Hoy la sociedad cubana atraviesa una serie de dificultades y carencias debido a 65 años de bloqueo y a las recientes disposiciones de Trump, que buscan asfixiar a la isla.
En general, solemos concentrarnos en informarnos y conocer los problemas más agraviantes de la situación actual. Sin embargo, resulta fundamental tener presentes los grandes logros alcanzados por la Revolución Cubana, que, a pesar de enormes dificultades, ha logrado sobresalir entre las naciones del orbe.
¿Qué se logró en Cuba desde 1960 hasta la actualidad? En primer lugar, se implementaron sistemas universales de educación y salud de alta calidad. Uno de los primeros logros fue movilizar a la juventud en una campaña de alfabetización en 1961, que erradicó ese mal y acabó con las altas tasas de analfabetismo heredadas de la dictadura de Batista.
La educación en Cuba es gratuita en cualquier nivel, desde el preescolar hasta la universidad, e incluye materiales escolares y, en muchos casos, alimentación y alojamiento.
La Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha reconocido a la educación cubana como líder en Latinoamérica y el Caribe, con una escolarización preescolar del 100 por ciento y niveles de primaria y secundaria cercanos al 100 por ciento, entre los más altos del mundo. Cuba ha contado con una de las mayores cantidades de maestros per cápita a nivel global, con más de 289 mil docentes.
El magisterio posee una formación sólida y el sistema pone especial atención en la educación especial, con atención prioritaria a estudiantes con distintas discapacidades.
La Revolución Cubana ha colaborado con la educación y la formación universitaria de juventudes de otros países en diversas profesiones. Destaca la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), que ha graduado a más de 30 mil estudiantes extranjeros de más de 120 países, incluidos jóvenes de México, África, Palestina, Estados Unidos, Brasil y España.
El beneficio no solo alcanza a quienes se forman de manera gratuita durante seis años, sino también a sus comunidades de origen, a las que deben regresar para cumplir el compromiso social adquirido.
El sistema de salud alcanzó un nivel de excelencia al ser universal y gratuito, lo que elevó la esperanza de vida a tasas superiores al promedio latinoamericano, alrededor de los 78 años.
Además, Cuba registra tasas de mortalidad infantil y materna entre las más bajas del mundo, con el 99.9 por ciento de partos institucionales. Eliminó, por primera vez a nivel global, la transmisión materno infantil del VIH y la sífilis.
Un rasgo central del modelo es el énfasis en la prevención, con atención primaria y familiar. La atención se organiza a partir del médico de familia en cada manzana, con atención domiciliaria y acceso garantizado para toda la población.
El modelo se basa en el médico de familia y garantiza atención médica accesible en todo el territorio. Cuba cuenta con una de las tasas de médicos más altas del mundo, con aproximadamente entre 8.2 y 9 médicos por cada 1 mil habitantes. Esta cifra duplica o triplica la de países desarrollados como Estados Unidos o Alemania.
Otra cuestión clave para la salud es la promoción de una alimentación sana. Desde las reformas agrarias se eliminaron los latifundios y la gran agroindustria capitalista, con apoyo a la producción campesina, cooperativa y estatal, y con la exclusión de la producción de comida y bebida “chatarra”, que afecta la salud en otros países. A lo largo de décadas, la población cubana ha mantenido buenos indicadores de salud vinculados a su nutrición.
Cuba cuenta con un alto nivel de desarrollo biotecnológico y ha producido vacunas propias, como la desarrollada en 1989 contra la hepatitis B. Durante la pandemia, a pesar del cerco y del bloqueo agravado por Trump en su primer mandato, con 240 sanciones adicionales, logró generar cinco vacunas contra la Covid-19.
También desarrolló la vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón (CIMAvax-EGF) y el NeuroEpo para el Alzheimer. La ONU ha reconocido de forma amplia los aportes de Cuba en materia de salud y su disposición para fortalecer la cooperación internacional.
Es conocida y de impacto mundial su solidaridad internacionalista, expresada en el envío de brigadas médicas a 160 países desde 1963 hasta 2026. Se calcula que alrededor de 600 mil integrantes del personal de salud han participado en estas misiones. Actualmente, 24 mil doctoras y doctores apoyan en 56 países.
