Mujeres restauran y enfrentan el cambio climático en el Pacífico guatemalteco

Mujeres restauran y enfrentan el cambio climático en el Pacífico guatemalteco

En el humedal costero de Monterrico, en el sur de Guatemala, cinco comunidades viven día a día los efectos visibles del cambio climático
FOTO: 123RF

En el humedal costero de Monterrico, en el sur de Guatemala, cinco comunidades viven día a día los efectos visibles del cambio climático. La transformación no es sólo ecológica, también representa impactos ambientales que afectan los principales medios de vida de los habitantes, quienes se organizan para recuperar el ecosistema local

Monterrico, Guatemala. En el corazón del humedal costero de Monterrico, en el sur de Guatemala, en donde la costa es devorada lentamente por el mar, cinco comunidades viven día a día los efectos visibles del cambio climático y la erosión costera, que representan pérdidas y daños irreversibles para sus formas de vida.

Esta transformación no es sólo ecológica, también representa lo que el mundo climático llama las pérdidas y daños: impactos provocados por el cambio climático que ocurren a pesar –o a falta– de la mitigación y adaptación.

Algunos son económicos y medibles –como una casa inundada o un cultivo malogrado–, pero otros son intangibles: oficios que desaparecen, formas de vida que se desdibujan, vínculos con la tierra y el agua que ya no se pueden recuperar.

Marco Tax, director de operaciones del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC), confirma esta tendencia.

“En Guatemala las lluvias son ahora más intensas y concentradas en poco tiempo, lo que aumenta la erosión del suelo y la sedimentación en ríos y canales. En la Bocacosta, donde está el canal de Chiquimulilla, antes llovía de forma más repartida, pero ahora en tres días cae lo que antes caía en un mes. Esto afecta directamente a los manglares y a la dinámica del canal”.

Según el informe titulado Estado del Clima en América Latina y el Caribe, de la Organización Metereológica Mundial (OMM), una de las consecuencias del cambio climático en Guatemala es que intensificó los efectos del fenómeno de El Niño.

Según el estudio, durante 2024, las lluvias fueron entre un 20 por ciento y un 30 por ciento superiores a lo normal, con episodios más concentrados e intensos. Esto, dicen los investigadores, ha provocado déficits de precipitación y temperaturas más altas en varias regiones del país.

Los datos coinciden con los modelos de erosión que el ICC ha desarrollado en 13 cuencas del sur de Guatemala, que muestran cómo la combinación de lluvias torrenciales y pérdida de cobertura vegetal multiplica la cantidad de sedimentos que terminan en canales y esteros.

“Pero el problema no es sólo el agua o la pesca”, dice Myrnamaría Galindo, bióloga de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación (Fundaeco). “Los ciclos de reproducción han cambiado. Antes, en Semana Santa, vendían mucho camarón. Ahora casi nada. Y eso golpea fuerte a las familias”.

A esto, se suma que la erosión costera ha avanzado tanto que ha borrado restaurantes y casas cerca de la playa. Deja a la gente cada vez más expuesta al mar.

La arena y el lodo se mueven de formas que casi nadie esperaba, cambiando los ecosistemas y la forma natural de la costa.

“He visto cambios mes a mes. Antes era todo plano y lodoso, ahora hay zonas de pura arena”, explicó Galindo.

Por eso, restaurar manglares y cuidar estos ecosistemas es urgente, no sólo para proteger la naturaleza, sino también para conservar la pesca, la sal y otras tradiciones que han mantenido a estas comunidades vivas por generaciones.

Desde 2022, un proyecto llamado “Alas y Raíces Resilientes”, liderado por María Schoenbeck, con apoyo de la institución anfitriona Cecon, trabaja para restaurar 44 hectáreas de manglar y recuperar el flujo del agua en el canal de Chiquimulilla. La meta es salvar un ecosistema y una forma de vida que están en peligro por varios lados.

“La sedimentación y la tala han cambiado el curso de los ríos, cerrado lagunas y destruido manglares”, indicó Schoenbeck. La solución es abrir mini canales para que se mezcle el agua dulce con la salada, algo vital para la sobrevivencia del mangle y la fauna que allí habita.

“No es cosa de uno o dos años; a veces toma de cinco a diez”, advirtió Galindo. Pero ya hay señales de esperanza: han vuelto el camarón, las garzas verdes y las mariposas, y hay un mejoramiento de los sitios importantes para aves migratorias que ahora encuentran refugio donde antes no había nada.

