Triquis desplazados que protestan en  CDMX añoran volver a su Tierra Blanca

Triquis desplazados que protestan en  CDMX añoran volver a su Tierra Blanca

Familias triquis desplazadas
1

De huipil largo rojo con detalles de listón azul que descienden hasta la bastilla –característico de la comunidad triqui–, Rosa, una mujer de piel morena y originaria de Tierra Blanca, Copala, lleva poco más de 15 días en la Ciudad de México protestando tras los ataques de un grupo armado que irrumpió en su comunidad el 28 de enero pasado.

Albina García Ortiz. En su lengua, triqui, asegura haber estado “secuestrada” por el MULT durante 5 días sin poder comer ni beber agua. Como consecuencia se desmayó. Ahora no tiene nada ni nadie: todo fue robado. Sus tres sobrinos, heridos de bala: un bebé de 1 año y medio, una niña de 8 años y otro de 12.

Sentada en una lona blanca que hace de piso en el campamento instalado entre las avenidas Juárez y Eje Central Lázaro Cárdenas, en el Centro Histórico de la capital, exige a los tres niveles de gobierno justicia para su pueblo, poder volver a su hogar y cárcel para los perpetradores del ataque.

En compañía de la menor de sus cuatro hijas, la mujer de 31 años describe como “difícil” el desplazamiento forzoso que padecen. También se reconoce “triste” por no poder volver a Tierra Blanca, ni siquiera a Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca, donde se encuentran sus otras tres hijas, su marido y su suegra. A Rosa le duele la cabeza sólo de pensar si sus pequeñas fueron aseadas, si han comido bien… “No he visto a mis niñas desde que me fui”.

Rosa señala que se vio obligada por el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), a punta de “cuernos de chivo” (fusiles de asalto AK-47) a salir de su comunidad a bordo de una camioneta junto con más “abuelitas” y menores de edad. “A ellos [los agresores] no les importó que fueran bebés”. Fue entonces cuando llegaron a Yosuyuxi, comenta, “y los compañeros de ahí nos ayudaron: pagaron el pasaje para llegar acá”.

Llegó a la Ciudad de México sin ropa ni cobijas. Rosa ahora sólo es propietaria del huipil que viste, una gorra negra y un par de zapatos de hule; su niña, de una blusa y un pantalón desaseados y un par de tenis. “Nos robaron todas nuestras cosas: nuestro dinero, mis huipiles, mis ollas, mi licuadora, mi televisión, mis gallinas, mis chivos y toda la fruta que vendo”.

A la preocupación por estar lejos de su familia y no saber cómo se encuentra, se suma la falta de dinero e insumos a los que estaba acostumbrada en Tierra Blanca. Carecen de cobijas, jabón para lavar y comida, porque en la ciudad “todo está muy caro”.

“Queremos justicia, pero el gobernador [Alejandro Murat] no nos quiere ayudar. Queremos que la Guardia Nacional vaya a que nos cuide. Queremos regresar a nuestra casa porque es muy difícil andar en la calle y no es lo mismo ir a la casa de la familia: con los niños no se puede.”

Destacada

Con Felipe Calderón, la mayor intromisión de EU en México

Documentos desclasificados de la Embajada de Estados Unidos, el Departamento de Estado y la ATF revelan que, durante el gobierno de Felipe Calderón, Estados Unidos profundizó su intromisión en México. Desde la Iniciativa Mérida y las operaciones en campo de agencias como la DEA, la CIA y el FBI, hasta el fallido operativo Rápido y Furioso –que abasteció de armas de alto calibre al Cártel de Sinaloa–, la injerencia del vecino país se reflejó, sobre todo, en la agenda de seguridad. Incluso, como parte de la “cooperación” en el ámbito de la inteligencia, Calderón y el entonces embajador Carlos Pascual inauguraron el búnker de García Luna (previo a que el diplomático estadunidense renunciara, luego de la filtración masiva de cables diplomáticos que hizo Wikileaks, en los que se revelaron sus críticas a la supuesta “guerra” contra el narcotráfico). Además, en el marco del lanzamiento de la Plataforma México, se abrió la puerta a la intervención masiva de comunicaciones y el espionaje

Saber más »
Artículo

Las tres soberanías: la crisis civilizatoria de Occidente

Existen tres niveles en los que se puede medir el avance o el retroceso de un país en su dura batalla por la emancipación. Desde el siglo XV el colonialismo –como el origen dantesco de la violencia en su máxima expresión– quebró no solo la economía de los diferentes países que tocó, sino también sus sistemas políticos, su imaginario colectivo y sus relaciones personales. De ahí que un país deba comenzar primariamente por la recuperación de su soberanía política, es decir, por la capacidad de reconocer en el Estado a la comunidad nacional y no al ente colonial invasor. Este es un presupuesto necesario, sin el cual no se puede pensar en ninguna otra cosa. La tramposa democracia liberal ha sido la camisa de fuerza que ha disfrazado siempre los intereses burgueses tras cualquier supuesta alternativa. Por ello, la batalla por superar los fraudes electorales y el intervencionismo de los poderes fácticos se instala como la tarea principal en este nivel.

Saber más »
Artículo

Granjas de ‘bots’ en la guerra cognitiva

Aquí aparece al desnudo la guerra cognitiva y su mercancía perversa disfrazada como granja de bots. En las sociedades capitalistas creadoras de la dictadura de la competencia mercantil y la subordinación de los consumidores, cada segundo de mirada adquiere valor económico y político. En las granjas de bots se diseña lo que conmueve, lo que enfurece; qué provoca miedo, qué despierta deseo, qué genera permanencia. La arquitectura de la comunicación comercial digital encuentra así una zona de convergencia con las operaciones de influencia política y militar. Un sistema diseñado para retener atención y ensuciar la realidad puede ser aprovechado por quien busca retener, desviar o capturar conciencia. La frontera entre publicidad, entretenimiento, propaganda y operación psicológica se vuelve porosa. El sujeto cree estar consumiendo información mientras, simultáneamente, se convierte en recurso explotable y víctima de mil manipulaciones del odio de clase.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo