Opinión

Columna

Hacia un Estado policiaco

Los constituyentes de 1917 querían que la sociedad mexicana no volviera a padecer un régimen policiaco como el de Santa Anna o Porfirio Díaz. Lejos se quedaron de realmente evitarlo (como lejos se quedaron en muchos otros de sus ideales). Con todo, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos sí recogió varias de las demandas de justicia social. Y desde Manuel Ávila Camacho hasta Peña Nieto los sucesivos gobiernos sexenales han venido desmontando todo ese entramado jurídico que, al menos en el papel, promovía las garantías individuales, las propiedades colectivas y nacionales y el acceso universal a los derechos básicos: salud, educación, vivienda y trabajo. Hoy todo se ha dejado al mercado y libre comercio. Ahora no son derechos sino, simple y cínicamente, negocios. Y pues que cada quien tenga la salud, por ejemplo, que se pueda comprar.

Agenda de la corrupción

¿Se acabó la guerrilla en México?

En el 22 aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), los subcomandantes insurgentes Moisés y Galeano (en voz del primero) aseguraron que no depondrán las armas. “…Tenemos a un lado nuestras armas, no las dejaremos, estarán con nosotros hasta el final”, señala el comunicado Palabras del EZLN en el 22 aniversario del inicio de la guerra contra el olvido, del 1 de enero de 2016.

Artículo

Cierra 2015 con derrotas electorales en América Latina

Tras década y media de gobiernos que trabajan por y para la gente, reducen la pobreza y empiezan a dejar atrás la América Latina sojuzgada por oligarquías, algunos han sido vencidos en recientes elecciones.

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La maldición de Siria

Si Siria estuviera enclavada en un lejano y desconocido punto estéril de cualquier océano por donde ni los barcos crucen, seguramente sus ciudades y campos estuvieran intactos y su gente viviría feliz con su multiplicidad de tendencias religiosas, sin éxodo ni llantos, ni el luto que arrastra.

Artículo

Unión Europea, incoherente política exterior

Roma, Italia. La terrible crisis que sacude a Oriente Medio y atemoriza a más de medio mundo es ciertamente un desafío para Occidente, que sin embargo responde en orden disperso. Esto se debe, por un lado, a análisis divergentes y, por el otro, a intereses contrapuestos.