Triquis: carencia en educación y salud

Triquis: carencia en educación y salud

⇒ Parte II: Triquis: carencia en educación y salud

En esta región indígena, la zozobra en la que viven sus habitantes también repercute en las necesidades básicas de su desarrollo. Cifras de la Sedesol muestran que el 93.16 por ciento no tiene acceso a los servicios de salud y el 75.99 por ciento de la población tiene la educación básica incompleta

Érika Ramírez/José Luis Santillán, fotografías/enviados
 
Yosoyuxi, Copala, Oaxaca. Sus ojos grandes y oscuros miran vivaces. La maestra los entretiene con dulces de tamarindo, a los que les exprimen hasta lo último. Ella les dibuja aves y frutos para que coloreen con los únicos pedacitos de crayones a los que tienen acceso. En sus rostros morenos hay manchas blanquizcas, esas marcas característica de una alimentación precaria.
 
Alicia González de Jesús es la maestra encargada de impartir clases en el primer nivel de educación preescolar, al pie de los muros de concreto que sostienen la casa de salud. Estudian a la intemperie, con un horario irregular.
 
Enseña en esas condiciones porque los niños no aguantan el caminar por las veredas que los llevan a lo alto de la comunidad, donde se encuentra la escuela. Es la única manera de no perder la oportunidad de aprender.
 
Son seis niños triquis que se encuentran en ese nivel. Tienen entre 3 y 4 años de edad. Visten con ropas ligeras, algunos van descalzos, con huaraches de hule o en el mejor de los casos con zapatos que no son de su medida. El lodo de la comunidad se mira en sus pequeños pies.
 
No hay recursos para trabajar, sólo el cuaderno que ellos traen y unos pocos crayones que la maestra Alicia tiene. Ella es oriunda de la comunidad. “Como no hay aula, tampoco hay donde pegar las ilustraciones de animales, frutas, verduras y objetos, ni material didáctico adecuado para la enseñanza”, comenta.
 
Los dulces los regala porque es difícil tener al ciento por ciento su atención: se dispersan, corren, se inquietan, no hay pupitres dónde acomodarlos. Algunos escriben apoyados en el piso. Un salón les vendría mejor, dice la profesora.
 
Sonríe con timidez, levanta la vista como tratando de esconder su mirada cuando comienza a hablar de las condiciones en que acuden los niños a clases. “Bien comidos… ¡quién sabe!, ellos son de familias muy pobres”.
 
A esta comunidad no llegan los desayunos escolares, la alimentación de los niños y la mayor parte de la población está basada en quelites, hongos, frijol, maíz y lo que dé la temporada.
 
De acuerdo con el Catálogo de Localidades de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), el 75.99 por ciento de la población de 15 años y más tiene la educación básica incompleta; el 33.75 por ciento de 15 años y más es analfabeta, y el 8.87 por ciento de 6 a 14 años no asiste a la escuela.
 

Salud, precarizada

 
En esta localidad, la presencia del médico es de una vez al mes. Cuando se hace presente, se atiende en una casa de concreto, construida por los mismos pobladores. Paulina González Martínez es la encargada del lugar. Ella indica a los enfermos qué medicamentos tomar, según los síntomas que presenten. Sin embargo, su preparación médica fue mínima y sólo puede recetar a los pacientes desinflamatorios y analgésicos.
 
“Sólo tengo 16 medicamentos, que son los básicos en el catálogo de la Secretaría de Salud. La gente tiene que viajar al municipio de Juxtlahuaca porque yo no tengo los medicamentos. Aquí hay muchas personas con diabetes y mujeres embarazadas que no pueden llevar un control adecuado”, lamenta la joven triqui.
 
El viaje para los enfermos es complicado: casi no hay transporte en la zona y cuando corren con suerte tienen que pagar como mínimo 200 pesos para que los lleven; lo mismo para el regreso. Paulina comenta que un beneficio que hay en la casa de salud es el de los suplementos alimenticios que se otorgan a las mujeres que están afiliadas a los programas de la Sedesol, como el Oportunidades y el de Apoyo Alimentario. Sin embargo lamenta que éstos lleguen cada 2 meses y que no alcancen para todos los que lo necesiten: “hay muchos que no están en el padrón”.
 
Uno de los cuartos de la casa de salud de esta comunidad es ocupado por un taller de costura. Hay cuatro máquinas de coser en las que algunas mujeres arman bolsas, monederos, blusas y huipiles, que serán vendidos en los mercados cuando puedan llevarlos. Con esos trabajos, que pueden tardar hasta meses en ser concluidos, apoyan un poco la economía de sus familias.
 
Paulina extiende una blusa bordada color rosa, decorada con listones de colores a los lados; al final, un deshilado. Cada una de esas prendas se puede vender hasta en 300 pesos, aunque su elaboración individual les toma más de 1 mes.
 
El catálogo de la Sedesol indica que el 93.16 por ciento de esta población no tiene acceso a los servicios de salud; 78.13 por ciento de las viviendas tienen piso de tierra; 50 por ciento de éstas carecen de excusado o sanitario, y otro 54.38 por ciento carece de agua entubada de la red pública.
 
Infografía 
 
 
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Fuente: Contralínea 320 / febrero 2013
 
 
 

 

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