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Inegi maquilla cifras de desempleo

La cifra reportada por el Inegi maquilla la realidad nacional. Un reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM revela que en el país hay 300 por ciento más desempleados que la cifra reportada por el organismo “autónomo”, que apenas alcanza los 2 millones de “desocupados”

Sin revés, desempleo en México

La cifra reportada por el Inegi maquilla la realidad nacional. Un reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM revela que en el país hay 300 por ciento más desempleados que la cifra reportada por el organismo “autónomo”, que apenas alcanza los 2 millones de “desocupados”

Déficit de 34 millones de empleos dignos

Más de 26 millones de personas en la economía informal y 8 millones de desempleados, el panorama laboral dejado por Felipe Calderón y que en cuatro meses del nuevo sexenio no ha comenzado a revertirse. Durante el sexenio calderonista y lo que va de la gestión de Enrique Peña Nieto el empleo informal ha constituido más de la mitad de la población “ocupada”, informa el CAM

Asistencialismo profundiza desigualdad en México

México ocupa el segundo lugar dentro del grupo de países miembros de la OCDE con las desigualdades económicas más grandes, después de Chile. Sin esquemas de distribución de la riqueza se continuará profundizando la desigualdad y engrosando las listas de Forbes

Oficialmente, se destinaron 72 mil pesos mensuales para cada pobre

En 42 años el gobierno federal ha destinado más de 2 billones de pesos en programas de combate a la pobreza. No obstante, el fracaso de la política fincada en los subsidios se ha hecho patente: hoy existe un 55 por ciento más pobres que en 1970. De entregarse la suma directamente a cada persona en situación de pobreza, le habrían correspondido más de 72 mil pesos mensuales durante 42 años, afirma el Centro de Análisis Multidisciplinario

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Tendencias

La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.

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La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.