En 2025, el analfabetismo en México se ubicó en el 3.8 por ciento de la población, 0.3 puntos porcentuales menos que en octubre de 2024. Con ello, se rompió la barrera del 4 por ciento. No obstante, aún no se ha abatido el rezago educativo: alrededor de la mitad de la población mexicana no tiene los estudios que debería según su edad, indica Armando Contreras, director del INEA

El analfabetismo en México continúa a la baja y 2025 dejó una marca sin precedentes: sólo el 3.8 por ciento de la población de 15 años en adelante está en condición de analfabeta. El país logró bajar la barrera de los 4 puntos porcentuales, equivalentes a 3 millones 850 mil personas aproximadamente, explica a Contralínea Armando Contreras Castillo, director del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).
Cuando asumió la dirección del Instituto –en octubre de 2024–, el porcentaje de población analfabeta era de 4.1 por ciento. En un principio, se plantearon bajar en 0.4 puntos porcentuales la cifra que recibieron y, pese a que faltó un poco, en el INEA celebran el avance alcanzado.
Vestida de suéter y pants color rosa mexicano, similar al de sus paredes, Guadalupe Luna sostiene orgullosamente los documentos que acreditan su estancia en la escuela primaria Salvador Novo, en Iztapalapa. A sus 76 años, decidió volver a las aulas, aquellas que dejó hace más de 60 años, cuando no encontró sentido a las clases y dejó de lado los estudios.
Recuerda las palabras de su papá, quien la motivaba −y a sus hermanos− a continuar en la escuela. Le decía que en un futuro podría arrepentirse y, en efecto, confiesa sentirse así en esta etapa de su vida. Pero ello también influyó para inscribirse en la primaria tan pronto una conocida la invitó. “Ahorita vamos a hacer un año que apenas nos apuntamos. Vamos aquí en Iztapalapa y pues me ha gustado y le seguimos”, cuenta en entrevista para Contralínea.
Sabe que tiene una foto de su anterior tiempo en las aulas y enseguida la busca entre sus cosas. Un pequeño marco de madera oscura porta una imagen a blanco y negro. Dos jóvenes con vestidos y zapatos claros flaquean a un hombre con traje negro: son Lupita y su hermana junto al profesor de primaria durante su graduación, cuando tenían 14 años.
Lo único que le gustaba de asistir era el desayuno que les brindaban; pero ahora, ya con arrugas en el cuerpo, problemas de salud y dificultad para caminar, le encanta la escuela. Eso sí, la escritura y las matemáticas no son su fuerte, siempre se le han complicado, aunque el profesor que le enseña ahora es muy “consciente” y comprensivo con su aprendizaje, contrario a los anteriores que les daban “coscorrones”.
La señora Guadalupe es una de las personas que integran los programas gubernamentales de enseñanza a quienes todavía no cursan el grado escolar que naturalmente les correspondería, uno de los grandes problemas y pendientes en México.
De acuerdo con el director de INEA, las últimas cifras arrojan que alrededor de la mitad de la población mexicana se encuentra en rezago educativo. Los números se dividen así: 3 millones 850 mil que no saben leer ni escribir, más 7 millones 300 mil con la primaria inconclusa, 15 millones 500 mil sin estudios de secundaria, y 26 millones que deben el bachillerato. Es decir, 52 millones 650 mil habitantes.
El INEA solo atiende hasta el nivel secundaria. En 2025 ayudaron a que 509 mil 617 personas terminaran algún grado académico, 186 mil 725 la primaria y 322 mil 892 la secundaria. No obstante, la institución tiene una capacidad máxima de educar solamente a 700 mil alumnos por año.
Dificultades de la alfabetización
Alfabetizar a 250 mil personas –de los 4 millones 90 mil que estaban en esa situación a nivel nacional– no fue fácil. “La realidad nos hizo entender que era complicado avanzar en el proceso de alfabetización”, indica Contreras Castillo.
Como ejemplo de la complejidad que se enfrenta, narra que, en julio de 2025, las y los 40 mil alfabetizadores del INEA tuvieron la misión de visitar a 200 mil personas que no saben leer ni escribir en el país. Y una de las dificultades más grandes a las que se enfrentaron es convencerlos de estudiar. “El resultado fue que solamente pudimos convencer a 12 mil”, es decir, el 6 por ciento del universo objetivo.
Contreras Castillo detalla que esta negativa se debe sobre todo a condiciones de salud, pero también sociales y económicas. Agrega que las personas que rechazan estudiar “tienen dificultades de salud, les duelen sus pies, su estómago, su cabeza, no pueden ver, no oyen, tienen hipertensión, diabetes, están en cama. Entonces el tema de alfabetización tiene una prioridad secundaria, terciaria o más abajo, incluso, en su vida”.
Además, muchas de estas personas están en movilidad constante, viajan para trabajar a otro lado o regresan a sus comunidades de origen en tiempos de cosecha y siembra para tratar las tierras, o van al ramo de la construcción.

