El capitalismo contra el planeta

El capitalismo contra el planeta

Xavier Caño Tamayo*/Centro de Colaboraciones Solidarias

Noticiero televisivo. Lluvias torrenciales en Estados Unidos. Una calle se hunde y arrastra docenas de automóviles, aceras, la vía del tren… En segundos desaparece una manzana entera de la calle 26 de Baltimore. Las consecuencias del cambio climático están ahí. Incremento en el nivel del mar, océanos más ácidos, sequías e inundaciones dejan sus huellas terribles en todo el planeta. Incluso un reciente informe de la Casa Blanca reconoce las tremendas consecuencias del calentamiento en su territorio. Estados Unidos es el segundo país del mundo, tras China, que emite más gases de efecto invernadero.

Desde hace años, muchas zonas de la Tierra son castigadas por temibles huracanes, destructoras tormentas tropicales, lluvias como el diluvio, sequías letales, inmensos incendios incontrolables por la tremenda sequedad ambiental, mientras avanza la desertización y se reducen los polos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) de la Organización de las Naciones Unidas ha concretado las consecuencias de éste en su quinta valoración sobre calentamiento global. Para ponerse a temblar.

Desaparición de pequeños Estados insulares y medios de sustento en zonas costeras por tempestades, inundaciones y aumento del nivel del mar. Riesgos graves para la salud y desaparición de medios de sustento de grupos urbanos por inundaciones en el interior. Destrucción de infraestructuras y servicios vitales (agua, electricidad, sanidad y protección social) por fenómenos meteorológicos extremos. Más mortandad y enfermedades en periodos de calor extremo. Más hambre por destrucción de sistemas de alimentación. Pérdida de recursos y sustento en zonas rurales por reducción grave de agua potable y de riego. Pérdida de bienes y servicios en comunidades costeras y de pescadores en los trópicos, en el Ártico…

El informe ratifica que, en los últimos 40 años, ha crecido la emisión de gases de efecto invernadero. De 2000 a 2010 ha aumentado mucho más que en los 30 años anteriores. Y Rajendra Pachauri, presidente del GIECC, alerta de que “si no se adoptan medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, el cambio climático avanzará y la estabilidad social quedará muy amenazada. El cambio climático propiciará conflictos violentos, guerras civiles y violencia entre comunidades”.

Amenazas cercanas y reales que tienen que ver con la libérrima y desregulada actuación de las elites económicas durante décadas para aumentar beneficios. Algo inherente al capitalismo. La única salida es reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Para afrontar el cambio climático, los autores del informe proponen más de lo que ha fracasado: “colaboración público-privada, préstamos, pago de servicios ambientales, aumento de precio de los recursos naturales, impuestos y subsidios, normas y reglamentos, reparto del riesgo y mecanismos de transferencia”. Medidas aplicadas, algunas, desde 1992, tras la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de Río de Janeiro, Brasil, que no han detenido el cambio climático y sí aumentado la desigualdad. Y es que no se ataca de raíz la dependencia del petróleo, la madre del cordero de la emisión de gases de efecto invernadero.

¿Por qué vamos hacia un suicidio colectivo? Porque los países capitalistas más contaminantes (incluida China como capitalista) impiden un acuerdo mundial obligatorio para frenar en serio el cambio climático.

¿Es posible contener el aumento de temperatura global a 2 grados centígrados? El GIECC dice que sí, si se toman pronto medidas: transformaciones tecnológicas y cambios reales de conducta individual y colectiva. Sólo posibles con cambios políticos y grandes inversiones.

Contener el aumento de temperatura de la Tierra a 2 grados centígrados (más allá de la cual las consecuencias serían mucho más graves) significa reducir la emisión de gases de efecto invernadero de 40 a 70 por ciento con respecto de la emisión total de 2010. En España, ante la propuesta de un mercado de intercambio de emisiones, como presunto modo de reducción de emisión de esos gases, un empresario respondía entusiasmado que, si había negocio, se podía hablar. Y ésa es la cuestión: que no puede haber negocio alguno si de verdad se quiere frenar el cambio climático, ya que se precisa de un cambio profundo. De lo que se trata es de vislumbrar un mundo muy lejano a nuestro mundo actual. Y es posible, por difícil que se vea.

Afrontar el cambio climático es cuestión de vida o muerte: continuar con la historia de la humanidad o desaparecer como los dinosaurios… Y con el capitalismo (incluso el más “humano y justo” al estilo Roosevelt, Thomas Piketty y compañía) no se frena el cambio climático: cómo es imposible que un zorro sea buen guardián de un gallinero.

*Periodista y escritor

 

 

 Contralínea 386  / 18  de Mayo  al 24 de Mayo

 

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