Teología de la Liberación: viva, necesaria y emancipatoria

Teología de la Liberación: viva, necesaria y emancipatoria

/Centro de Colaboraciones Solidarias

La Teología de la Liberación, nacida en América Latina a finales de la década de 1960, es una de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur, lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de identidad y estatuto teológico propios. No es una sucursal de la teología elaborada en el Norte. Todo lo contrario: ha quebrado el norte-centrismo teológico, sea el moderno o el postmoderno, el europeo o el estadunidense.

Viene siendo objeto de sospecha desde sus orígenes, y muy especialmente durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ha recibido acusaciones de lo más descabelladas e indemostrables, como defender la violencia, ser una sucursal del marxismo, introducir la lucha de clases en la Iglesia, politizar el cristianismo… Muchos de sus cultivadores han sido condenados, destituidos de sus cátedras y sus libros sometidos a férrea censura. La más grave de las condenas –comparable a la del Syllabus del papa Pío IX contra el modernismo– fue la llevada a cabo por la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, de 1984, redactada por el entonces cardenal Ratzinger, cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ratificada por Juan Pablo II.

A pesar de tanta persecución, la Teología de la Liberación no se ha rendido ni ha renunciado a sus primeras intuiciones ni al principio-liberación, pero tampoco se ha quedado en la foto fija de sus orígenes, ya que no es una teología perenne inmune a los cambios, ni de la razón pura, sino una teología de la razón práctica, histórica, que se reformula en los nuevos procesos de liberación.

Lo mismo que la Teología de la Liberación intentó responder a los desafíos sociales, económicos, religiosos, espirituales, culturales de Latinoamérica, hoy se elabora a partir de los nuevos sujetos que emergen y protagonizan los cambios estructurales en la sociedad y en las tradiciones religiosas: las mujeres, oprimidas por las dictaduras del patriarcado, del capitalismo y del colonialismo juntos; la Tierra, sometida a la depredación de un sistema voraz de desarrollo científico-técnico y económico; el campesinado sin tierra, los pueblos indígenas y las comunidades afroamericanas, humilladas durante siglos de dominación, las colectividades excluidas en nombre de la globalización neoliberal, las tradiciones religiosas perseguidas por un cristianismo intolerante, las identidades estigmatizadas y perseguidas…

Son todas ellas otras formas de vida negadas que conforman los diversos rostros de la pobreza y la marginación, a quienes la Teología de la Liberación reconoce como sujetos activos, consciente de que se están empoderando para contribuir a la superación del racismo, el sexismo, el clasismo, la homofobia, y se ponen al frente de la lucha contra los etnocidios, genocidios y biocidios causados por el modelo de desarrollo de la modernidad occidental.

De aquí han surgido nuevas tendencias teológicas de la liberación: teología feminista, indígena, afrodescendiente, campesina, ecológica, queer, teología del pluralismo religioso, de la diversidad sexual. Todo un mosaico de teologías y sabidurías que conforman el plural panorama de la Teología de la Liberación, que no es una anciana moribunda como pretende algún mandatario eclesiástico, sino que sigue viva y activa para responder a los nuevos desafíos de Latinoamérica.

Hoy está presente en todo el Sur, pero también en los ámbitos de marginación del Norte y se ha hecho visible en el Foro Social Mundial, donde ha creado su propio espacio religioso alter-globalizador, el Foro Mundial de Teología y Liberación, que cuestiona las creencias, revoluciona las conciencias de los creyentes y no creyentes y pretende transformar sus prácticas alienantes en emancipatorias, desde la convicción de que “otra teología es posible”, ¡y necesaria!, en plena sintonía con la consigna de los foros sociales de que “otra epistemología es posible”, y con los fundamentos y métodos del conocimiento científico del Sur sociológico que se están desarrollando en disciplinas y saberes.

Si el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) quiere enterrar la Teología de la Liberación, debe saber que lo hará con una realidad viva, y eso es un delito más grave que el de considerarla “anciana” o “muerta”. ¡Qué lejos está el actual presidente del Celam de los obispos que dijeron adiós al paradigma de la Iglesia conquistadora, colonial y desarrollista e iniciaron el paradigma de la Iglesia de la liberación en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia, en 1968! Éstos pusieron las bases de la Iglesia de los pobres que el papa Francisco quiere recuperar. Con sus declaraciones, monseñor Carlos Aguiar Retes, lo que hace es dinamitar dichas bases.

*Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III de Madrid

 

 

 

 Contralínea 394 / 13 de Julio al 20 de Julio

 

 Juan José Tamayo*

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