Redes sociales están diseñadas para crear adicción; infantes, los más vulnerables

Redes sociales están diseñadas para crear adicción; infantes, los más vulnerables

Imagen: 123RF

La discusión sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de niñas, niños y adolescentes ha dejado de centrarse únicamente en el tiempo que las personas menores de edad pasan frente a las pantallas. Hoy, el debate apunta hacia un aspecto menos visible; es decir, el diseño mismo de las plataformas digitales. Algoritmos, sistemas de recomendación, reproducción automática de contenidos y mecanismos creados para prolongar la permanencia de usuarios en estas redes son señalados por especialistas como factores clave que favorecen conductas compulsivas, afectan el desarrollo cerebral durante la adolescencia y aumentan la exposición a riesgos como la ansiedad, la depresión, los trastornos alimentarios, el acoso sexual y los contenidos relacionados con autolesiones

El diseño de las redes sociales y de las plataformas digitales no es neutral: está hecho para crear adicción, al elevar los niveles de dopamina en el cerebro, tal como ocurre con el consumo de drogas ilícitas o la adicción a las apuestas. Por ello, a edades muy tempranas afecta el desarrollo cognitivo y representa un riesgo para la salud mental.

Detrás de algoritmos, sistemas de recomendación y funciones creadas para mantener la atención de las personas usuarias existe toda una arquitectura diseñada para prolongar el tiempo de permanencia en estos servicios que, a su vez, ya ha incidido en el desarrollo y en la salud mental de niñas, niños y adolescentes, advirtió el experto en seguridad digital y exdirectivo de la trasnacional Meta (controladora de Facebook e Instagram), Arturo Béjar.

Así, en medio del creciente debate sobre la regulación de las redes sociales y el uso de las plataformas digitales por parte de las infancias y las adolescencias, especialistas internacionales coinciden en que la discusión no puede reducirse únicamente al tiempo que las y los menores pasan frente a una pantalla. Pues también debe considerarse la responsabilidad de las empresas tecnológicas en el diseño de estos servicios y el papel del Estado mexicano para garantizar la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes en entornos digitales.

Durante la conferencia presidencial del pasado 3 de agosto, Béjar advirtió que las redes sociales están construidas bajo una serie de elementos o ingredientes destinados a crear adicción en los menores. Entre estos, se encuentra el scroll infinito, la reproducción automática de vídeos –diseñada para captar la atención de cada usuario–, recomendaciones algorítmicas basadas en lo que captura la atención, notificaciones constantes que incentivan a las personas a regresar de manera continua a la aplicación; los contadores de popularidad y los mecanismos de comparación y presión social.

“Estas son cuestiones de diseño, esto es un algoritmo que captura la atención, y mientras más tiempo pasas ahí, más daños te causa”, sostuvo el especialista. Añadió que las plataformas digitales operan bajo dos principios fundamentales: captar la atención el mayor tiempo posible, al maximizar el uso compulsivo, y facilitar la interacción con personas desconocidas, dos características que, sostuvo, ningún padre o madre incorporaría deliberadamente en el entorno de desarrollo de sus hijas e hijos.

Para ilustrar el funcionamiento de estos sistemas, Béjar explicó que basta con que una adolescente permanezca algunos segundos observando una publicación de una persona extremadamente delgada para que el algoritmo interprete dicho comportamiento como una preferencia. A partir de ello, la plataforma inicia con la recomendación reiterada de contenidos relacionados con dietas, pérdida de peso o cuerpos similares, hasta convertirlos en un flujo constante de información que refuerza ese interés inicial.

Las palabras de Béjar adquieren un peso particular por su trayectoria. Como se recordará, Arturo Béjar es famoso internacionalmente tras denunciar a Meta –empresa matriz propietaria de redes sociales y servicios como WhatsApp, Instagram y Facebook– por ocultar información sobre los riesgos que enfrentan las infancias y adolescencias en sus plataformas, tales como situaciones de acoso, explotación, contactos no deseados y otros daños. Sin embargo, a pesar de este conocimiento, la empresa nunca realizó modificaciones al diseño de sus plataformas.

Ahora, en la Mañanera del Pueblo, el experto en seguridad recordó un estudio interno que supervisó con alrededor de 240 mil usuarios. En la investigación se les preguntó a adolescentes de entre 13 y 15 años si, durante la última semana, habían recibido contenido que afectara su percepción corporal, si habían sido víctimas de acoso sexual o visto publicaciones relacionadas con autolesiones y suicido.

