EU busca controlar estrecho de Ormuz para hacer frente a China

EU busca controlar estrecho de Ormuz para hacer frente a China

Foto: White House

La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 y la Estrategia de Defensa Nacional de 2026 de Estados Unidos muestran una consistente política exterior de Donald Trump, en la que intentan controlar países y puntos geopolíticos relevantes, como el estrecho de Ormuz, para hacer frente a “enemigos” de su seguridad nacional como, China, Rusia e Irán. El cierre de Ormuz afecta a los países de los BRICS+. El ataque a Venezuela fue quizá un punto de inflexión que comenzó un nuevo momento histórico

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán tiene por objetivo controlar el estrecho de Ormuz, donde pasa el 20 por ciento del petróleo mundial. 

Desde el 3 de enero de 2026, el gobierno de Donald Trump dejó claro que haría movimientos militares “necesarios” para intentar “ajustar” a los países latinoamericanos y caribeños a su lógica de seguridad nacional, como sucedió con el ataque contra Venezuela. Más de un mes y medio después, comenzaron los ataques estadunidenses e israelíes contra Irán. Israel e Irán son territorios petroleros, con potencial mineral, cercanos a China y alejados de la geopolítica estadunidense.

No es una locura del presidente Trump: los ataques son consistentes con una geopolítica estadunidense que intenta controlar la energía para reponer la pérdida de hegemonía. Se suma la posibilidad de controlar los minerales considerados críticos por su industria, en la que pretende incorporar a 55 países a una nueva cadena global de valor de estos recursos. 

Entre los países está México que aún no firma nada, aseguró la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y, tras la reciente reunión entre la presidenta encargada Delcy Rodríguez con el titular del Consejo de Dominio Energético y secretario del Departamento del Interior de los Estados Unidos, Doug Burgum, veremos los términos en los que se establece el marco de diálogo para fortalecer el intercambio energético y minero.

En geopolítica es común recuperar los textos y la visión clásica de autores como Halford MacKinder: “quien controle Eurasia, controlará el mundo”. Sin embargo, encontramos que Nicholas Spykman, desde la noción de hinterland de MacKinder, consideraba que las regiones periféricas son las zonas más cruciales para el dominio mundial: “quien controle el denominado rimland, controlará Eurasia y, por lo tanto, el mundo”.

El estrecho de Ormuz es uno de los aspectos geopolíticos importantes al analizar Irán, país que además posee la segunda reserva de gas y la cuarta de petróleo, y es el tercer productor de gas seco, solo por debajo de Estados Unidos y Rusia. 

Ormuz en sí mismo es relevante, pues por ahí pasa el 20 por ciento del petróleo del mundo. Cualquier cierre tiene implicaciones globales, como el incremento en los precios de la sustancia y del gas o, incluso, aumenta el costo de varias mercancías si la obstrucción se prolonga.

Mapa 1. Estrecho de Ormuz y bypass al mar rojo

La Estrategia de Defensa Nacional de 2026 (EDN 2026) del gobierno de Trump destaca a China como el principal enemigo a la seguridad nacional, y para Estados Unidos es estratégico el control del Indo-pacífico, pues llegará a representar más de la mitad de la economía mundial. 

Como reconoce expresamente el gobierno en la EDN 2026: “Si China –o cualquier otro país, en realidad– dominara esta amplia y crucial región, podría vetar eficazmente el acceso de los estadunidenses al centro de gravedad económico mundial, con consecuencias duraderas para las perspectivas económicas de nuestra nación, incluida nuestra capacidad de reindustrialización”.

Y es que la EDN 2026 es complementaria a la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 (ESN 2025), en la que se menciona que lo que quieren es “impedir que una potencia adversaria domine el Medio Oriente, sus suministros de petróleo y gas y los puntos de estrangulamiento por donde pasan, al tiempo que evitamos las “guerras eternas” que nos empantanaron en esa región a un gran costo”. Claramente se refieren a China, como veremos más adelante, y desde luego, a Irán.

El control de los bordes de Eurasia, como mencionó Spykman en 1907, sigue presente en el gobierno de Trump, y se nota en la EDN 2026. Dicho documento dice textualmente que “las alianzas y asociaciones de Estados Unidos forman un perímetro defensivo alrededor de Eurasia. Estas relaciones no solo ofrecen una geografía favorable, sino que también incluyen a muchas de las naciones más ricas del mundo”.

China, los BRICS y Medio Oriente

En los últimos años, China estableció –mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y con la expansión de los BRICS+– una clara vía comercial y geoeconómica hacia Eurasia y Medio Oriente. La extensión de los BRICS+ es muestra de ello, pues agregaron a Irán, Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Entre los principales países a los que exporta China están Estados Unidos, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, Vietnam y, como región, América Latina representa el 7.1 por ciento de las exportaciones totales de China, según datos del Centro de Estudios China-México.

Los BRICS+ hacen frente al G7, otro esquema de integración occidental mayoritario conformado por EU, Japón, Francia, Alemania, Canadá, Gran Bretaña e Italia.