Compartir la palabra
“La alfabetización empodera a las personas y mejora la vida al ampliar sus capacidades”, a la vez que ayuda a reducir la pobreza y mejorar la salud y desarrollo de las personas, afirma la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En el caso particular de las mujeres: “tienen mayores opciones de vida para sí mismas y una repercusión inmediata en la salud y la educación de sus familias y, en particular, en la educación de las niñas”.
Tan sólo en 2025, a partir de la Estrategia Nacional de Alfabetización para el Bienestar Compartido, se alfabetizaron 189 mil 874 personas mexicanas, otra cifra sin precedentes, de la cual el 40 por ciento −aproximadamente 75 mil 950− se ubica en Chiapas.
Lo conseguido en 2025 no tiene un número cercano en años anteriores: de acuerdo con el director del INEA, en 2020 –año azotado por la pandemia de Covid-19– fueron alfabetizadas 22 mil 527 personas. Esta estadística subió más del doble en 2021, cuando 48 mil 90 aprendieron a leer y escribir. No obstante, bajó en 2022, a 46 mil 739 personas; y continuó en decrecimiento en 2023, con la alfabetización de 35 mil 270 personas. Y en 2024, a 33 mil 672 mexicanas y mexicanos fueron alfabetizados.
En total, en el sexenio pasado se alfabetizaron a 186 mil 298 personas; es decir, la suma del lustro anterior fue menor que lo conseguido solamente en 2025. Para 2026, las autoridades gubernamentales se proponen que al menos 200 mil mexicanas y mexicanos salgan del analfabetismo en un periodo de ocho o nueve meses; y así, bajar los índices hasta un 3.5 o 3.4 por ciento, “para que [el analfabetismo] sea ya una cifra irreversible”. Además, para continuar a otros esquemas, como la alfabetización digital, propone Contreras.
La meta del gobierno federal se impulsa también desde la SEP. En el Senado de la República, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, afirmó el 11 de noviembre de 2025: “en 2026 se logrará erradicar el analfabetismo en nuestro país”. Ello, de acuerdo con la metodología de Unesco, organización internacional que, de manera simbólica, iza la “bandera blanca” en aquellos países con una población analfabeta por debajo de 4 puntos porcentuales.