Un punto clave en todo esto ha sido el liderazgo de las mujeres del lugar. María Fernanda Ramírez, subcoordinadora del proyecto Alas y Raíces Resilientes, explicó que ellas mezclan sus saberes ancestrales con técnicas nuevas. Además, lideran la recolección de semillas, las siembras y el monitoreo, y al mismo tiempo, fortalecen la economía familiar. Para muchas mujeres, esta es la primera vez que entran a un manglar.

“Antes había mucho machismo y ellas no tenían oportunidad de hacer este trabajo. Muchas mujeres de La Curvina nunca imaginaron cómo era un manglar, y ahora sienten un vínculo muy fuerte con ese lugar”, recordó Galindo.

Hoy, estas mujeres no sólo restauran la naturaleza, también defienden el territorio. Alertan sobre invasiones ilegales y denuncian la tala irregular de árboles. Sin embargo, los desafíos siguen ahí. Uno de ellos son los monocultivos de caña de azúcar, café, banano y palma africana.

Aunque la contaminación no ha frenado por completo el flujo del agua, las plantaciones en la parte alta de la cuenca han alterado sus nutrientes. Lo más grave ha sido el desvío de ríos para riego, que interrumpe el paso natural del agua y deja al manglar sin el respiro que necesita.

De acuerdo con un estudio de 2011, firmado por Lilian Yon, asesora legal del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala, la pérdida acelerada de playas y manglares ha debilitado las barreras naturales contra la erosión. Esto, sumado a construcciones sin control y la sobreexplotación, pone en riesgo la biodiversidad y la vida en el canal de Chiquimulilla.

“El canal ya no da”

Desde hace más de una década, Mynor Yonel López Pérez, de 45 años, ha navegado las aguas del canal de Chiquimulilla con su lancha de madera. Hecha redes en busca de camarones, tilapias y robalos. Aprendió el oficio de su padre, quien a su vez lo heredó de generaciones anteriores. “Él solo se dedicaba a la pesca. Nos enseñó todo: a distinguir las especies, a entender las mareas, a conocer la vida del agua”, recordó.

Pero hoy, el conocimiento que antes garantizaba alimento y sustento ha dejado de ser suficiente. “Ya no es como antes. Hay temporadas en que el canal se queda sin nada”, señaló López Pérez con resignación.

El cambio climático ha alterado los ciclos del agua y la reproducción de las especies. La erosión costera ha cambiado el curso del canal, y con él, la vida de los pescadores artesanales que dependen de este ecosistema frágil y ahora profundamente alterado.

“Antes entraba el pescado del mar para acá, y aquí crecía. Eso nos ayudaba. Pero ahora viene muy chiquito, si es que viene. Y hay peces que ya ni aparecen”, explicó.

En su memoria permanece el pez al que llamaban “loro”, una especie que solía abundar en ciertas temporadas, y aunque hoy ya no lo encuentran en estas aguas, su recuerdo habla de un ecosistema más diverso, de una abundancia que, poco a poco, ha ido desapareciendo.

“El canal ya no da”, puntualizó López Pérez, como resumen de lo que él y otros pescadores han vivido en los últimos años. Lo que antes era una fuente estable de ingresos para decenas de familias, ahora apenas alcanza para sobrevivir.

La pesca artesanal en Monterrico está colapsando, víctima de la pérdida de biodiversidad, del aumento en la temperatura del agua y del ingreso de especies no nativas que destruyen lo poco que queda.

Este aumento en la temperatura del agua no es anecdótico. Según el Diagnóstico del Estado del Ambiente Marino Costero del Pacífico de Guatemala, que aún no está publicado y fue elaborado por Mario Roberto Jolón Morales, la temperatura superficial del mar en esta región ha aumentado en aproximadamente 0.5 grados Celsius desde 1940, y la tendencia sigue al alza.

Este calentamiento afecta la distribución y reproducción de las especies marinas, al provocar migraciones hacia zonas más frías y reducir las capturas para los pescadores.

Para López Pérez, la situación no es sólo ambiental: es una amenaza directa a su forma de vida, a su historia familiar, a su cultura. “Nosotros vivimos del canal. Sin él, no hay trabajo, no hay comida. ¿A dónde vamos a ir?”, se preguntó.

