¿Por qué atacan a Irán?

¿Por qué atacan a Irán?

FOTO: 123RF

En la madrugada del 28 de febrero de 2026 se desató un ataque criminal conjunto de Estados Unidos e Israel que mató al líder iraní de 86 años, Alí Jamenei. Asimismo, en esos actos de barbarie, asesinaron a cientos de personas; entre ellas, una hija, un nieto, un yerno y una nuera de Jamenei.

Atacaron incluso colegios y hospitales. Entre los cientos de víctimas que han perdido la vida, decenas son niñas y niños. También cuatro comandantes resultaron asesinados. Este ataque forma parte de un plan de dominio global que los medios de comunicación tradicionales maquillan, donde el agredido se transforma en agresor y la víctima en victimario.

La realidad es atroz. La organización humanitaria nacional de Irán, la Media Luna Roja, informó que más de 780 personas han muerto en el país, por lo menos hasta el martes 3 de marzo, tras los ataques a 153 ciudades perpetrados por Estados Unidos e Israel.

En este mundo sin reglas, en el que sólo priva la piratería, el sadismo y el genocidio, atacaron incluso instituciones educativas, como la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeth, en Minab, al sur del país, que quedó convertida en escombros y causó la muerte de muchas personas, de las cuales 168 eran niñas. Este acto salvaje añade otra página negra al historial de innumerables crímenes del ente sionista y el imperio yanqui.

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Previamente Washington aseguraba que conversaría con los iraníes, pero dos días antes de las pláticas previstas atacó por sorpresa 20 provincias de Irán. No se detiene el genocidio contra los palestinos y ahora se extiende a Irán.

Desde hace 30 años Netanyahu presiona a Estados Unidos para atacar a Teherán con una acción militar directa. Marco Rubio, secretario de Estado, admitió que se decidió atacar porque Israel lo haría primero y que ello impulsó a Washington a lanzar también un ataque “preventivo”, pues de otro modo sufrirían más bajas. Así atacan sin freno alguno, pisotean a la ONU, a su Consejo de Seguridad y al propio Congreso estadunidense.

Donald Trump lanzó un mensaje en video para anunciar que: “Nuestro objetivo es defender al pueblo estadunidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní” y “garantizar que Irán no obtenga un arma nuclear”. Dirigiéndose al pueblo iraní, dijo: “Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones”.

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El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, desesperado por aferrarse al poder y evitar ser declarado criminal, instó igualmente a “liberarse del yugo de la tiranía y construir un Irán libre y pacífico”. En realidad, ambos personajes usan la guerra para aferrarse al poder, pues enfrentan acusaciones criminales que podrían provocar su destitución.

Es sabido que el Congreso de Estados Unidos iba a debatir en los primeros días de marzo una ley de poderes de guerra que limitaba la guerra contra Irán. Pero Trump pasó por encima del Capitolio, así como de la propia Corte Suprema, que falló contra sus aranceles, y decidió aumentarlos de forma generalizada en 15 por ciento. Así busca concentrar el poder en sus manos, por encima de cualquier institución.

Lo que se vive en Irán es un ultimátum a la humanidad entera: “ríndanse o los mato a todos”. Es el imperio en decadencia, al que lo único que le queda es su fuerza militar para prevalecer e imponer su voluntad de saquear y robar los recursos del mundo: de México, Venezuela, Irán y del planeta entero. Ahora ha desatado este ataque criminal.

Estamos ante una nueva situación, sumamente peligrosa, en la que se ha destruido por completo cualquier vestigio de las leyes internacionales y del orden mundial. Ya no existe la fuerza de la ley; se ha impuesto, cínica y descaradamente, la ley del más fuerte.

Este proceso que inició en 2003 con la invasión a Irak ahora ha llegado a la cúspide, luego del genocidio contra Palestina; la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente Maduro y de la diputada Cilia; además del bloqueo energético genocida contra Cuba. Contra las naciones que defienden sus derechos y soberanía, Trump desata su Operación Furia Épica.

Irán, así como Venezuela, es un país petrolero que defiende su soberanía sin someterse a Washington. El país persa, luego de permanecer sometido entre 1953 y 1979, cuando estuvo al servicio incondicional de los intereses de Washington, se convirtió, gracias a la Revolución Iraní, en una nación que rescató y defendió la soberanía. De igual manera, rompió las cadenas que lo ataban al dominio de Estados Unidos para hacerse dueño de su propio destino.