Un siglo después, se puede alcanzar la meta
El analfabetismo se presenta en “una persona de 15 años y más [que] no pueda leer ni escribir un mensaje corto. Esto puede dificultar la adquisición de nuevos conocimientos y limitar su desarrollo”, expone el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Por su parte, la Unesco establece que “la alfabetización no sólo es la oralización de un texto, trazar letras o frases, sino también la comprensión de ideas y los cálculos matemáticos. Es un proceso continuo de aprendizaje y conocimiento a lo largo de la vida y forma parte de un conjunto más amplio de competencias”.
En México se trata de dar la estocada final a una problemática que se acentuó en la población del siglo XX, con la lucha armada que llevó a la Revolución, cuando más del 50 por ciento de la población se encontraba en esta condición, de acuerdo con una publicación del Archivo General de la Nación (AGN) el 25 de abril de 2022.
La institución encargada de preservar los documentos históricos del país narra que fue la Universidad Nacional de México, actual UNAM, la que empezó campañas de alfabetización en 1921. Después fueron tuteladas por la Secretaría de Educación Pública (SEP) al mando de José Vasconcelos, pero quedaron inconclusas tras la salida del secretario en 1924 y la poca importancia que le dio el gobierno de Plutarco Elías Calles.
Fue hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas y las siguientes administraciones federales que renacieron las campañas, junto con diferentes dependencias encargadas de estas tareas, aunque los censos todavía arrojaban datos negativos.
No obstante, en los últimos 50 años se refleja una disminución significativa del analfabetismo en México. Según datos de Inegi, en 1970 el 26 por ciento de la población mexicana de 15 años o más era analfabeta, equivalente a 6 millones 740 mil de los 25 millones 930 mil en ese rango de edad.
Luego de 20 años, en 1990 la prevalencia del analfabetismo se redujo más de la mitad, se ubicaba en 12 por ciento, o 5 millones 950 mil, de las 49 millones 610 mil personas en este grupo. No obstante, a pesar de que el porcentaje se mantuvo a la baja en el 2000, con 10 por ciento, el número de personas analfabetas subió a 6 millones 410 mil de los 64 millones 140 mil, de 15 años o más.
Para 2010, la población total analfabeta volvió a disminuir al ubicarse en 5 millones 580 mil personas y 7 por ciento, respectivamente; un número que siguió esta tendencia durante 10 años. Para 2020, el 5 por ciento representaba 4 millones 450 mil personas de 15 años en adelante.

En 2020, los datos de Inegi muestran que 2 millones 677 mil 192 personas con analfabetismo eran mujeres y 1 millón 799 mil 239 hombres. Por edades, la mayor parte se ubicaba entre los 60 y 74 años con 1 millón 343 mil 543 personas; seguido del grupo de entre 45 a 59 años, 1 millón 63 mil 786; y de 75 años en adelante, 1 millón 48 mil 266. El grupo poblacional de 15 a 29 años es el que menos presenta esta problemática, con 318 mil 755.
Además, el director de INEA ubica los problemas de educación por regiones: en el sur del país predomina el analfabetismo y el rezago en el nivel primaria; en el centro y norte del territorio los rezagos ocurren en secundaria y bachillerato. En 2020, nueve de las 32 entidades de la República tenían una prevalencia de gente sin saber leer ni escribir por encima de la media nacional.
En el mismo año, al sur de México era donde se encontraban tres estados con dos dígitos en el porcentaje de analfabetismo: Chiapas con 14, Guerrero con 13 y Oaxaca con 12 por ciento. Al contrario, en la capital del país solo el 1 por ciento de sus habitantes vivía en esta situación. No obstante, para 2025, sólo Guerrero tiene dos dígitos con población analfabeta, de acuerdo con la actualización de datos que Contreras Castillo menciona a Contralínea.
Para la cruzada de alfabetización que se propone el INEA, este año contará con un presupuesto de 1 mil 757 millones 666 mil 754 pesos, que a su vez significa una disminución de 105 millones 536 mil 830 pesos respecto al dinero recibido en 2025: 1 mil 863 millones 203 mil 584 pesos, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026.
Desde la autorreflexión, las autoridades del INEA son conscientes de esta titánica tarea no se logrará sin el apoyo de otras instituciones. Armando Contreras precisa que se necesitarían 30 años para combatir el rezago educativo, y eso, hasta la secundaria. Por lo que es un tema que deberán atender los tres niveles de gobierno.

Pero no sólo son las personas que no pudieron estudiar. Según un informe de 2024 de la Unesco junto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Mancomunidad de Naciones, el 44 por ciento de las niñas y los niños mexicanos menores de 15 años dentro y fuera de la escuela, contaban apenas con habilidades básicas luego de sus estudios.




















