1789-1848

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Eric Hobsbawm, recreador de la historia con acento en las revoluciones

El historiador Eric Hobsbawm (1917-2012) lo es en el sentido del kantiano Robin G Collingwood (Idea de la historia y Ensayos sobre la filosofía de la historia). Fue un trabajador incansable para plantear preguntas y respuestas que hacen de la historia no un hecho congelado, sino un fenómeno para recrearlo como el pasado del presente. Y no para hacer juicios sumarios, sino para alumbrarnos y no extraviarnos en el reinicio constante de la historia que no se repite, por más semejanzas que encontremos. El método kantiano nos presenta la creación humana, individual y colectiva, como un problema a resolver por la investigación como conocimiento de las grandezas y miserias humanas, con respuestas que no son definitivas y menos absolutas. Y que historiadores como Eric John Ernest Hobsbawm proponen para discutir y encontrar respuestas a lo que la humanidad ha creado como técnica, literatura, derecho, ciencia; revoluciones, conflictos religiosos; política, música, etcétera. El objeto de conocimiento de la historia son las creaciones humanas, desde Heródoto… a Hobsbawm, cuyas investigaciones son un manantial que refresca la memoria histórica. Su obra pasa de los 40 libros, donde predomina la calidad sobre la cantidad.

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.