Pescar ahora es casi un acto de resistencia

Algo similar le ocurre a Mario Roberto Valladares, un pescador de 65 años, que lanzó su atarraya al agua con la esperanza tensa entre los dedos. Es originario de Taxisco y aprendió a pescar por necesidad, al observar a otros lanzar la red. Hoy, ha caminado varios kilómetros para llegar al canal de Chiquimulilla, y aunque repite el movimiento con paciencia, el resultado es siempre el mismo: nada.

“Antes uno pasaba un par de horas y sacaba algo. Ahora puedo estar todo el día y tal vez no pesco ni para llevar a vender,” dijo en voz baja. La pesca para él es un ingreso complementario, una manera de aliviar la economía familiar. Pero cada día resulta más difícil., en un buen día de pesca todavía lograba reunir entre 45 a 130 dólares aproximadamente, ahora un día de pesca puede representar nada.

Pero no sólo existen pérdidas económicas. Esta transformación afecta la salud y la identidad cultural de las comunidades. La reducción en el consumo de pescado ha provocado cambios en la dieta familiar, al incrementar la dependencia de productos menos saludables o altamente alterados como el pollo y otros alimentos procesados.

Esto tiene consecuencias directas en la nutrición familiar, y también en la pérdida de prácticas ancestrales vinculadas a la pesca y al consumo responsable de los recursos marinos. Schoenbeck, del proyecto Alas y Raíces Resilientes, enfatizó que “la pesca no es sólo un medio de vida, es un patrimonio ancestral”.

La reducción de esta actividad genera ansiedad, desesperanza y en algunos casos migración, principalmente de los más jóvenes que ya no ven esta práctica como un medio sostenible de vida para sus familias.

A ello, se suma la presencia del pez diablo, especie invasora que compite con las nativas, altera el equilibrio del ecosistema y al tener aletas muy picudas y afiladas al momento de retirarlo de las redes de pesca las rompe. Esto agrava la situación para los pescadores.

La erosión costera también ha complicado el acceso a zonas de desembarque, al obligar a limpiar canales manualmente, tarea que no sólo requiere muchos recursos económicos, sino humanos.

Seguridad alimentaria y cambios que duelen

Aunque todavía en la comunidad la dieta se basa en el pescado, que es barato y accesible, la caída de las capturas y el aumento de los costos de pesca están empezando a afectar la seguridad alimentaria de muchas familias.

En Monterrico, aunque son los hombres los que salen a pescar, las mujeres juegan un papel clave preparando redes y ayudando a vender el pescado, aunque muchas veces nadie las reconoce. Trabajar juntos, en pareja, ha sido fundamental para la economía familiar.

Atrapados entre aguas: la familia Varela y el canal

La familia de Juan Antonio Varela Rodríguez vive en una casa sobre pilotes en medio del canal de Chiquimulilla, donde el agua es su camino para ir a la escuela, trabajar o buscar atención médica.

Pero el canal, que antes conectaba su vida, hoy los aísla cada vez más: durante la temporada de lluvias, las crecidas inundan su casa y los dejan atrapados por días; en la época seca, el nivel del agua desciende tanto que sus lanchas quedan varadas.

“Es como si el canal nos negara el paso”, comentaron resignados. La transformación del clima no es casualidad.

Marco Tax, del ICC, explicó que ahora “llueve en tres días lo que antes caía en un mes”, lo que erosiona la tierra y arrastra toneladas de sedimentos desde las zonas altas hacia el canal, asfixiándolo.

Según la OMM, en Guatemala las lluvias han sido entre un 20 por ciento y 30 por ciento superiores a lo normal, concentradas en episodios más extremos que intensifican las pérdidas y daños en comunidades como la de los Varela.

El cauce cambia constantemente y los suelos desaparecen, al dejar al canal incapaz de cumplir su función como vía navegable o regulador natural. Para los Varela, la vida cotidiana se ha vuelto frágil ante lluvias erráticas, sequías prolongadas y fenómenos extremos como El Niño, que en 2024 agravó la crisis en la región.

Las que entraron al manglar: mujeres restauradoras de vida

“El canal está cambiando. Ya no es el mismo. A veces se seca, y otras veces nos inunda. Si sube mucho, no podemos salir. Si baja, las lanchas se quedan atrapadas”, relató Marleny Ibarra, habitante de la aldea Agua Dulce, una pequeña comunidad asentada como una isla dentro del canal de Chiquimulilla.

