México está obligado por su Constitución a oponerse a las intervenciones. Hoy somos testigos: Estados Unidos ataca a Irán; asesina a su líder, el ayatola, Jameneí, y a miembros de su familia; apoya el genocidio sionista en Palestina y Líbano; agrede Venezuela, donde secuestra al presidente Maduro y a la diputada Cilia; bombardea embarcaciones en el Caribe; bloquea energéticamente a Cuba, aplicando una política genocida.
Además, reprime brutalmente a los migrantes en su país y a quienes les apoyan, empleando hasta el asesinato. Por todo ello, nuestro país está obligado a deslindarse de estos crímenes del vecino del norte.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 89º fracción X manda observar “la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.
México es un país que se ha caracterizado por ser solidario con otros pueblos. Ha condenado a los fascistas: Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, al régimen del apartheid de Sudáfrica. Históricamente, ha levantado la voz en defensa de los pueblos. Esa ha sido nuestra tradición, incluso en 1961, nuestro país se negó a romper relaciones con Cuba, tal como ordenaba Washington.

En la Segunda Guerra Mundial, en la que éramos, aliados de Estados Unidos, el ejército yanqui trató de introducirse en territorio mexicano en 1941 y 1942, con el pretexto de la seguridad y la ayuda, ante ello, el general Lázaro Cárdenas, que era entonces Secretario de la Defensa Nacional, se opuso a que entraran tropas gringas a nuestro país.
Querían ingresar a Bahía Magdalena y a Santa Rosalía en Baja California, así que movilizaron a la población y lo impidieron con valentía. Además, rechazó la ayuda técnica estadunidense para la construcción de campos aéreos, argumentando que México podía hacerlo solo. Él tenía claro el peligro de dejar ingresar a nuestro territorio a las fuerzas armadas de aquella nación.
Sin embargo, décadas después, vino el retroceso con el neoliberalismo y el neocolonialismo, implementado por Carlos Salinas de Gortari, quien comenzó la “integración” a Norteamérica.
Primero fue la integración económica a través del Tratado de Libre Comercio; luego la integración política, al introducir la “alternancia” y el modelo bipartidista típico estadunidense, donde se turnan demócratas y republicanos en el poder.
Posteriormente, el Prian comenzó la integración militar de México. El 23 de marzo de 2003, en Waco, Texas, los presidentes de México, Estados Unidos y Canadá: Fox, Bush y Martin, firmaron la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN).
Con ella, fusionaron la seguridad de los tres países y comenzaron a sujetar a nuestras fuerzas armadas a disposiciones del Comando Norte de Estados Unidos, que busca colocar bajo el control del Pentágono a las fuerzas armadas desde Alaska hasta el sur de Chiapas, pasando por Puerto Rico y las Bahamas, según su documento fundacional.
La integración/subordinación fue profundizándose con Felipe Calderón, quien por vez primera incluyó a México en maniobras militares en Mayport, Florida, en 2009.
Anteriormente, l 28 de agosto de 1960, el imperio estadunidense comenzó sus maniobras militares UNITAS, de cara a la contención de la Revolución Cubana y del descontento popular en Latinoamérica y el Caribe.
Desde entonces, la Armada de Estados Unidos ha realizado ejercicios militares en Latinoamérica, con el apoyo de países como Brasil, Argentina, Chile, etcétera, que tuvieron largos períodos de dictadura. México jamás participó en estas maniobras hasta que Obama le pidió a Calderón la participación de la Armada mexicana en estos ejercicios militares. El presidente espurio aceptó. De esa manera, violó la Constitución Mexicana.
Además, establecieron la Oficina Binacional en avenida de Reforma 256, donde comenzaron a actuar las agencias estadunidenses de inteligencia militar, como la DIA, NSA, NRO, la CIA, la DEA, la ATF, el ICE y otras. Además se autorizó el sobrevuelo de drones sobre nuestros cielos.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se intensificó la integración militar con entrenamientos, ejercicios conjuntos y vuelos militares estadunidenses en territorio mexicano, así como actividades de asesoría y capacitación.
Hubo presencia militar yanki en el Estado de México, Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León, Sinaloa y Jalisco. Se registraron alrededor de 1 mil 200 vuelos en México durante ese periodo, con el pretexto de actividades de inteligencia y entrenamiento.
México continuó participando en las maniobras UNITAS durante el sexenio de Peña Nieto y se integró a las maniobras organizadas y financiadas por el Comando Sur, denominadas “Tradewinds”, centradas en la “seguridad del Caribe”.