Los resultados, aseguró, evidenciaron que la problemática era mucho más grave de lo que la empresa reconocía públicamente. Entre los principales hallazgos se encontró que uno de cada cinco adolescentes recibió en una semana contenido que le hace sentir mal con su cuerpo; uno de cada ocho lo observa de manera reiterada; y uno de cada 11 fue expuesto repetidamente a contenido relacionado con autolesiones y suicidio.

En otras palabras, el estudio reveló que 24.4 por ciento de adolescentes reportó haber recibido insinuaciones sexuales no deseadas durante la última semana, más del 20 por ciento afirmó sufrir acoso o bullying de manera recurrente, y cerca del 40 por ciento manifestó experimentar comparaciones sociales negativas severas respecto de su imagen corporal. Según Arturo Béjar, estos datos reflejan los riesgos a los que se enfrentan las adolescencias dentro de plataformas cuyo diseño prioriza la permanencia y la interacción por encima del bienestar de las personas usuarias.

“Lo que todas las madres y todos los padres deberían saber, que quisiera haber sabido cuando mi hija tenía 14 años y me estaba pidiendo entrar a Instagram, es la conciencia de que está diseñado para crear uso compulsivo, que va a haber daños que van a vivir. Es la realidad que están viviendo ellos ahorita”, sostuvo.

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Redes sociales generan ansiedad, depresión y trastornos alimentarios

En la misma conferencia presidencial, otro de los especialistas que abordó las repercusiones que provocan las redes sociales fue el psicólogo social Jonathan Haidt, quien sostuvo que el problema no radica únicamente en el tiempo de uso de los dispositivos, el cual oscila entre jóvenes de 7.32 horas al día, sino en el modelo de negocio que sostiene a las plataformas digitales.

Para el autor de La generación ansiosa, la denominada infancia basada en el teléfono se ha asociado con un aumento de problemas en la salud mental como ansiedad, depresión, así como trastornos alimentarios, adicciones, dificultades de atención y aprendizaje, además de una mayor exposición al acoso sexual y a otros riesgos.

Gráfica 1. Enfermedades mentales en estudiantes universitarios

“La ansiedad y sus trastornos asociados parecen ser las enfermedades mentales que definen a los jóvenes de hoy. Entre los diversos diagnósticos relacionados con la salud mental, podemos ver que las tasas de ansiedad fueron las que más aumentaron, seguida de cerca por las de depresión”, sostiene Haidt en su libro La generación ansiosa, publicado en 2024.

En dicha edición, el investigador argumenta que el deterioro cognitivo no puede entenderse únicamente a partir de decisiones individuales o del tiempo que las y los adolescentes pasan frente a pantalla. Más bien, responde a un ecosistema digital diseñado para captar y retener la atención de los usuarios mediante algoritmos, inteligencia artificial y sistemas de recomendación que privilegian el contenido con mayor capacidad para generar interacción.

En palabras de Jonathan Haidt, las empresas tecnológicas desarrollaron estas herramientas con el fin de maximizar el tiempo de permanencia de niñas, niños y adolescentes en sus plataformas, lo que convirtió la atención de las personas usuarias en el principal activo de su modelo de negocio, sostuvo durante la conferencia matutina del mismo día. Bajo ese esquema, explicó el especialista, cuanto más tiempo permanece una persona conectada, mayor es la cantidad de información que las plataformas recopilan sobre sus hábitos e intereses y, por tanto, mayor el valor comercial que generan a través de la publicidad dirigida.

“Las empresas que controlan la atención de nuestros hijos utilizaron algoritmos e inteligencia artificial para enganchar al máximo a cada niño con el fin de vender su atención. Luego, mintieron al respecto”, sostuvo en su participación de la conferencia presidencial.

Para el psicólogo social, son múltiples las evidencias que han llegado a sustentar esta discusión. Es decir, el debate se ha alimentado de diversas investigaciones científicas, procesos judiciales y denuncias realizadas por exdirectivos de la industria tecnológica, entre ellos Arturo Béjar y Frances Haugen, quienes ya han sostenido que las empresas conocían los riesgos que sus plataformas presentan para la salud mental.