Sólo 20 familias viven allí, rodeadas de agua. No hay caminos. Las lanchas son el único medio para salir o entrar, para estudiar, ir al mercado o acceder a un centro de salud. Y sin embargo, el agua que les da vida también se ha convertido en su mayor amenaza.

Recuperar el mangle no es una acción simbólica: es una necesidad urgente. Significa reconstruir barreras naturales contra tormentas, asegurar la reproducción de peces y camarones, y proteger a las comunidades de las consecuencias más severas del cambio climático. “Muchas familias dependen de la pesca, la venta de sal y prácticas sostenibles que están ligadas a este ecosistema”, explicó Ramírez.

En contraste –pero también como respuesta directa al mismo colapso ambiental– mujeres como Sandra Patricia De León Valladares, de la aldea La Avellana, han decidido actuar.

“Las mujeres también son del campo”, proclamó con orgullo. A principios de 2025, se unió al proyecto Alas y Raíces Resilientes, parte del programa de Soluciones Costeras. Fue la primera vez que muchas de ellas hicieron lo que hasta entonces se consideraba “trabajo de hombres”.

Se internaron en los manglares con botas, herramientas y determinación. Viajaban en lancha hasta donde el canal lo permitía y luego caminaban cerca de un kilómetro entre el lodo espeso y las raíces enredadas.

Cargaban varas de bambú para construir chinampas –estructuras flotantes diseñadas para facilitar la reforestación del mangle– en condiciones extremas de calor, humedad y esfuerzo físico.

Mientras comunidades como Monterrico, La Curvina, La Avellana, Agua Dulce y El Pumpo siguen restaurando lo que el mar arrasa, la pregunta se vuelve cada vez más urgente.

¿Cómo responderán el Estado, la sociedad civil y otros guatemaltecos para enfrentar esta crisis que pone en riesgo no solo la biodiversidad, sino la supervivencia de estas comunidades costeras? Porque si la restauración es posible, también lo es el abandono. Y ese sería el verdadero fracaso.

Andrea Godinez/Inter Press Service (IPS)*

*Visite esta noticia en https://ipsnoticias.net/2025/08/mujeres-restauran-y-enfrentan-el-cambio-climatico-en-el-pacifico-guatemalteco/

 

Análisis

Litio, en el centro de la disputa global por el control de las cadenas de valor

Soberanía tecnológica: México enfrenta el desafío de transformar la nacionalización del litio en una palanca de desarrollo real. En medio de un arbitraje internacional con Ganfeng Lithium y la presión de EE. UU. por minerales críticos, la clave de la emancipación no reside en el aislamiento ni en la entrega, sino en la construcción de un “traje espacial”: autonomía tecnológica para procesar arcillas, formación de talento y esquemas de asociación donde el Estado retenga la rectoría y el valor agregado.

Saber más »
Lo más leído

En riesgo, servicios esenciales en Cuba por falta de recursos energéticos: ONU

Emergencia energética en Cuba: La ONU advierte que la escasez de combustible compromete servicios críticos como cuidados intensivos, conservación de vacunas y bombeo de agua potable. Ante las presiones de EE. UU. para frenar el suministro de petróleo, el sistema de racionamiento de alimentos y los programas para grupos vulnerables enfrentan una parálisis operativa, debilitando la capacidad del Estado cubano para garantizar los derechos humanos más elementales.

Saber más »
Lo más leído

Profepa instala comités ciudadanos para reforzar vigilancia en costas de Oaxaca

Vigilancia ciudadana: La Profepa acredita a 87 nuevos vigilantes ambientales en la costa de Oaxaca, integrados en siete comités comunitarios. Mediante capacitación técnica y reconocimiento oficial, estos grupos de Salina Cruz, Mazunte y La Escobilla fortalecerán la protección de playas y santuarios de tortugas, actuando como el primer frente de detección de delitos ambientales en ecosistemas marinos bajo un esquema de gobernanza local.

Saber más »
Nelson Mandela vivió privado de la libertad más de 27 años en condiciones denigrantes en la prisión de Robben Island.
Lo más leído

Defensores públicos lograron liberación de 432 reos con penas excesivas

Justicia con rostro humano: El IFDP logra la liberación de 432 presos en situación de vulnerabilidad como parte del nuevo Proyecto de Justicia Intercultural. Con un enfoque que trasciende lo penal, la defensoría federal ahora asume la representación en derechos básicos —salud, agua y energía— y garantiza intérpretes culturales que hablen lenguas originarias, cumpliendo con la reciente reforma al artículo 2 constitucional y rompiendo con el esquema de “servirse del cargo” del pasado.