Esta alianza, integrada inicialmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, es una potencia energética y mineral. Sus miembros poseen casi el 100 por ciento de la producción mundial de galio y el 70 por ciento de las tierras raras, grafito y hierro. Tienen entre un 50 y 70 por ciento de plomo, acero, aluminio y bauxita, y poco menos del 50 por ciento de cobalto, manganeso, níquel, cobre, litio, oro y zinc. 

Además, concentran cerca del 40 por ciento de la producción mundial de petróleo y poco más del 23 por ciento de sus reservas; así como el 20 por ciento de la producción de gas, y casi el 50 por ciento de sus reservas globales, según indican los datos a 2022 del BP Statistical Review of World Energy.

Como es sabido, Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, y aunque falta aún la certificación, podría ser la cuarta reserva de gas mundial. Después del país sudamericano están los de Medio Oriente: Arabia Saudita, Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Después están Rusia, Estados Unidos, Libia y Nigeria.

La pregunta es: ¿a quiénes afecta más el cierre del estrecho de Ormuz? A todo el mundo, si se considera que por ahí pasa 1 de cada 5 barriles del petróleo global. Sin embargo, hay algunos países más afectados que otros.

Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos en 2024, los países que más envían petróleo por el estrecho son Arabia Saudita (38.3 por ciento), Emiratos Árabes Unidos (13.2 por ciento), Iraq (22.5 por ciento), Kuwait, Qatar y, en último lugar, Irán. En cambio, los principales destinos del petróleo que sale por Ormuz son China (33.4 por ciento), India (13.2 por ciento), Corea del Sur (12.1 por ciento), Japón (10.6 por ciento) y, en menor medida, países europeos y Estados Unidos.

A partir de estas cifras, el cierre del estrecho de Ormuz afectará a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos como productores, y a China, India y Japón como consumidores. De estos países, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, India, China e Irán son miembros de BRICS+.

Gráfica 1. Volumen de petróleo crudo y condensados transportados por el Estrecho de Ormuz

En 2023 se publicó en el Boletín Nuestra América XXI en su número 85 el texto Energía y reposicionamiento estratégico de EE.UU. En aquel año, mencioné como hipótesis que estaba en curso la disputa global por estrechos y pasos interoceánicos. En 2026 se mantiene, y además de Ormuz, el otro que será más relevante es el de Malaca, vital para China particularmente. 

Como se muestra en el cuadro siguiente, Ormuz y Malaca son las principales arterias marítimas del flujo de petróleo y derivados. Ambos representan 4 de cada 10 barriles suministrados a nivel mundial, así como el 54 por ciento del comercio marítimo de petróleo y derivados.

Volumen de petróleo crudo y líquidos de petróleo transportados a través de los puntos de estrangulamiento mundiales

Disuasión integrada, estrategia contra China

Estados Unidos dejará de apuntalar al mundo como atlas, así concluye la ESN 2025. Por ello, el país ha instado a sus aliados a asumir más cargas en materia de defensa, y con ello, aumentar todavía más el presupuesto militar. Desde 2022, hemos sido testigos del incremento sostenido del recurso militar de la OTAN, al pasar de menos del 2 por ciento del PIB al 4 por ciento. 

Las beneficiarias son Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics, las mismas que sacan provecho de la guerra en Ucrania, el genocidio en Gaza y la guerra en Irán.

En la EDN 2026, el gobierno de Trump delinea ya un escenario a futuro: “En conjunto, nuestra red de alianzas es mucho más rica que la de todos nuestros posibles adversarios juntos. Como resultado, si nuestros aliados y socios invierten adecuadamente en sus defensas, de acuerdo con el nuevo estándar global establecido en la Cumbre de La Haya, juntos podemos generar fuerzas más que suficientes para disuadir a posibles oponentes, incluso si actúan simultáneamente”.

Y es que la disuasión es uno de los conceptos principales de la estrategia de defensa estadunidense. En 2024, el jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Aérea, general Charles Quinton Brown Jr., incorporó el concepto de ‘disuasión integrada’ como elemento para enfrentar desafíos en un entorno cada vez más complejo. 

Dicho de otra manera, la disuasión integrada busca alterar el equilibrio de poder internacional –sea por vías militares convencionales y no convencionales, nucleares, con operaciones en el ciberespacio–, con el establecimiento de dominio informativo y la creación de alianzas con socios internacionales, al combinar elementos diplomáticos, de inteligencia y sanciones económicas. Esto implica un enfoque holístico para hacer frente a las amenazas, las cuales van desde China, el narcotráfico, el terrorismo e incluso la migración, como se estableció en la EDN 2026.

Aníbal García Fernández*

*Doctor, magister y licenciado en estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es miembro de los Grupos de Trabajo de CLACSO “Crisis y economía mundial” y “Violencias en Centroamérica”. Sus principales líneas de estudio son la Guerra Fría Interamericana, geopolítica energética, dependencia e integración latinoamericana, militarismo y relaciones económicas entre Estados Unidos y América Latina.

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