Eso resulta intolerable para el imperio rapaz y su socio (¿patrón?) el sionismo, cuyo proyecto del Gran Israel busca extenderse “desde el Éufrates hasta el Nilo”, por lo que necesitan eliminar cualquier obstáculo. Antes, han atacado a Irak, Libia, Afganistán, Yemen y el Líbano.

En Irán buscan un cambio de régimen para imponer la monarquía del hijo del sha. Recordemos que llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1953, orquestado por Gran Bretaña y Estados Unidos contra el primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mosaddegh, quien había nacionalizado el petróleo de Irán. Ahora quieren que gobierne su primogénito, el príncipe Reza Ciro Pahlaví, para volver a gozar del petróleo del país persa sin obstáculos.

El ataque conjunto del ente sionista y de Estados Unidos se anunció desde hace décadas, cuando colocaron a Irán en el “Eje del Mal”. Durante años han hablado del “peligro” de que este país fabrique una bomba nuclear, siempre afirman que en cualquier momento contarán con dicha arma de destrucción masiva. Mentira.

Pero eso sí: Israel tiene entre 90 y 400 ojivas nucleares, Estados Unidos posee más de 5 mil ojivas e Irán no tiene ninguna. Pero es un “peligro” porque puede producir un arma nuclear, dicen. Es un hecho que Irán, como tantos países, usa el desarrollo nuclear con fines pacíficos.

Por ejemplo, México cuenta con el Centro Nuclear “Dr. Nabor Carrillo Flores”, conocido popularmente como Centro Nuclear Salazar, ubicado en Ocoyoacac, Estado de México, operado por el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ).

Su fundación data de 1964. El proyecto arquitectónico y su construcción corrieron a cargo de Pedro Moctezuma Díaz Infante, mi querido padre. El Centro alberga un reactor TRIGA Mark III y laboratorios de aplicaciones pacíficas en salud, agricultura e industria.

Destaca su investigación, el diseño del tokamak “Novillo” y el desarrollo de radiofármacos. ¿Por qué Irán no puede desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos como México lo hace? ¡Porque sólo son pretextos!

La noche del 21 al 22 de junio de 2025, durante la operación Midnight Hammer, Estados Unidos atacó las tres principales instalaciones del programa nuclear iraní con bombarderos B-2, por órdenes del presidente Donald Trump, quien anunció que golpearon tres importantes sitios nucleares.

El B-2 es capaz de transportar las cargas útiles más pesadas, incluida la bomba antibúnkeres GBU-57, una ojiva de 13 mil 607 kilogramos capaz de penetrar 61 metros bajo tierra antes de explotar.

Esa bomba fue la única arma capaz de destruir las instalaciones nucleares iraníes Fordow, Natanz e Isfahán, que se encontraban enterradas a gran profundidad.  ¿Dónde están los 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento? Y más allá: ¿Había uranio enriquecido al 90 por ciento necesario para fabricar una bomba nuclear? Brillaron por su ausencia.

Por sus principios religiosos y sus leyes islámicas, Irán se ha comprometido a no desarrollar armas nucleares. El ayatolá Jamenei emitió un decreto islámico que prohíbe su producción.

El ente sionista y Washington asesinan a este mismo hombre que emitió una fatwa hace más de 20 años que declaró haram, es decir, prohibido el desarrollo de armas de destrucción masiva. Mataron al hombre que reiterada y consistentemente defendió esa prohibición.

Con su magnicidio su edicto pudo haber terminado. Pero para el imperio y sus socios sionistas matar símbolos, destruir la identidad, el patrimonio nacional y la libertad religiosa forma parte de su intento de imponer su plan de dominio global. Asesinaron al ayatolá Jamenei en el Ramadán, mes sagrado del Islam, lo que equivaldría a asesinar al Papa en Roma durante la Semana Santa.

Con esa muerte, el ente sionista y Estados Unidos buscaban derrocar el régimen, crear un vacío de poder y provocar una gran perturbación y desánimo, pero sucedió lo contrario: la población de Irán se unió más. Ahora tienen un mártir inolvidable y han visto todavía con mayor claridad quién es su enemigo.

Además de buscar el petróleo de Irán, también ansían el control del estrecho iraní de Ormuz, un paso marítimo estratégico por el que transita entre el 20 y el 30 por ciento del consumo mundial de petróleo, pues conecta a los productores de Oriente Medio con mercados clave en Asia-Pacífico, Europa y América del Norte.

