Tras el asesinato de dos soldados israelíes por dos hombres palestinos, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, amenazó con destruir la ciudad de Hebrón, en Cisjordania, “para cambiarlo por completo”.
En una declaración grabada después del hecho, el primer ministro advirtió que llevaría a cabo una operación de escala “no vista desde la Guerra de los Seis Días”, en 1967; enseguida, militares israelíes ingresaron a Hebrón y al vecindario colindante de Halhul.
Netanyahu ordenó “un cierre inmediato sobre la ciudad de Hebrón”, acción que podría expandirse “en toda Judea y Samaria a partir de hoy”. En una publicación en sus redes sociales, anunció que las fuerzas de seguridad de su país se reforzaban para “llevar a cabo oleadas de arrestos masivos”.
Ello, luego de que dos hombres palestinos armados con rifles dispararan contra un grupo de soldados israelíes en un punto de control a las afueras de la ciudad, en un combate en el que dos militares fueron asesinados y tres más resultaron heridos. Finalmente, los dos palestinos fueron asesinados.
Las hostilidades no se hicieron esperar. Apenas horas después del tiroteo, el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, publicó un video en el que aparece frente a un buldócer que derrumba de manera ilegal un hogar palestino, con el pretexto de “disuadir y hacer que pague las consecuencias”, según dijo el funcionario.
Por su parte, Israel Katz, ministro de Defensa, prometió más demoliciones y desplazamientos forzados. “El modelo del campo de refugiados de Jenin llega a Hebrón. Todos los barrios de clanes en Hebrón de los que haya surgido hoy algún terrorista serán evacuados de sus viviendas [sic]”.
El ultraderechista Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, llamó a “desmantelar y desmilitarizar” a la Autoridad Palestina, con sede en Ramallah, y “eliminar por completo su infraestructura terrorista [sic]”, a pesar de no tener pruebas que relacionen el ataque con el gobierno palestino.
Y Benjamín Netanyahu instó a su milicia a ir “casa por casa” en las zonas donde se sospecha que residían los atacantes, evacuar a las y los residentes y “destruir infraestructura terrorista [sic]”.
Mayy El Sheikh, portavoz de la Oficina de Naciones Unidas por los Derechos Humanos en Territorio Palestino Ocupado, denunció que esta restricción constituye “un castigo colectivo” contra la población y que “forma parte de un sistema de dominación y segregación racial que subordina a los palestinos y controla todos los aspectos de sus vidas. Este régimen de restricciones a la libre circulación no puede separarse de la política de Israel de anexionar el máximo territorio posible, con el menor número posible de palestinos”.
Desde el 7 de octubre de 2023, el Ejército israelí ha asesinado a más de mil 100 personas palestinas en Cisjordania. Para agosto de este año, Naciones Unidas había documentado más de mil 430 “incidentes” de violencia por parte de colonos israelíes contra 260 comunidades palestinas. En las primeras dos semanas de octubre, se documentaron más de 160 ataques de colonos.
En 2026, hasta el 10 de agosto, soldados o colonos israelíes habían asesinado al menos a 76 personas palestinas en Cisjordania, entre ellas 18 menores. Además, habían sido desplazados alrededor de 3 mil 800 palestinos, casi la mitad niños y niñas, por la violencia de colonos, las demoliciones y los desalojos.



















