Plazas contra algoritmos: el segundo piso de la revolución de las conciencias

Plazas contra algoritmos: el segundo piso de la revolución de las conciencias

FOTO: PRESIDENCIA

Este 31 de mayo de 2026 pudimos presenciar un momento inédito en la historia de nuestro país. Bajo el inclemente sol en la plaza del Monumento a la Revolución, Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta constitucional de México, convirtió un informe de logros del gobierno en una defensa abierta de la soberanía del Estado. Como ella misma señaló, no se trató de retórica, sino de un mensaje claro sobre el uso –y abuso– del tema del narcotráfico con fines electorales, tanto para las elecciones internas estadunidenses en noviembre como para el proceso mexicano en 2027, donde se juega la mayoría calificada.

La transmisión simultánea a todas las plazas principales de los estados de la República –excepto Coahuila, que se encuentra en elecciones– inauguró además un nuevo momento para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que después de un periodo a la zaga volvió a la movilización. Fue una buena idea lograr las postales multitudinarias de alrededor de 850 mil personas en 30 estados del país y Ciudad de México.

Es necesario señalar cómo las banderas dominantes en los eventos no fueron del partido sino nacionales. Ya desde la toma de protesta de Ariadna Montiel había adelantado la necesidad de hablarle no solo al militante sino al pueblo en su conjunto. La presidenta de México ha impulsado explícitamente que se mantenga la movilización permanente en las plazas públicas para combatir la desinformación y la tergiversación de las redes. Esto en pleno reconocimiento de que el golpismo contemporáneo tiene un fuerte contenido cognitivo.

En contraste, en una sincronía dantesca, la derecha golpista representada por el panismo hizo gala de un evento en el que se congregaron los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón para dar apoyo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, quien a través de múltiples declaraciones públicas ha aceptado la colaboración permanente e ilegal con agencias estadunidenses. Por si fuera poco, en su discurso terminó reconociendo la antigua colaboración de los gobiernos panistas con el narcotráfico. En realidad, si juntamos las piezas, Ernesto Zedillo fue el artífice de la entrega del gobierno a la tutela de Estados Unidos, algo que el propio Labastida, excandidato presidencial priísta, ha confesado abiertamente. Lo de los agentes de la CIA que murieron en el accidente de El Pinal solo es un recordatorio de una verdad histórica concreta: los gobiernos neoliberales permitieron la entrada de los intereses extranjeros hasta la cocina.

Aun así, los medios de derecha se han dedicado sistemáticamente a negar la historia del país y a insistir en utilizar la presión estadunidense para fines electorales. Aunque si vamos un poco más allá, podríamos observar que en realidad se trata de un injerencismo por interpósita persona. La derecha sigue contaminando la deliberación pública mediante la campaña de “narcogobierno” bajo un uso visceral de la propia violencia provocada por aquel entreguismo sistémico.

No hay que olvidar que estas medidas de injerencismo y presión son impulsadas por el lumpen-imperialismo, es decir, por una élite que representa la degradación social total simbolizada por la participación en las violaciones relacionadas con el caso Epstein, así como el enriquecimiento acelerado de los negocios personales de este grupo a costa de la guerra y el genocidio. Por ello la traición a la patria del panismo es simplemente inmunda. Ni qué decir de la bochornosa visita de Isabel Díaz Ayuso, quien intentó reivindicar ni más ni menos que al conquistador sanguinario Hernán Cortés.

Desde un punto de vista positivo podemos señalar que la estridencia de estos intentos desesperados por recobrar fuerza política nos habla de un piso del que la oposición no se puede levantar. De hecho, como señalaba el presidente López Obrador, cuando el dinero comienza a tomar el control, se pierde incluso hasta la creatividad. Pero en la parte negativa existe una debilidad estructural cognitiva signada por la inmediatez y monopolio de los algoritmos de las redes, así como el peligroso uso de la Inteligencia Artificial (IA) al estilo de la oscuridad de empresas como Palantir. De aquí que incluso el Papa León XIV haya dedicado su reciente encíclica Magnifica Humanitas a tematizar este terreno como una de las batallas decisivas del siglo XXI.

En suma, estamos en un momento que necesita de impulsar lo que podríamos denominar el segundo piso de la revolución de las conciencias. Es verdad que lo que se logró durante el primer sexenio ha significado un avance excepcional en materia de información pública. Simplemente el hecho de haber neutralizado la fuerza mediática que vimos desplegada durante el peñanietismo es ya un triunfo, pero las condiciones actuales nos llevan a la necesidad de plantear la construcción de una inteligencia colectiva que actualice la defensa de la soberanía.

Creo que en este sentido es conveniente recordar que los saltos cualitativos en materia de pensamiento no surgen solamente de las conferencias o escritos académicos, sino sobre todo de la práctica. Por ejemplo, el plantón mítico del 2006 no solo fue una interrupción de vías principales, sino una fiesta popular de encuentros culturales, dialogales, deportivos y sociales que conectaron de otra manera a la comunidad. De aquí que el regreso a las plazas debe ir acompañado de una nueva visión de una pedagogía común, no para repasar contenidos sino para fortalecer prácticas y comprender las condiciones y posibilidades a las que se enfrentan las nuevas generaciones.

Pero también es necesario que esta nueva práctica sea extensiva a mecanismos de democratización incluso dentro del sector privado, es decir, una revolución que impulse permanentemente mecanismos para superar el verticalismo autoritario de los centros de trabajo. La narrativa de una transformación social no puede sostenerse simplemente con un imaginario abstracto, sino que debe presentarse directamente a las y los trabajadores en sus condiciones inmediatas de vida. La batalla en medios no puede limitarse a desmentir las tergiversaciones de la derecha, éstas no tienen fin, no tienen por objetivo la genuina deliberación; por ello es necesario impulsar nuevas temáticas que conecten con las nuevas prácticas en el entorno público pero también en el privado, enfrentamiento que es el que termina siendo el factor decisivo de la vida cotidiana.

Oscar Rojas*

*Economista (UdeG); maestro y doctor (UNAM) en crítica de la economía política. Académico de la FES Acatlán. Director del Centro de Estudios del Capitalismo Contemporáneo, y comunicador especializado en pensamiento crítico en Radio del Azufre y Academia del Azufre.

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