Redes sociales reconfiguran el cerebro adolescente

El debate nacional sobre el impacto de las redes sociales y las plataformas digitales en las infancias y adolescencias comenzó formalmente el pasado 20 de julio durante las conferencias matutinas encabezadas por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Desde entonces, especialistas nacionales e internacionales han expuesto los distintos riesgos asociados con estos entornos digitales. Y, precisamente, entre los temas que mayor preocupación han generado destaca la forma en que el uso intensivo de estas plataformas puede llegar a modificar el desarrollo cerebral durante la adolescencia.

Sobre lo anterior habló la doctora en neurodesarrollo e investigadora de la Universidad de Washington, Lucía Magis Weinberg, en la Mañanera del Pueblo del pasado 27 de julio. En ésta explicó que el diseño de redes sociales, así como de los videojuegos y de las plataformas de video, interactúa directamente con los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa y el aprendizaje.

“Un uso constante de plataformas refuerza conductas automáticas, hábitos poco saludables que, en un pequeño grupo vulnerable de adolescencia, se puede convertir en adicción, y esto nos lleva a este nuevo concepto del estrés digital”, explicó durante la conferencia presidencial del 27 de julio.

Ilustración 1. El cerebro y la adicción a la tecnología. Presentación del Gobierno de México.

De acuerdo con la especialista en neurodesarrollo, estudios de neuroimagen muestran que el uso constante de estas tecnologías activa regiones cerebrales vinculadas con el sistema límbico de las recompensas y el sistema frontoparietal de control cognitivo. Esta interacción, explicó, favorece la consolidación de conductas automáticas y hábitos poco saludables que, en un grupo vulnerable de adolescentes, pueden evolucionar hacia patrones de uso compulsivo e incluso adicción.

Weinberg señaló que estos mecanismos adquieren una dimensión particular en la adolescencia, una etapa en la que el cerebro aún se encuentra en pleno proceso de maduración. En ese contexto, indicó que diversas investigaciones han encontrado una asociación entre un mayor tiempo de exposición a pantallas y un menor grosor en distintas regiones cerebrales relacionadas con el control de impulsos, la planeación, la autorregulación y la atención. A ello se suma, sostuvo, un deterioro progresivo de la capacidad para mantener la concentración, lo que favorece la distracción constante, el cambio frecuente entre tareas, el aumento de errores, la frustración y el estrés cognitivo.

Más uso de pantallas nos lleva a más distracción, cambios frecuentes entre una tarea y otra, más errores, más frustración, más estrés y más esfuerzo. Y, además, el acceso cada vez más temprano a celulares antes de los 12 años está asociado con afectaciones del desarrollo cognitivo”, explicó la especialista en la conferencia presidencial del 27 de julio.

Como ejemplo, recordó que hace apenas dos décadas una persona podía mantener la atención en una misma tarea durante alrededor de dos minutos y medio antes de distraerse. En la actualidad, ese tiempo se ha reducido a aproximadamente 47 segundos, lo que favorece cambios constantes entre actividades, incrementa los errores, la frustración, el esfuerzo cognitivo y los niveles de estrés.

A ello se suma que las plataformas digitales afectan otros pilares fundamentales del desarrollo adolescente, como el sueño, la actividad física, la alimentación, la convivencia presencial y la construcción de la identidad. “En la adolescencia es importante dormir más de nueve horas al día de forma ininterrumpida, pero sabemos que la luz azul y las notificaciones retrasan y fragmentan el sueño. Todos necesitamos una hora de actividad física al día, pero si estamos en la pantalla, tenemos más sedentarismo”.

Con ello, la investigadora señaló que el uso constante de estos dispositivos también modifica hábitos cotidianos esenciales, pues el consumo de contenidos durante las comidas dificulta que las personas presten atención a las señales de hambre y saciedad, mientras que la publicidad personalizada expone a niñas, niños y adolescentes a mensajes que pueden normalizar conductas de riesgo, incluido el consumo de sustancias.

Asimismo, Weinberg advirtió que las pantallas desplazan otras experiencias indispensables para el desarrollo social y emocional. La convivencia cara a cara, el aprendizaje sostenido, la exploración de intereses personales y la construcción de una identidad propia se ven afectadas por un entorno dominado por el scroll infinito, las notificaciones y algoritmos que tienden a homogeneizar los contenidos que reciben millones de adolescentes.

“Es una etapa clave para descubrir quién soy y desarrollar mi propia identidad. Eso se dificulta cuando vivimos en experiencias donde todos los algoritmos están homogeneizados y todas y todos estamos viendo lo mismo”, concluyó la especialista.

