Un asunto de rendición y entreguismo

Un asunto de rendición y entreguismo

Mientras el país se desangra en una guerra intestina inútil, cuando la mayor parte de los mexicanos implora que haya paz, Felipe Calderón reitera su decisión absurda de mantener un estado de cosas inaceptable que está generando una inestabilidad que pone en alto riesgo el futuro de la nación. A pesar de que la escalada de violencia se ha recrudecido, en la medida que la fuerza del gobierno federal se acrecienta en el territorio nacional, sigue terco en mantener a las tropas en las calles, con resultados contraproducentes. Vale la pena preguntarse por qué semejante actitud, cuando lo razonable y conducente debería ser enfocar la capacidad del Estado a la puesta en marcha de medidas correctivas de las causas estructurales del fenómeno.

Cada vez hay más evidencias de que tal manera de “gobernar” obedece a designios ajenos a los intereses nacionales. Ya quedó muy claro, incluso para quienes no lo querían ver, que el gobierno estadunidense está decidido a mantener su liderazgo al precio que sea, sin importar las consecuencias. Se demostró, por si hiciera falta, que la población mayoritaria de la nación vecina está imbuida de un patriotismo que raya en lo irracional. Le fascina saber y constatar que su país es el más poderoso del planeta, como quedó de manifiesto luego de que la Casa Blanca informó sobre el homicidio de Osama bin Laden.

Con esa lógica, no es descabellado suponer que aplaudirían a rabiar la anexión de México, con el pretexto de que sólo así estarían a salvo del terrorismo. Suena absurdo, pero es bastante creíble en vista de que son ya más de dos décadas de vigencia de una estrategia de comunicación tendiente a justificar la intervención de tropas estadunidenses en suelo mexicano, cada vez más debilitado por el poderío del crimen organizado, según su perspectiva. De ahí que las palabras de Calderón, dichas en la ceremonia conmemorativa de la Batalla del 5 de mayo de 1862, más que decirlas a otros debió pronunciarlas frente a un espejo. Él debería anteponer los intereses de la patria antes que los de su partido y no eludir responsabilidades, como demandó a los gobernadores.

Afirmó que “no está a la altura de nuestro legado histórico la opción de rendirse y entregar el país”. Sin embargo, lo está haciendo a marchas forzadas al eludir su responsabilidad de frenar las presiones de la Casa Blanca para que se mantenga una guerra sangrienta cuyas terribles consecuencias lo abarcan todo, sin que haya un mínimo avance en el debilitamiento del crimen organizado. De ahí que sea un contrasentido monumental pedir “comprensión y apoyo” a su guerra fratricida. Sería tanto como aplaudir al verdugo que nos está cortando en pedazos.

Ciertamente, “todos nos sentimos entristecidos y ofendidos por la agresión de los criminales”, sólo que éstos no son los que dice el inquilino de Los Pinos, sino los que, en aras de crear un clima propicio a la justificación de una intervención extranjera directa, están matando a diestra y siniestra a mexicanos que no tienen nada que ver con el crimen organizado. Cabe preguntarse por qué se le echó tierra al asunto del operativo Rápido y Furioso, llevado a cabo por una agencia del gobierno estadunidense, mediante el cual se introdujeron a México más de 2 mil armas sumamente mortíferas. ¿Cuántos operativos como ése no se habrán puesto en marcha antes de que se descubriera, gracias a que uno de sus propios agentes fue asesinado con una de esas armas?

En efecto, nos sentimos muy entristecidos y ofendidos, pero por lo que está ocurriendo en el país, ocasionado por el propio gobierno federal, principalmente por una guerra que no persigue una victoria sobre el crimen organizado, sino meter al país en la geopolítica imperialista de Estados Unidos, tarea estratégica que dio magníficos resultados, para ellos, en lo económico, como lo demuestran los hechos. Somos ahora el país en el mundo más dependiente de la economía estadunidense. No somos dueños de nuestros principales recursos, por lo que se toman medidas tan absurdas como la de comprar 100 toneladas de lingotes de oro, con un valor de cerca de 5 mil millones de dólares, cuando somos uno de los principales productores del metal a nivel mundial, sólo que las minas donde se extrae son explotadas por extranjeros, estadunidenses y canadienses, principalmente. Igual como sucede con el petróleo.

Y aun así, Calderón pide no entregar el país, cuando ya está casi totalmente entregado, motivo por el que la Casa Blanca presiona a todas horas, pues considera que todavía faltan bienes que, considera, deben entregársele. ¿Cómo, pues, supone que se le puede apoyar en su estrategia entreguista? ¿Cómo exige comprensión a la toma de decisiones que afectan brutalmente a la inmensa mayoría de mexicanos?

*Periodista

Fuente: Contralínea 233 / 15 de mayo de 2011

Sheinbaum acusa a Calderón de “entreguista” por pedir intervención de EU contra reforma judicial en conferencia en Washington
Destacada

Calderón planeó que en 2030 mexicoamericanos gobernaran nuestro país

Tras el fraude electoral de julio de 2006, Felipe Calderón ideó un plan transexenal al que llamó “México 2030. Proyecto de Gran Visión”, en el que delineó la ruta para la entrega total del país a los intereses estadunidenses. En el capítulo 5 se plantea que nuestra nación sería gobernada por “mexicoamericanos” y se habrá “integrado” a América del Norte. Los objetivos: políticas públicas dictadas directamente desde Estados Unidos, creación “instituciones compartidas”, subordinación de las Fuerzas Armadas mexicanas para que intervinieran en conflictos internacionales por la “seguridad hemisférica”, abandonando con ello el principio de la no intervención. Además, establecía una ruta para abandonar el concepto de “soberanía”. Según ese plan calderonista, el desarrollo del país no debería ser del tipo BRIC (Brasil, Rusia, India, China). Ahora, la presidenta Sheinbaum promueve una iniciativa para impedir que a la Presidencia de la República accedan personas con doble nacionalidad, misma que hoy fue aprobada en lo general por la mayoría en la Cámara de Diputados

Saber más »
Artículo

México registra hallazgos relevantes en minerales estratégicos

La minería fue uno de los sectores en los que la economía mexicana renunció a la soberanía y a la presencia de empresas estatales durante los gobiernos neoliberales. Desde los cambios hechos a la Ley Minera en el sexenio de Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto, las empresas privadas se llevaron enormes cantidades de minerales y metales preciosos, y nos dejaron los desastres derivados de dicha actividad: derrames tóxicos, contaminación de ríos y las consecuencias para la población mexicana que es la que padece la actividad minera.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo