Desde Esparta hasta Washington: “El espionaje y el contraespionaje”

Desde Esparta hasta Washington: “El espionaje y el contraespionaje”

“Observar algo o a alguien con atención, con continuidad y/o con disimulo, con algún interés. Hacerlo así por encargo de otra persona y para comunicar a ésta lo observado. Particularmente observar al servicio de un país lo que pasa en otro, u observar por cuenta del enemigo. Seguir los pasos…”, es la definición de mi asesora María Moliner respecto al espionaje. En la conjugación de este verbo, espían los detectives, las esposas o los esposos; los empresarios lo hacen entre sí. Los vecinos de una calle a través de las cortinas. Se llegó a espiar por las cerraduras cuando alguien se desnudaba. Se espía desde la época de las cavernas hasta hoy día. En el tomo seis de los 10 de los que consta la Enciclopedia internacional de las ciencias sociales, viene el ensayo Servicios de información política y militar, “como sinónimo de espionaje” (Harry Jowe Ranson, ediciones Aguilar). Existen novelas y películas sobre el espionaje y el doble espionaje: quien sirve a dos amos y a veces queda mal con uno o con los dos, y pillado sufre las consecuencias o lo cambian de embajada, ya que éstas son las clásicas guaridas del espionaje entre Estados…

Jean-Pierre Alem escribió un buen libro sobre el tema: El espionaje y el contraespionaje, con traducción de David Huerta, donde ha “… resumido los métodos y las características del espionaje”. Sus 100 páginas tienen un listado sobre grandes casos de espionaje y textos sobre criptografía. Una bibliografía sobre historia, técnicas, contraespionaje y los servicios especiales estadunidenses (que espían desde 1800), franceses, ingleses, alemanes, soviéticos, chinos, árabes, israelitas. Se han contratado presidentes y altos funcionarios para espiar en sus propios países. Luis Echeverría, espiaba para Washington. Vicente Fox y Felipe Calderón pasaban información en reuniones secretas, tanto como Enrique Peña, para acordar la venta-privatización de Petróleos Mexicanos. El Centro de Investigación y Seguridad Nacional y las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina ¡espían a los ciudadanos! Y con la expresión pájaros en el alambre se designa al espionaje telefónico.

El texto recorre el espionaje de la antigüedad y los métodos tradicionales y modernos para espiar: aéreo, satelital, submarino, robótico. Hay métodos para protegerse (casi siempre inútiles); o tintas invisibles como escribir con jugo de limón, que al pasar una flama por debajo del papel aparecen las palabras. Espionaje privado, contraespionaje, agentes dobles. Nos espiamos unos a otros. Espían los hombres del dinero, los capos de las drogas; las mamás a sus hijas, éstas a sus novios y viceversa. El espionaje formal requiere “tres fases: la adquisición, la transmisión y la protección de la información”. Se espía al ver, al oír, robar documentos, tomar fotografías, recopilar huellas, etcétera. Y no es recomendable espiar a la esposa, sobre todo si uno es el último en enterarse. El espionaje siempre está de moda, “nació al mismo tiempo que el secreto”, y dicen que las mujeres no pueden guardar un secreto: lo divulgan con el “no se lo cuentes a nadie ni digas que yo te lo conté…”. Este libro nos entera de cómo, desde que el hombre espió a los animales para cazarlos hasta nuestros días, el espionaje es recurrente en todas las escalas de la insociable-sociabilidad de la humanidad, principalmente entre gobernantes hacia sus gobernados.

Ficha bibliográfica:

Autor: Jean-Pierre Alem

Título: El espionaje y el contraespionaje

Editorial: Fondo de Cultura Económica, colección Breviarios, 332

*Periodista

 

 

Contralínea 379 / 30 de marzo al 5 de abri

 

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