La capacidad del océano para absorber dióxido de carbono (CO2) disminuyó cerca del 6 por ciento por el calentamiento global, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Si pierde esa capacidad, una mayor parte del CO2 permanece en la atmósfera, lo que alimenta aún más el calentamiento global, subrayó el informe. El documento explicó que el océano absorbe alrededor del 30 por ciento de las emisiones de CO2 de origen humano y 90 por ciento del exceso de calor que atrapan los gases de efecto invernadero.
La reducción del servicio ambiental del océano se debió al aumento de las temperaturas y a los cambios en la química, la circulación y los ecosistemas marinos. Sara Traerup, autora principal del documento, advirtió que esa tendencia “puede muy probablemente acelerarse” en un futuro próximo.
“Durante mucho tiempo, el océano nos ha prestado un servicio inmenso en materia de clima, pero ese servicio está sometido a una presión creciente”, declaró Traerup a Noticias ONU.
El informe señaló que la falta de datos fiables constituye uno de los principales obstáculos para gestionar mejor el carbono oceánico. Esta carencia se presenta sobre todo en los océanos Austral, Índico y Ártico, así como en numerosas zonas costeras.
Por tanto, recomendó reforzar el conocimiento con ciencia, tecnologías, datos y saberes locales para entender cómo funcionan estos sistemas y preservar su capacidad de almacenar carbono. “En la actualidad no disponemos de información completa sobre el océano, y lo que no conocemos no podemos gestionarlo ni protegerlo”, explicó la autora principal.
Además, evidenció la diferencia de responsabilidades en este problema: los pequeños Estados insulares en desarrollo son responsables de menos del 1 por ciento de las emisiones mundiales, pero están “en primera línea frente a los impactos sobre los océanos y el clima”, puntualizó la investigadora.
Por ello, el informe enumeró una serie de medidas para combatir este fenómeno: facilitar el financiamiento, transferir tecnología y fortalecer capacidades. Por ejemplo, Seychelles acordó en 2015 reestructurar su deuda externa a cambio de compromisos de protección marina y se creó un fondo fiduciario para la conservación de los océanos, la resiliencia climática y el desarrollo sostenible de la economía azul.
En el Pacífico, Fiyi, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón y Vanuatu recibieron apoyo para cartografiar sus praderas marinas y manglares y medir el carbono que almacenan. Más de 100 personas recibieron formación en la evaluación del carbono azul.
El documento también pidió tomar en cuenta los conocimientos de las comunidades locales y los pueblos indígenas. “Las comunidades hacen frente al cambio climático desde hace muchísimos años”, recordó Traerup, quien destacó su experiencia en la protección de las costas con hábitats naturales y en la gestión sostenible de la pesca y los recursos costeros.



