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México analiza regulación de redes y plataformas digitales

La discusión sobre una posible regulación de las redes sociales y las plataformas digitales en el país comenzó a tomar forma el 30 de junio de 2026, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció por primera vez, durante su conferencia matutina, la creciente preocupación por los efectos que dichos entornos digitales tienen en niñas, niños y adolescentes.

En aquella ocasión, la primera mandataria planteó que el debate no solo debe centrarse en el tiempo de uso de las plataformas, sino también en la concentración del poder que ejercen las empresas tecnológicas sobre la vida digital de millones de personas. “¿Quién controla estas plataformas? ¿Cuántas personas son dueñas de las redes sociales? ¿Cómo se concentra ese poder?”, cuestionó.

Estas interrogantes coinciden con una discusión que ha cobrado fuerza en los últimos años entre especialistas en economía digital y tecnología. Ya autores como Yanis Varoufakis han utilizado el concepto de “tecnofeudalismo” para describir un escenario en el que un reducido número de corporaciones controla la infraestructura digital, los algoritmos y los principales espacios de interacción social en internet, con lo que se concentra un poder económico y político sin precedentes.

En la actualidad, buena parte de dicho ecosistema digital se encuentra dominado por un pequeño grupo de empresas encabezadas por Elon Musk –propietario de X–, Mark Zuckerberg –director ejecutivo de Meta–, Larry Page –principal accionista de Alphabet–, así como los líderes de Apple, Amazon, Microsoft y ByteDance, cuyos servicios concentran miles de millones de personas usuarias en todo el mundo.

Sin embargo, pese al creciente consenso científico sobre los riesgos que estos entornos representan para la salud mental y el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, la regulación avanza de forma desigual. Hasta ahora, únicamente 114 países han adoptado algún tipo de medida para establecer límites o alguna responsabilidad a las plataformas digitales, mientras el debate continúa abierto sobre el equilibro entre la protección de los derechos de las infancias, la libertad de expresión y el poder que concentran las grandes empresas tecnológicas.

En ese contexto se inserta la discusión que inició el gobierno mexicano. Aunque el debate suele asociarse con la prohibición del uso de teléfonos celulares en las escuelas, los especialistas convocados por la Secretaría de Educación Pública (SEP) coincidieron en que cualquier regulación resultaría insuficiente si no se acompaña de una estrategia integral de alfabetización digital, investigación científica y corresponsabilidad de las plataformas tecnológicas.

En este sentido, el representante de la UNESCO en México, Andrés Morales Arciniegas, sostuvo, en la conferencia presidencial realizada el pasado 20 de julio, que la finalidad de la regulación debe ser formar ciudadanos con pensamiento crítico capaces de comprender el funcionamiento de los algoritmos, las plataformas y la inteligencia artificial. Con ello, planteó la necesidad de ampliar la investigación en el contexto mexicano, pues buena parte de la evidencia disponible proviene de otros países.

Por su parte, la doctora Cimenna Chao Rebolledo, especialista en psicología educativa y del desarrollo, advirtió, durante la misma conferencia presidencial, que la prevención no puede limitarse a restringir el tiempo frente a las pantallas. Para ella, es indispensable fortalecer la literacidad digital desde una perspectiva crítica y socioemocional, recuperar espacios de convivencia y juego libre en las escuelas, promover hábitos de higiene digital en hogares e incorporar principios de ética del cuidado en el diseño de las plataformas para proteger a niñas, niños y adolescentes frente a mecanismos algorítmicos que favorecen la dependencia o la difusión de información engañosa.

A estas declaraciones se sumaron las de la primera mandataria, quien enfatizó que la finalidad de la regulación no es emprender “una cruzada” contra la tecnología, sino construir una regulación sustentada en evidencia científica y en un amplio consenso social. “No se trata de regular por regular, sino que más bien entre todas y todos lleguemos a un acuerdo”, sostuvo.

“Nosotros queremos que esta no sea una idea del gobierno hacia la sociedad, sino que se construya un consenso para poder regular la inteligencia artificial y, sobre todo, las plataformas. Que se utilice el conocimiento científico que hoy se tiene de cómo genera adicción; de cómo utilizarlo en la noche antes de ir a dormir provoca efectos en el sueño, a niñas y niños más, pero también a los adultos”, puntualizó la presidenta Sheinbaum, en su conferencia del pasado 20 de julio.

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