Luego de más de 60 años de bloqueo económico y amenazas, unas veces directas otras más “sutiles”, Cuba resiste, y lo que resiste, persiste. Ante el embate cada vez más agudo del imperialismo estadounidense, hoy personificado en Donald Trump, el pueblo cubano se mantiene con entereza como lo ha hecho desde el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro y el Che Guevara. Hoy más que nunca estamos llamados a solidarizarnos con el último bastión de resistencia en Latinoamérica contra el colonialismo en su fase más descarnada, producto de las crisis capitalistas.
Donald Trump ha sido enfático. Aunque su personalidad de showman y su conocida bravuconería con frecuencia no permite ver claramente si sólo blofea o está dispuesto a actuar, tras el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, advirtió que vendría por los “narcoterroristas” mexicanos, por Colombia y por Cuba para liberar a la democracia del “autoritarismo”.
Todo esto con la cacería de personas migrantes en todo Estados Unidos y las escandalosas, y hasta aterradoras, revelaciones de los archivos Epstein como telón de fondo; sin olvidar el Proyecto Gaza y los constantes bombardeos al pueblo palestino que resiste al genocidio desde 2023.
Lo cierto es que el sitio y la guerra, materializada en un inhumano bloqueo que lleva más de 60 años, no han logrado doblegar el espíritu del pueblo cubano que hoy más que nunca resiste a una nueva forma de asedio. Trump, en su lenguaje, se ha declarado enemigo de las guerras e incluso se erige como el nuevo líder de una llamada Junta de Paz, la cual planea trabajar al margen de la ONU y del derecho internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial. Pero más allá de estas acciones que tienen más efectividad mediática que real, lo cierto es que somos testigos de nuevas formas de hacer la guerra, de tácticas y estrategias que obedecen al conflicto o, llamado de otra forma, dominación de espectro completo.
De acuerdo con el Observatorio de Geopolítica del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, la dominación de espectro completo se refiere al dominio territorial, ideológico, material, tecnológico, científico y de producción de conocimiento; es pues el dominio total. Hoy vemos que las formas de someter a los pueblos se han sofisticado; por ejemplo, a Cuba quieren “domesticarla” a través de cortar toda fuente de energía y con la implementación de aranceles a aquellos países que, como México, envíen o comercien petróleo con la isla. Hasta ahora la resistencia perdura, pero cada vez nos llegan más noticias –algunas sesgadas e incompletas– sobre la falta de combustible, transporte, cortes eléctricos cada vez más prolongados, basura hacinándose en las calles, etc. La propia ONU ha alertado de un desastre humanitario si permanece la escasez de combustible en el país.
En el marco del dominio de espectro completo, hemos visto también el secuestro del presidente Nicolás Maduro luego de meses de asedio con buques de guerra en las cercanías de la costa venezolana, así como la aplicación de tácticas de desinformación y propagación de rumores y noticias falsas, propaganda sobre lanchas que transportaban drogas y que fueron directamente bombardeadas por las fuerzas armadas estadounidenses, etc. Durante meses se mantuvo el hostigamiento para un 3 de enero capturar en su residencia a Maduro y su esposa. Acto seguido, Trump declaró el control sobre los recursos petrolíferos de la nación.
Otro ejemplo más es el de Gaza, territorio ocupado por Israel y asediado desde 2023, en lo que ya configura como un genocidio que sigue ocurriendo mientras escribimos estas líneas. El informe de Francesca Albanese da cuenta de la intervención de las grandes corporaciones globales de tecnología, del complejo industrial militar y de plataformas como Booking o Airbnb, que obtienen ganancias a costa del sufrimiento del pueblo palestino que vive bajo ocupación desde hace más de 70 años.
Sofisticadas formas de asedio, violencia extrema para perpetuar y sostener un capitalismo en permanente crisis, el papel de la propaganda mediática para justificar y generar consenso es la estrategia del imperio estadounidense. El mundo efectivamente está cambiando, y son los poderosos, la élite global señalada en los archivos Epstein, los responsables de la esquizofrenia colectiva a la que nos empujan.
Pero la esperanza tiene que ser para nosotros ese horizonte de posibilidad del que nos habla Ernst Bloch, esa utopía concreta a la que nos dirigimos sin perder de vista aquello que dijo el entrañable Federico Bonasso. Cortar el apoyo a Cuba sería ciertamente un acto inhumano. No seamos cómplices de actos inhumanos bajo ningún argumento.
Ruth A. Dávila Figueroa*
* Profesora Asociada de la División de Estudios Multidisciplinarios del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE
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