Costanzo

Arriba

¿Cambio de piel y de nombre al PRI?

Es célebre el refrán no es bueno cambiar de caballo a la mitad del río. Tal vez originada en la respuesta de Abraham Lincoln para aceptar su segunda postulación, en 1864, a la Presidencia de Estados Unidos –entonces ya consolidados–, y una vez resuelta la guerra entre el Norte y el Sur, que devendría en la emancipación de los negros, gracias al apoyo del pueblo a la propuesta de Lincoln para la liberación de quienes, hasta Martin Luther King, llevaron hasta sus últimas consecuencias la lucha contra la discriminación racial y la esclavitud. Éste dijo: “Recuerdo la historia de un viejo granjero holandés que, en cierta ocasión, comentó que en medio del arroyo era preferible no cambiar de cabalgadura” (Ensayos, discursos y cartas de Abraham Lincoln; editorial Pax. Recopilación, introducción y comentarios de Don E Fehrenbacher).

en Tendencias

Tendencias

La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.

Ahora en vivo

Contralínea en vivo

La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.