Saber más »
Lo más leído

Pemex alcanzó producción histórica de petrolíferos, con 908 mil barriles diarios

Eficiencia energética: Pemex alcanza en 2025 su producción más alta de petrolíferos con 908 mil barriles diarios, logrando que el 70% de su refinado consista en productos de alto valor (gasolina, diésel y turbosina). Mediante la modernización del Sistema Nacional de Refinación y la reducción del combustóleo, la paraestatal proyecta procesar 1.56 millones de barriles diarios para consolidar la soberanía energética bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Saber más »
Lo más leído

Anuncian reforma para proteger a intérpretes de doblaje por uso de IA

Voz y soberanía digital: México impulsa una reforma histórica para proteger a los actores de doblaje ante la IA. Mediante cambios a la Ley Federal del Trabajo y la Ley Federal del Derecho de Autor, la voz humana será reconocida como un derecho artístico irrepetible, prohibiendo su clonación o uso digital sin autorización expresa y retribución económica. La iniciativa también dota de mayores facultades al Indautor para resolver controversias tecnológicas de forma ágil.

Saber más »
Artículo

Justicia económica para las y los trabajadores mexicanos

Justicia laboral en transición: La academia analiza el viraje del modelo mexicano, de la precarización neoliberal (1982-2018) hacia el Nuevo Modelo de Justicia Laboral iniciado en 2019. Con hitos como la prohibición del outsourcing, el aumento real del salario en un 116% y la regulación del reparto de utilidades, la “Cuarta Transformación” busca en 2026 consolidar la justicia económica mediante la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales.

Saber más »
Análisis

México y Cuba, hermandad más allá del bloqueo

Resistencia y soberanía energética: Cuba pierde diariamente más de 20.7 millones de dólares debido a un bloqueo que suma un costo histórico de 170 mil millones de dólares. En 2026, México reafirma su apoyo humanitario ante las nuevas amenazas de aranceles de EE. UU. a proveedores de crudo. Con una historia de cooperación que incluye la modernización de refinerías y asistencia técnica de Pemex, el Gobierno de México busca mecanismos para mantener el suministro de petróleo y medicinas sin comprometer la estabilidad comercial nacional.

Saber más »
Destacada

Comunidades indígenas en CDMX, testimonio de discriminación y segregación

Entre el folclore y la exclusión: comunidades indígenas protestan en el Zócalo de la CDMX contra el retiro de comerciantes y la gentrificación acelerada por el Mundial 2026. Mientras el gobierno local promueve la identidad nacional con arte público, artesanas triquis como Regina Ramírez denuncian que las políticas de “embellecimiento” urbano las condenan a la periferia y la precariedad.

Saber más »
Destacada

Sanciones de EU a quienes envíen petróleo a Cubason muy injustas: Sheinbaum

Solidaridad frente a sanciones: La presidenta Claudia Sheinbaum condena los aranceles de EE. UU. a proveedores de crudo para Cuba, calificándolos de “muy injustos” por castigar al pueblo. Tras el envío de 814 toneladas de víveres, el Gobierno de México reafirma su compromiso de recuperar el suministro de petróleo a la isla, apelando a la fraternidad histórica y rechazando que las diferencias ideológicas justifiquen crisis humanitarias en sectores críticos.

Saber más »
Destacada

Negociación del T-MEC: atentado y regresión

La renegociación del T-MEC en 2026 se perfila como un mecanismo de presión imperial que busca desmantelar los avances soberanos logrados entre 2018-2024. Estados Unidos, bajo la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, identifica a las leyes de infraestructura, salud y energía de México como “barreras comerciales”, mientras la administración de Claudia Sheinbaum defiende la no subordinación y el control estratégico de sectores clave.

Saber más »
Artículo

‘Affaire’ Epstein y guerra cognitiva

La pedagogía del cinismo: El caso Epstein no es una anomalía, sino la revelación de la “economía política del abuso” inherente al capitalismo tardío. El Dr. Buen Abad advierte que la administración mediática del escándalo busca intoxicar la conciencia colectiva para inducir parálisis social. Frente a esta “putrefacción moral”, el autor propone un Humanismo de Nuevo Género que rescate la dignidad del espectáculo y la convierta en praxis política innegociable.

Saber más »