Irán respondió con ataques a bases militares estadunidenses en Israel, Jordania, Irak, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Ocho países, con el objetivo exclusivo de esas bases.

Luego de desatar la guerra regional, Estados Unidos llamó a sus compatriotas a abandonar 14 países de la región: Baréin, Egipto, Irán, Irak, Israel, Cisjordania y Gaza, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Catar, Arabia Saudita, Siria y Emiratos Árabes. Irán aseguró que no tiene ninguna hostilidad hacia los países vecinos, sino que sus ataques apuntan exclusivamente a las bases desde donde Estados Unidos lanza la agresión contra el país persa.

El portavoz del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), el general de brigada Ali Mohammad Naini, anunció la cifra de 650 militares estadunidenses muertos o heridos en la Operación Verdadera Promesa 4 durante los dos primeros días de guerra. Informó que tan sólo en un cuartel militar estadunidense en Baréin hubo 160 muertos y heridos. Desde luego, Washington oculta cuidadosamente esa información.

De inmediato estallaron protestas de condena, no sólo en Irán y en Oriente Medio, sino en Estados Unidos y en muchos otros lugares. El orden internacional está destrozado y priva la ley del más fuerte, no la fuerza de la ley. Los pueblos que aspiran a la paz, en Estados Unidos y en el mundo, buscan establecer gobiernos antiguerra que respeten la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de los conflictos.

La reacción popular fue inmediata en Estados Unidos. Desde el sábado 28 de febrero se desarrollaron más de 100 mítines y manifestaciones en Nueva York, Arizona, Nuevo México, Iowa, Idaho, Florida, Alabama, Virginia, Carolina del Norte y Carolina del Sur, Tennessee, Dallas y Los Ángeles. En las encuestas se refleja que una amplia mayoría de la población se opone a este ataque contra Irán y más aún al envío de tropas para invadir el territorio.

Rusia y China condenaron los ataques estadunidenses e israelíes contra Irán y los calificaron como “otro acto de agresión armada no provocado”. De igual manera,  hay fuertes respuestas en el Líbano por parte de Hezbolá; en Yemen; y en Palestina.

Por su parte, Alemania e Italia apoyan Trump, mientras que Gran Bretaña también brindó respaldo, aunque con vacilaciones. Por el contrario, España condenó el ataque y no autorizó el uso de las bases militares. Paralelamente, Bélgica y Portugal cuestionan el ataque. Trump se lanzó contra el presidente Pedro Sánchez por su decisión y amenazó con cortar el comercio con España.

La Unión Europea enfrenta una división interna, por lo que emitió un ambiguo llamamiento conjunto urgente. Instó a las partes en el conflicto de Oriente Medio a ejercer la máxima moderación, proteger a los civiles y respetar el derecho internacional, con el objetivo de evitar una guerra total.

En Canadá, el primer ministro Mark Carney apoyó los ataques de Israel y Estados Unidos contra la población de Irán, al que calificó como “fuente de inestabilidad y terrorismo en todo Oriente Medio”, y reafirmó el derecho de Israel “a defenderse”.

Es claro que Canadá ha respaldado todas y cada una de las agresiones de Estados Unidos y de la OTAN contra el mundo. Pero su población y la de Quebec se movilizan contra la guerra. Ya se realizaron protestas en Montreal, Toronto y Vancouver el 28 de febrero; a su vez, en Windsor y Calgary el 1 de marzo se manifestaron para oponerse a la guerra y a la política del gobierno canadiense de apoyo.

Trump actúa de forma arbitraria, esto es claro. Quiere mantener su hegemonía por medio de la violencia e imponerse a toda costa, lo que también muestra desesperación y desmesura. A él y a Netanyahu les “puede salir el tiro por la culata”. Se han precipitado y sus ropajes “democráticos” y de defensores de los “derechos humanos” se han caído por los suelos.

Los pueblos ven su violencia e intereses al desnudo y son ellos quienes hacen la historia. Son los pueblos, cuya resistencia crece y crecerá, los que dirán la última palabra.

Los deseos de las grandes potencias, sus gobiernos y corporaciones, de explotar al máximo a la gente y a la naturaleza, sometiendo a las naciones, son sueños que se verán destrozados por la organización, la unión y la acción de los pueblos que luchan por su soberanía y por un futuro de paz, no de guerra.

 

Pablo Moctezuma Barragán*

*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social

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