“¿Cuál es tu tono de piel?”. Ojalá la pregunta ofendiera. Para la mayoría de mexicanos salir a un antro implica someterse al escrutinio de la mirada de alguien que, en resumidas cuentas, tiene como tarea decidir qué tan blanco eres. El miedo a esa cadena significa reconocer que existe la posibilidad de que alguien te mire y decida que no perteneces a un lugar. Y ese miedo existe porque sabemos que hay colores de piel que abren puertas y otros que las cierran. La cadena de un antro nunca dirá que se exige blanquitud para acceder. Tampoco hace falta que lo diga cuando todos sabemos qué es lo que se necesita para poder entrar.

En redes sociales circularon audios atribuidos a un representante de Strana, un centro nocturno en San Pedro Garza García en los que pregunta a una persona si entre quienes planean asistir esa noche hay alguien de piel morena o negra. Advierte que los sábado no entra gente de piel oscura. “Sé que suena racista. Porque sí es racista. Así es en Strana”. Junto a los audios circuló una imagen con una escala cromática que presuntamente habría sido enviada para identificar el tono de piel de los asistentes. Si bien hasta ahora no existe certeza sobre la autenticidad de los audios, el Consejo Estatal para Prevenir y Eliminar la Discriminación de Nuevo León anunció una verificación al establecimiento para conocer sus políticas y protocolos de acceso.

El problema es que casi nadie necesitó confirmar la veracidad de los audios para creerla. La historia nos resultó familiar porque la discriminación no empezó con Strana ni la conocimos esta semana. En 2022, denuncias difundidas en redes acusaron a Sonora Grill de distribuir a sus clientes según su apariencia y tono de piel. Meses después, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México concluyó que la cadena había incurrido en prácticas generalizadas de segregación y discriminación hacia sus comensales. La facilidad con la que creemos la historia de Strana trasciende a Strana. Sabemos que en México el color de piel puede determinar cómo somos recibidos en un espacio porque lo hemos visto y vivido.

Parte del problema está en que hemos aprendido a disfrazar estas prácticas con palabras mucho más cómodas. Hablamos de imagen, ambiente, perfil, reservaciones y derecho de admisión. La discriminación rara vez ocurre con alguien anunciando en una puerta que las personas morenas no pueden entrar. Funciona mejor cuando los criterios son suficientemente ambiguos para seleccionar a unas personas y rechazar a otras sin explicar exactamente por qué. Así, una decisión basada en el color de piel puede presentarse como una cuestión de imagen, una reservación inexistente o el simple ejercicio del derecho de admisión.

Por eso resulta tan indignante la escala cromática que circuló junto con los audios atribuidos a Strana. La imagen hace explícito un criterio que normalmente permanece oculto y muestra lo absurdo y violento de clasificar a las personas según qué tan clara u oscura es su piel. Sin embargo, el racismo en México forma parte de nuestra vida diaria y está en todos lados. Está en las oportunidades que recibimos, en la forma en que somos tratados y en los espacios a los que nos permiten acceder. Está también frente a una cadena sábado por la noche.

Ana María Ibarra Olguín*

*Magistrada de Circuito. Licenciada, maestra y doctora en derecho

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Los sábados no entran morenos

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