Rusia-Estados Unidos: entre obstáculos y contradicciones

Rusia-Estados Unidos: entre obstáculos y contradicciones

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Moscú, Rusia. Los nexos entre la Rusia de Vladimir Putin y el Estados Unidos de Donald Trump se transformaron en apenas un semestre: de un esperado camino hacia el acercamiento y la cooperación en varios temas a la confrontación.

candadoEl problema se inició con el propio Trump, culpable del brusco giro, cuando expresaba sobre sus intenciones de cambiar la política exterior de Estados Unidos, de evitar las injerencias en los asuntos internos de otros Estados y de acercarse a Rusia.

Pese a ello, la primera en dar la clave de lo que podría suceder, en realidad, en el futuro en los nexos entre ambos Estados, fue la nueva embajadora de Estados Unidos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Nikii Houle.

La diplomática desde un primer momento afirmó que el problema número uno para Estados Unidos era Rusia. “Yo hablé con el presidente, quien me dijo que veía en Rusia un problema”, declaró Houle en el foro Mujeres en el mundo actual, señaló en su momento el diario Planet Today.

“Todo lo que hicieron con Ucrania y Crimea y el apoyo al presidente sirio, Bashar al-Assad, no se lo dejaremos pasar”, advertía en enero pasado la representante estadunidense en la ONU.

“Todos quieren oír lo que él dice, pero es necesario ver lo que hace”, agregó la funcionaria.

De esa forma, Houle presentó el sustento del desarrollo de las futuras relaciones que desde sus palabras en enero pasado parecían presagiar lo que en realidad ocurriría.

La cancillería rusa en un principio, aún tras la expulsión de sus diplomáticos el 29 de diciembre de 2016, en tiempos de la administración de Barack Obama, prefería evitar momentos ásperos que llevaran a un agravamiento de las relaciones.

Sin embargo, la retórica de Trump cambió con respecto de lo que declaraba en su campaña electoral, cuando hablaba de tener buenas relaciones con Putin y de una cooperación para combatir el terrorismo, afirmó entonces Planet Today.

El cambio lo hizo público Trump, tras el supuesto ataque con armas químicas contra la localidad siria de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib, supuestamente lanzado por aviones que partieron de la base de Shairat, atacada en abril pasado por misiles estadunidenses Tomahawk.

Con ese hecho se inició el cambio efectivo de la política de Trump respecto a Rusia y, por supuesto, la percepción en Moscú de quién podría ser ese político estadunidense.

De hecho, además de la Casa Blanca, demostrar que actuaría en Siria como lo hizo Obama, entró en conflicto con la operación militar efectiva de Rusia contra los terroristas en el país árabe y la creación de condiciones para una salida pacífica a ese diferendo.

Al atacar con decenas de misiles Tomahawk posiciones sirias, Washington planteó un desafío para Moscú, que actúa en apoyo al Ejército de ese país y contra los terroristas, muchos de ellos entrenados, pertrechados y financiados por las potencias occidentales.

Pero el cambio de política estadunidense hacia Rusia tuvo que ver mucho más con asuntos de política externa.

El diario Wall Street Journal afirmó que los cambios en la política del equipo de Trump respecto a Rusia están acompañados de descubrimientos de contactos supuestamente secretos de políticos estadunidenses de la administración republicana con funcionarios de Moscú.

Trump debió lidiar con presiones internas que nadie sabría decir a ciencia cierta si fueron la motivación de su cambio de línea respecto a Rusia.

Otros analistas consideran que pudo falsear una realidad que pudiera darle una imagen electoral distinta para volver a la misma política trazada por el establishment estadunidense, con independencia de quien pueda llegar a la Casa Blanca.

Una segunda etapa en el periodo de cambio de la política de Estados Unidos respecto a Rusia fue el hecho de constatar éxitos palpables de Rusia en la contienda militar en Siria.

Ello pudo poner en riesgo los verdaderos intereses de Estados Unidos en Siria: dividir al país en un contexto en que Damasco quede, al menos, sin el control de sus recursos minerales más importantes.

Una tercera etapa se inició, precisamente, con la aprobación por el Congreso de un nuevo grupo de sanciones dirigidas contra el sector energético, clave para la economía rusa.

A ello se sumó el incómodo desarrollo que tuvo el conflicto en torno a las propiedades de la embajada rusa en Estados Unidos.

Varios agentes de seguridad estadunidenses registraron la sede del consulado ruso en San Francisco, California, y las oficinas comerciales en Nueva York y Washington.

Con anterioridad, el gobierno estadunidense se apropió de las mansiones de descanso rusas en Washington y Nueva York.

Pero la aprobación de las medidas contra el sector energético fue el mayor signo del retroceso experimentado en las relaciones bilaterales en este año.

Sin embargo, el diario Kommersant afirma que el documento fue sin revisión alguna de su aprobación en el Congreso a la ratificación por la Casa Blanca, donde Trump lo firmó sin que contara con los mecanismos para su aplicación.

“Ahora la administración estadunidense se rompe la cabeza para no molestar al Congreso [de marcada posición antirrusa], no buscarse la enemistad de los aliados [Europa rechaza esa medida extraterritorial] y no aplicar medidas demasiado crudas contra Moscú, que puede responder.”

La cumbre del Grupo de los 20, efectuada en julio de este año en Hamburgo, tuvo como uno de sus principales acontecimientos el encuentro de Trump y Putin en lo que parecía una puerta para el acercamiento.

Pero ello no ocurrió. El nuevo paquete de sanciones contra Rusia se aprobó un mes después, y en octubre el Congreso arremetió contra el complejo militar industrial ruso.

El objetivo es desmontar, paso a paso, varios de los pilares de la recuperación económica y producción de tecnologías rusas de los últimos años (petróleo, energéticos e industria militar), en un intento por frenar, al mismo tiempo, su influencia en el orbe, estiman expertos.

La XXV cumbre del Foro de Cooperación Económica-Asia Pacífico, efectuada en noviembre, en Vietnam, debió convertirse en otro intento de acercamiento de Moscú y Washington, aunque analistas presagian nuevas zancadillas en el Congreso a cualquier mejora de los nexos.

Trump pareció reconocer, con la aprobación de una declaración conjunta sobre Siria, que Rusia es un actor decisivo no sólo en ese país levantino, sino en muchos aspectos cruciales en el orbe.

En el horizonte crecen otros obstáculos y contradicciones como la instalación por Estados Unidos de rampas de lanzamiento en Europa que pueden ser empleadas tanto por cohetes interceptores como por misiles alados Tomahawks, de alcance medio.

Tal posición viola abiertamente el tratado sobre eliminación de cohetes de corto y mediano alcances, firmado a mediados de la década de 1980 por el entonces presidente estadunidense, Ronald Reagan, y el máximo dirigente soviético, Mijail Gorbachov.

Antonio Rondón/Prensa Latina

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