyuntural o personal”.

Saber más »
Destacada

Estructura del INE opera para el partido de derecha Somos

Militantes y consejeros del partido Somos mantienen un vínculo estrecho con funcionarios del INE que operan áreas estratégicas –incluido el manejo del padrón electoral–. Por el fenómeno conocido como “puerta giratoria”, esos nexos implican acceso a información privilegiada y sensible. En las filas del partido no sólo están exconsejeros electorales –como Lorenzo Córdova, Valdés Zurita, Marco Antonio Baños, Rodrigo Morales y José Woldenberg–, sino más de 10 exdirectivos del organismo autónomo. Entre estos últimos destacan: Edmundo Jacobo, René Miranda Jaimes, César Ledesma Ugalde, Carlos Ferrer Silva, Ana Laura Martínez de Lara. Además, en su Consejo Consultivo Ciudadano figuran los exministros de la Suprema Corte: José Ramón Cossío, Margarita Ríos Farjat y Javier Laynez Potisek; el exsecretario de Fox, Jorge Castañeda; comunicadores –incluidos los que comandan la campaña de “narcopolíticos de Morena”; una de las madres buscadoras de desaparecidos más activa en las campañas contra la 4T; y la presidenta de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y socia del empresario Claudio X, María Amparo Casar

Saber más »
La deuda de Chihuahua mostró una tendencia creciente, al pasar de 41mil 894.3mdp en 2014 a 51mil 477.9mdp al tercer trimestre de 2023
Destacada

Maru Campos acusó al exfiscal Jáuregui del ingreso de la CIA y de corrupción: Sheinbaum

La gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, acusó ante la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al exfiscal general del estado, César Jáuregui Moreno, como el único responsable del ingreso de cuatro agentes de la CIA a ese estado sin autorización. En la reunión que sostuvieron brevemente el 19 de septiembre pasado, la panista también señaló a su excolaborados por presuntos actos de corrupción, entre ellos la operación de casinos, reveló la primera mandataria durante su conferencia matutina.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo