Tráfico de drogas, nuevo azote para África

Tráfico de drogas, nuevo azote para África

El continente más pobre del mundo se convierte en la mejor plataforma de los cárteles latinoamericanos para introducir drogas en Europa. Con una población en la miseria y policías mal capacitadas y armadas, África opone escasa resistencia a las bandas del narcotráfico. “Los cárteles de la droga no sólo compran propiedades inmobiliarias, bancos y empresas, también compran elecciones, candidatos y partidos”, asegura Antonio María Costa, director ejecutivo de la UNODC

Yadira Cruz Valera / Prensa Latina

Como si no bastara el hambre, las muertes, las guerras y las epidemias, un nuevo mal azota el continente africano, el tráfico de drogas. Al menos 50 toneladas de cocaína provenientes de los países de América Latina transitan por África Occidental cada año con destino a Europa, según datos recientes de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés).

El aumento de la incautación de cargamentos demuestra que la vía africana empieza a reemplazar a las tradicionales, de Colombia a Galicia, y la llamada ruta de los veleros, por Azores, Madeira y Canarias, indica la fuente.

Analistas de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes consideran que el fenómeno comenzó a finales de la década de 1990 cuando el estricto control y la vigilancia en las costas europeas limitaron la entrada de estupefacientes.

Para los poderosos cárteles latinoamericanos era necesario buscar una nueva vía que les permitiera mantener su diabólico y lucrativo negocio. Fue entonces cuando volvieron su mirada hacia África Occidental.

Una región sumida en la pobreza, marcada por diferendos políticos y luchas intestinas, con extensas costas mal vigiladas, fue el contexto propicio para el tráfico.

Nigeria, Ghana, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Guinea-Bissau, Cabo Verde, Senegal, Mali y Mauritania se convirtieron en el camino para el trasiego de la mercancía, según las fuentes.

Tan sólo la confiscación de cocaína en la zona se ha multiplicado por seis en los últimos años, según la International Criminal Police Organization.

Según reportes del ente policial, al menos dos tercios de la cocaína que llega a Europa ingresan por esa ruta.

Miguel Muñoz, asesor de la UNODC, consideró que el territorio posee varias ventajas para el crimen organizado: “El tomar por sorpresa a las policías locales, carentes de una formación completa para hacer investigaciones y de medios, tanto técnicos como humanos”, aseguró.

Se suma, además, la falta de recursos y el hecho de que algunos de esos Estados están saliendo de guerras civiles, unido al tema de la corrupción, agregó.

La mayor parte de la droga ingresa a través de las llamadas mulas, personas que transportan los narcóticos, muchas veces, en su sistema digestivo e, incluso, implantada mediante cirugías en determinados órganos.

Los vuelos comerciales o correos aéreos que parten de Guinea, Mali, Nigeria y Senegal con destino a Francia, España y el Reino Unido, es otra de las formas en que se trasladan los cargamentos, según fuentes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La droga es transportada en aviones y embarcaciones de pequeño porte, donde se cargan de 500 a 1 mil kilos, sin ser detectados por los agentes de ninguno de los países afectados, aseguró el experto.

Cuando utilizan la vía marítima, las lanchas rápidas o aeronaves bombardean los paquetes que son recogidos en alta mar a 200 o 400 millas de las costas, explicó el especialista.

La cantidad de sustancias sicotrópicas incautadas se duplica cada año, de acuerdo con las estadísticas de la UNODC.

Analistas miran con inquietud el futuro de la región tras conocerse el auge de este negocio cuyas ganancias millonarias permiten corromper, incluso, a gobiernos “Los cárteles de la droga no sólo compran propiedades inmobiliarias, bancos y empresas, también compran elecciones, candidatos y partidos”, asegura Antonio María Costa, director ejecutivo de la UNODC.

El tráfico de droga produce millonarias ganancias como para corromper economías débiles, inyectando importantes sumas de dinero capaces de afectar a la moneda local, explicó.

Con su dinero pueden sobornar a jueces y fiscales, que dictan sentencias cuestionables en muchos casos de tráfico de drogas.

También esos recursos permiten reclutar funcionarios del sector financiero y ponerlos a lavar activos sucios, recordó.

Asimismo, posibilita contratar todo tipo de mano de obra para actividades ilícitas, añadió.

Para Francisco Thoumi, director del Centro de Estudios y Observatorio de Drogas y Delito en Colombia, la lucha contra los narcotraficantes se hace cada día más difícil.

“Hoy se está luchando contra señores de la guerra y esta gente tiene vínculos mucho más fuertes con las mafias internacionales”, expresó.

Sin embargo, y pese a las alertas de la ONU sobre este creciente fenómeno, las fuerzas de seguridad y los gobiernos de los países involucrados son incapaces de llegar a un acuerdo para combatir ese flagelo, aseguró Muñoz.

Para el asesor de la oficina de Naciones Unidas contra la droga, la solución parte, en primer lugar, de la necesidad de unirse y realizar operaciones conjuntas que permitan enfrentar el problema.

Aunque hoy el 99 por ciento de la cocaína que entra a África se comercializa en Europa, se corre el riesgo de que a largo plazo este continente se convierta en un importante consumidor, refiere Muñoz.

Ésa es sólo una de las consecuencias del problema, pero también podría hacer estragos en la estabilidad política y económica de todas las naciones africanas involucradas en el trasiego, apuntó.

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