Pero, ¿cuál es su objetivo? La generala Laura Richardson, Jefa del Comando Sur, declaró en eventos y entrevistas, que América Latina y el Caribe son estratégicos para Estados Unidos por sus recursos naturales.
Petróleo, gas, oro, minerales críticos, 31 por ciento del agua dulce, 30 por ciento de las tierras agrícolas y más del 50 por ciento de la soja global; además, el 60 por ciento del litio mundial está en el triángulo Bolivia, Argentina y Chile. De este modo, Richardson califica a la región como estratégica y esencial para la seguridad nacional y la economía estadunidense.
Además, la comandante calificó a Rusia, China e Irán como amenaza directa a las democracias de la región. En entrevista con The Atlantic Council, habló de que son peligros estratégicos para la región, que son adversarios, que amenazan la estabilidad en América Latina y que contaban con el apoyo de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que con sus alianzas militares han intensificado la inestabilidad.
Desgraciadamente, años después, el gobierno mexicano permitió los ejercicios militares “Tradewinds 2022” del Comando Sur no solo en el extranjero, sino ¡En territorio mexicano!
En octubre de 2021, Richardson resaltó el papel “protector” que va a ejercer este país. Ello, porque son “buenos vecinos” y deben “cuidar el uno al otro”. Esto “obliga” a Washington a hacerse cargo de la lucha. Usan el pretexto de ayudar para intervenir y controlar. Desde entonces nos preguntamos: ¿Qué hace México en maniobras con el Comando Sur?
Por cierto, el 24 de marzo de 2022, el jefe del Comando Norte de la Unión Americana, Glen VanHerck, afirmó que le preocupaba la amenaza en México de las actividades desestabilizadoras de China y Rusia, lo que ponía en “peligro la seguridad nacional estadunidense”; esto, durante una audiencia con un comité del Senado estadunidense.
Asimismo, Peña Nieto nos integró a maniobras con el Comando Norte y con la guardia costera estadunidense, en las maniobras NAMSI GOMEX, para “proteger el derecho del mar”.
El acuerdo fue firmado por Vicente Fox en el marco del ASPAN, pero fue en 2017 cuando se registraron ejercicios en Tampico, en Manzanillo (2018), en Puerto Chiapas (2020) y en Cozumel (2022).
De manera oprobiosa, el 21 de abril de 2024, se realizaron maniobras en Texas para recordar el 110 aniversario de la defensa heroica del puerto de Veracruz ¡Ante el invasor yanqui!
¿Qué nos van a enseñar sobre el derecho del mar, cuando bloquean a Cuba, acribillan a la tripulación de barcos en el Caribe, secuestran y roban barcos petroleros en aguas internacionales?
Antes de terminar su gobierno, en noviembre de 2018, Peña incluyó a México en la Mesa Redonda de Cooperación Bilateral Militar (BMCR por sus siglas en inglés) entre México y Estados Unidos en Colorado Springs para alinear a la Sedena/Semar y el Comando Norte, con el pretexto del combate al narcotráfico.
La supuesta guerra contra las drogas es una excusa de Washington para intervenir en las naciones cuando ellos son los responsables. Ellos compran las drogas y las distribuyen a lo largo y ancho de un territorio cinco veces más grande que México. A pesar de que tienen 19 agencias de inteligencia, el negocio sigue. Allá sus bancos lavan más de 700 mil millones de dólares de droga.
Ellos fundaron los primeros laboratorios de cocaína en Sudamérica y de crack en Estados Unidos. El negocio se mantiene con la complicidad de la DEA, la CIA, el Pentágono y el FBI. El ejército estadunidense disparó el mercado de heroína desde Vietnam durante la invasión al país asiático, y del opio desde Afganistán.
En Estados Unidos fabrican las armas y las venden a los cárteles de la droga. Durante 50 años de supuesta “guerra contra el narcotráfico”, no ha dejado de crecer, pues es uno de los pilares de la economía del vecino. Entonces, la lucha contra la droga es solo un pretexto para intervenir y controlar, además de un gran negocio.
La integración militar, impulsada por el PRI-PAN, que nos llevó a participar en maniobras militares con Estados Unidos en el extranjero, siguió avanzando, pero ahora en territorio mexicano: del 7 al 21 de mayo de 2022, se dieron las maniobras militares Tradewinds, en Quintana Roo. Fueron dirigidas por el Comando Sur y la Armada de México.
En 2024, el gobierno de México autorizó el ingreso de militares estadunidenses con armamento para capacitar a tropas mexicanas en Temamatla y San Miguel de los Jagüeyes, en Santa Gertrudis, Chihuahua, y posteriormente en Valle de Bravo.