Un rasgo de la cooperación cubana es el principio de compartir lo que se tiene, no solo lo que sobra, con enfoque en la atención a comunidades necesitadas y el impulso a su desarrollo social.
La solidaridad internacionalista también se ha distinguido por el apoyo ante desastres, epidemias, terremotos, huracanes e inundaciones. Las brigadas llevan el nombre de Henry Reeve, estadunidense que luchó como brigadier en el Ejército Libertador de Cuba durante la Guerra de los Diez Años.
En 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) otorgó a la brigada Henry Reeve el premio “Dr Lee Jong-Wook” por su labor de apoyo en emergencias en 21 países.
Son numerosos los ejemplos a lo largo de las décadas. Cuba brindó apoyo tras los terremotos de Perú en 1970 y 2021; Chile en 1960 y 2010; Haití en 2010; Pakistán en 2005; Nepal en 2015 y México en 2017, con personal de salud, rescatistas e ingenieros.
Otra aportación relevante es su influencia cultural y musical, con una contribución de alcance mundial. Su cultura se nutre de raíces taínas, africanas, caribeñas y españolas, que dieron origen a ritmos como el son cubano, la salsa, el bolero, el mambo y el chachachá, así como a figuras como Benny Moré, quien optó por permanecer en la isla y cantar a su pueblo.
La Revolución Cubana impulsó la Nueva Trova y la canción latinoamericana comprometida halló un espacio de resonancia. Su arte tuvo impacto mundial con figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Carlos Puebla y Noel Nicola, que se convirtieron, al igual que Joselito Fernández, autor de “Guantanamera”, o Compay Segundo, del Buena Vista Social Club, en referentes internacionales. Asimismo, surgieron Mercedes Sosa, la voz profunda de Zitarrosa, la guitarra de Víctor Jara y la canción combativa de Alí Primera, entre muchas otras expresiones de la región.
La Casa de las Américas, fundada por la revolucionaria Haydée Santamaría, ha sido un espacio de acogida latinoamericana para la creación artística comprometida.
De igual manera, se cultivaron las letras con la participación de Roque Dalton, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Benedetti, José Lezama Lima, Idea Vilariño, Gioconda Belli y otras figuras de la literatura latinoamericana.

Los ámbitos culturales y artísticos han recibido amplio impulso, como el teatro y la danza. La bailarina Alicia Alonso fundó y dirigió durante años el Ballet Nacional de Cuba, que alcanzó prestigio y reconocimiento internacional.
Asimismo, se creó el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) para difundir la historia, la identidad y la cultura cubana y latinoamericana a través de un cine propio y comprometido.
En paralelo, la pintura vinculada a la Revolución Cubana ocupa un lugar central, con un arte socialmente comprometido representado por Antonia Eiriz, Servando Cabrera y Raúl Martínez, que enriquecieron la cultura popular y la identidad caribeña. A ello, se suma la gráfica y el cartel, que fortalecieron el arte revolucionario en el continente.
Otra área de logros es el deporte. Cuba se ha consolidado como una potencia en América Latina, con más de 240 medallas olímpicas, con figuras como Mijaín López, ganador de cinco medallas de oro, y Teófilo Stevenson. En atletismo, béisbol, voleibol, lucha y boxeo, ha sobresalido y domina los Juegos Panamericanos y Centroamericanos.
Este desempeño responde a un sistema social que impulsó un conjunto integral de Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), orientado al estímulo de la juventud en actividades físicas y deportivas.
Con estos logros, un pequeño país que se desarrolla de forma soberana se ha equiparado en múltiples áreas a la potencia estadunidense, 30 veces mayor que la mayor de las Antillas. Eso es lo que el Imperio busca suprimir. El sistema fallido es el estadunidense, mientras Cuba se erige como ejemplo para el mundo. De ahí la saña extrema que hoy puede calificarse de genocidio.
No lo permitamos. Es hora de la solidaridad con nuestras hermanas y hermanos cubanos y con la Revolución que, en pocas décadas, transformó a la Cuba batistiana, decadente y dependiente de Estados Unidos, en un referente de futuro. Estos logros no deben olvidarse cuando hablamos de Cuba, que hoy enfrenta momentos críticos.
Pablo Moctezuma*
*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social
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