Alternativas a la sociedad del consumo desde Cuba

Alternativas a la sociedad del consumo desde Cuba

 

Comprar, tirar: motor de la sociedad de consumo… y también causa de daños irreversibles al medio ambiente. Las grandes industrias que controlan los mercados de bienes en el mundo se han enriquecido durante décadas con la obsolescencia programada de los productos que venden. Algunos proyectos buscan romper con el nocivo sistema. En Cuba se podrían fabricar focos con funcionamiento garantizado superior a 80 años

Alfredo Boada Mola/Prensa Latina

En un cuartel de bomberos en Livermore, California, Estados Unidos, funciona sin interrupción desde 1901 un foco eléctrico fabricado en Shelby, Ohio, en 1895. El inventor, Adolphe Choillet, creó un filamento para que la lámpara tuviera larga vida.

Un siglo después, en muchos países, la duración media de un teléfono móvil es sólo de 1 año, mientras que una computadora alcanza 2; respecto de los focos, cada año van a la basura 7 mil millones en todo el planeta, pues su durabilidad es demasiado corta.

En la actualidad, la mayoría de las empresas que diseñan productos como los electrodomésticos lo hacen con el objetivo de que sus artículos duren menos tiempo para aumentar sus ventas; es lo conocido como obsolescencia programada, una práctica extendida en todo tipo de industrias.

Así, mucha gente desconoce que cuando va a comprar un aparato electrónico, éste tiene predeterminada su vida útil. Un negocio redondo para las empresas y los bancos; no para el medio ambiente, el consumidor y la sociedad.

Entre quienes denuncian esta práctica de producción para la comercialización hay personas como Benito Muros, un empresario español que lidera el denominado movimiento sin obsolescencia programada, quien señaló a la prensa en La Habana que los artículos duran muy poco de forma premeditada.

Muros ha ayudado a desarrollar focos que pueden durar más de 100 mil horas de uso, los cuales reducen el consumo en un 92 por ciento respecto a los incandescentes y 68.4 por ciento respecto a los de bajo consumo, con la consiguiente reducción en un 70 por ciento de las emisiones contaminantes de dióxido de carbono a la atmósfera.

El foco de Muros equivale a uno de 60 vatios, pero sólo consume 6.5 y puede durar unos 80 años.

Para este empresario “si una lavadora podría durar 30 o 40 años, no tienes que comprarla tres o cuatro veces durante toda tu vida”.

El especialista trajo a la isla caribeña su idea de construir el primer foco eléctrico reparable del mundo, que podría ser fabricado totalmente en Cuba en un futuro.

Muros expresó a la prensa nacional que escogió a la isla caribeña para esta experiencia por el apego de los cubanos a la protección de las personas y al medio ambiente.

“Para mí, Cuba es un lugar estratégico, entrañable, como mi segundo país, con el cual comparto los términos de sostenibilidad y medio ambiente […]; aquí se preocupan por las personas, por hacer las cosas duraderas y de otra manera a como se hacen en Occidente”, agregó.

El visitante dijo en conferencia de prensa en La Habana que había acordado con el Ministerio Cubano de Industria un memorándum de entendimiento, a fin de iniciar conversaciones con vistas a transferir esa tecnología para el ensamblaje y posterior fabricación de focos de 6.5 vatios y luminosidad comparable a lámparas incandescentes de 100 vatios.

Posiblemente, de acuerdo con varios investigadores, el foco fue el primer producto que haya sido víctima de la denominada obsolescencia programada, tras la reunión de un grupo de magnates en Ginebra (Suiza) en la Navidad de 1924, quienes crearon a Phoebus, el primer cártel para controlar la producción de focos y repartirse el mercado mundial.

Querían intercambiar patentes, controlar la producción y a los consumidores, y que éstos compraran focos con regularidad, ya que si duraban mucho era una desventaja económica.

Se conoce como obsolescencia programada o planificada a la programación a propósito del fin de la vida útil de un producto para que sea viejo o inservible después de un tiempo calculado de antemano por el fabricante en la fase de diseño, como sucede con los focos actuales.

Por medio de ese mecanismo, todos los productos van a fallar en algún momento, lo cual obliga a los consumidores a comprar otros para reemplazarlos y comenzar nuevamente el ciclo de compra-venta.

Este concepto tiene por objetivo el lucro económico desmedido sin que tenga ningún valor el cuidado y el respeto por el medio ambiente ni por el ser humano, pues cada producto obsoleto supone una contaminación ambiental al deshacerse de él.

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 Fuente: Contralínea 349  / 25 de agosto de 2013

 

 

 

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