Las operaciones sicológicas contra periodistas

Las operaciones sicológicas contra periodistas

Los periodistas mexicanos viven retos de una gravedad sin precedentes en la historia reciente de su profesión.
 
Decenas de ellos han sido asesinados o desaparecidos en el país entre 2006 y 2011. Cerca de 12 tuvieron que salir de éste y pidieron refugio o exilio en otros países. Cientos han sufrido amenazas de muerte, han sido secuestrados o están afectados emocional y profesionalmente por el daño ocasionado a sus colegas.
 
Ciudades enteras han sido silenciadas por la delincuencia organizada que no sólo impone el mutismo, sino además promueve y logra la publicación de datos o rumores que afectan a sus enemigos dentro y fuera del gobierno.
 
Los periodistas, sobre todo aquellos que trabajan para medios locales en los estados, están expuestos a sobornos, presiones e intentos de extorsión por parte de bandas del narcotráfico. Algunos de ellos han sucumbido a esas presiones y están cooptados por grupos criminales.
 
Lejos de ser casos aislados, estas agresiones parecen estar integradas a una estrategia general de grupos de poder, de origen gubernamental o no gubernamental, cuyo objetivo es acotar las voces periodísticas, eliminar la libertad de expresión y reducir el alcance e impacto potencial del trabajo periodístico y de los medios en los que los informadores trabajan.
 
En algunos casos, las intimidaciones, amenazas de muerte y agresiones no han devenido en el asesinato, pero han causado graves alteraciones en la vida y el trabajo de los periodistas, pues ellos y sus organizaciones han tenido que utilizar muchas horas de su trabajo para la prevención de ataques en contra de su integridad física, así como la modificación de su línea editorial con tal de disminuir los riesgos para el periodista y sus colegas, como también para la propia existencia de la empresa editorial.
 
Los efectos de las amenazas sistemáticas van más allá de los ámbitos profesionales del trabajo y trascienden hasta la esfera personal y familiar. Existen evidencias de que las agresiones contra los periodistas pueden afectar gravemente la integridad sicológica de las personas que pertenecen a su círculo inmediato (jefes, colegas, amigos o familiares).
 
Desafortunadamente, en la mayoría de los casos la agresión provoca una desorganización de los periodistas, la suspensión de su trabajo, la reducción de su esfera de influencia, además del daño a la capacidad para ejercer la profesión después de las medidas de fuerza en su contra.
 
En el fondo, las agresiones recientes se ubican más en un contexto de violencia planificada que los expertos en la guerra califican como operaciones sicológicas.
 
Uno de los objetivos principales de la guerra sicológica se enfoca en el  quebrantamiento de la voluntad –en este caso, del periodista–, para luchar contra el enemigo. Dado que la doctrina militar y, por supuesto, la de las instituciones de inteligencia, consideran a los organismos no gubernamentales como posibles entidades “fachada” de organizaciones insurgentes, los defensores de derechos humanos suelen ser situados dentro del campo de las amenazas a la seguridad del Estado.
 
Lo mismo sucede con los medios de comunicación que frecuentemente son considerados como una caja de resonancia de grupos insurgentes o delictivos y, por lo tanto, como parte de las amenazas a la seguridad nacional. Las mismas organizaciones criminales ven a los periodistas como posibles enlaces de los grupos rivales o como espías del gobierno.
 
La intimidación forma parte sustancial de este concepto de enemigo y es uno de los medios principales en la estrategia de guerra sicológica. La erosión de la voluntad individual y colectiva para ejercer la libertad de expresión y practicar el periodismo es el objetivo fundamental de una operación de guerra sicológica que se despliega a través del uso de la violencia, de la simple amenaza de uso, o de una combinación de ambas.
 
A través de la amenaza de muerte, los grupos de poder, sean criminales, privados, gubernamentales o una mezcla de estos, intentan conseguir el quebrantamiento de la voluntad del periodista al menor costo posible mientras se aumentan al máximo los efectos de la operación.
 
La amenaza es al mismo tiempo una operación de propaganda, es decir, el uso planificado de cualquier forma de comunicación diseñado para modificar el pensamiento, las emociones y las acciones de un grupo determinado con un objetivo específico.
 
El diseño de esta operación incluye la definición precisa del objetivo, de la audiencia a la cual se destina el mensaje, de la credibilidad de éste y de una forma confiable de comunicación o diseminación. Por eso existe el riesgo de que la amenaza sea cumplida.
 
Si el amenazador busca explotar su acción y maximizar sus efectos, entonces debe de lograr que su mensaje sea creíble, y eso puede incluir el uso de la violencia. La eficacia de la amenaza tiene a su vez efectos contradictorios, pues al mismo tiempo la violencia puede aumentar los costos de la operación. Éstos incluyen el desprestigio inmediato que resulta del uso abusivo de la fuerza contra un periodista y su organización.
 
Las respuestas de la víctima de la amenaza pueden “encarecer” o “abaratar” la operación intimidatoria. Los riesgos que enfrenta ésta pueden aumentar si oculta el hecho de que ha sido amenazada, permanece aislada y su “miedo racional” se transforma en un estado de “ansiedad irracional”.
 
Autores como Boaz Ganor, experto israelí en la lucha contra el terrorismo, consideran que esta “ansiedad irracional” es uno de los fines intermedios del terrorismo: “Mediante la magnificación de la amenaza, haciendo parecer que la muerte violenta está a la vuelta de la esquina, los terroristas esperan amplificar la ansiedad de la víctima hasta el punto en que pierde el sentido de proporción. El terrorismo es una guerra sicológica pura y simple que busca aislar al individuo de su grupo, fragmentar la sociedad en muchos individuos atemorizados que se esconden en sus casas y se vuelven incapaces de seguir su vida cotidiana”.
 
Sin embargo, la aplicación de estas operaciones sólo puede tener un éxito relativo sobre el individuo si su condición emocional está mermada y no logra en el corto plazo restablecer un equilibrio emocional suficiente para continuar con su trabajo y emprender la defensa de su integridad.
 
Lo importante para el periodista es encarecer su profesión, aumentar su condición ética, crear apoyos amplios para aumentar el costo de agredirlo. Mientras éste y su organización tengan más conocimiento del contexto de su propio trabajo profesional, de la naturaleza y posible origen de las operaciones sicológicas en su contra –además de contar con redes cada vez más amplias de solidaridad–, mayor será el costo de agredirlo y menor será el impacto sicológico negativo que reciba.
 
*Especialista en Fuerzas Armadas y seguridad nacional, egresado del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa, de la Universidad de la Defensa Nacional en Washington
 
 
[TEXTO PARA TWITTER: Operaciones sicológicas contra periodistas en México. Grupos de poder minan trabajo periodístico]
 
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