En los últimos años, hubo entrenamiento, intercambios, coordinación, cooperación en inteligencia y logística, ejercicios en Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, y Veracruz. Ahora se pretende, en 2026, la participación de militares de México en tres maniobras en Estados Unidos –Mississippi, Virginia y Nueva York–, además de los ejercicios que dirige su Comando Sur en Panamá, Antigua y Barbuda.
Los convenios son anunciados como una forma de fortalecer la relación bilateral para consolidar la amistad y cooperación entre México y Estados Unidos. ¿Amistad? Cuando reprimen a los mexicanos en su territorio, tildándolos de criminales y violadores.
También, hablan de capacitación en derechos humanos, ellos que separan a las familias y les niegan los derechos humanos a millones de personas migrantes. ¿Se llenan la boca con discursos de seguridad? Cuando son quienes amenazan con invadirnos.
Parlotean de capacitación en materia de prácticas de combate, de rescate, ejercicios de tiro y ejercicios de infiltración de caída libre, así como bombardeo aire-tierra… ¿Acaso nos quieren capacitar para bombardear países como Irán, secuestrar presidentes, asesinar líderes, bombardear hospitales, viviendas y escuelas o instalaciones eléctricas?
De igual manera, predican sobre el intercambio en inteligencia. ¿Para qué? Con el fin de que el ejército y la marina estadunidenses conozcan palmo a palmo nuestro territorio, nuestro ejército, sus instalaciones, sus capacidades y debilidades, además de tener información privilegiada que van a usar en contra nuestra.
Y sermonean sobre adiestramiento en temas como “proporcionar asistencia humanitaria”… ¿Cuándo bloquean a Cuba para que no entre el petróleo? Y en derechos de género, cuando las principales víctimas de sus guerras y políticas represivas son niñas y mujeres.
¿Qué derechos de género nos van a enseñar quienes bombardearon una primaria de niñas en Miyab, Irán? ¿De qué derechos hablan cuando Donald Trump declara que él no reconoce el derecho internacional?
Debemos abrir los ojos, recordar la historia y que el trágico presente nos alerte. Que no nos enreden en los planes de guerra de Estados Unidos, de quienes nos amenazan con invadirnos. México debe defender, hoy más que nunca, su soberanía y vocación de paz.
¿Vamos a abrirle las puertas y colaborar con quienes nos han invadido 11 veces? Nos quitaron más de la mitad del territorio y han insistido en la opción de invadirnos desde hace cinco años. Un país que, de 1982 a 2019, ha promovido 350 golpes de Estado; 150 fueron exitosos.
Orquestó el golpe y asesinato del presidente Francisco I Madero; posteriormente la muerte del presidente Venustiano Carranza, movimientp pensado por las compañías petroleras.
Estados Unidos es un país que, desde hace 200 años, cuando llegó su primer embajador a México, Joel Roberts Poinsett, ha impulsado una política injerencista, fomentando divisiones internas. Tuvieron trágicas consecuencias para la nación mexicana.
El objetivo estadunidense a lo largo de las últimas cinco décadas ha sido integrar –o anexar– a Canadá y México como parte de su seguridad interna y como base territorial propia que le sirva de plataforma en su lucha por mantener la hegemonía de su imperio.
El objetivo –no declarado– a largo plazo es disponer de bases militares y plataformas para su programa de misiles en nuestro territorio y disponer de nuestros jóvenes para las guerras que prepara en el orbe.
Y, desde luego, pretenden aprovechar nuestros diversos recursos, en particular los energéticos. Estados Unidos nos quiere subordinar a sus planes. Es de preocuparse y más a la luz de las últimas acciones de Washington, que han llevado al mundo cerca de la colisión nuclear.

La Constitución mexicana establece que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Las fuerzas armadas están al servicio de la nación mexicana, no de intereses externos.
La Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos ordena que su primera misión es defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación. Según el artículo 76, fracción III, no puede existir subordinación a un mando extranjero sin violar la soberanía.
No debemos subordinarnos a las acciones militares de Estados Unidos ni a su aparato de guerra. La Constitución lo prohíbe. El pueblo de México quiere paz.
Llegó la hora de revertir las políticas neoliberales y neocoloniales que nos impuso el Prian. Deben ser erradicadas para desarrollar una nueva política de defensa de la soberanía nacional, económica, política y militar.
Debemos romper los tratados que obstaculizan nuestra plena independencia y nos exponen a un grave peligro. ¡No, no, no nos da la gana ser una colonia estadunidense! ¡Sí, sí, sí nos da la gana ser una nación libre y soberana!
Pablo Moctezuma Barragán*
*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social



















