Hace unos días tuvimos la visita en la Ciudad de México de la filósofa y feminista Nancy Fraser. Pocas veces tenemos la oportunidad como mujeres críticas y académicas de dialogar con pensadoras de la talla de Fraser. Mi encuentro personal e intelectual con la doctora fue hace más o menos 10 años, a propósito de un texto que escribí para un coloquio en el que se planteaba la reflexión sobre los cruces entre marxismo y feminismo.
En su crítica al feminismo liberal, Fraser es radical respecto a la pérdida de brújula que tuvo el movimiento al centrarse en demandas individualistas que gravitaban en la aspiración de romper techos de cristal y ocupar cargos de poder político y/o empresarial, y olvidar demandas de orden estructural y de desigualdad económica.
Estos planteamientos se cruzan con el debate que tuvo con Axel Honeth a propósito del reconocimiento y la redistribución. Para Nancy, un problema nodal de las políticas de la identidad y de reconocimiento, que defendía Honeth, es que la izquierda había sucumbido al orientar sus demandas hacia el reconocimiento, pero se había olvidado de la cuestión de clase, la desigualdad económica y, por tanto, de la redistribución de la riqueza.
En su reciente paso por México, la pensadora de The New School en Nueva York dictó una conferencia en la Facultad de Derecho de la UNAM, presentó su último libro Capitalismo Caníbal (2023) y sostuvo un conversatorio con mujeres organizado por la Secretaría de Mujeres, al que tuve oportunidad de asistir. En su libro abreva las tesis centrales de Marx en su explicación del capitalismo, pero busca trascenderlo al hablar de un sistema que se destruye a sí mismo y que tiene características propias en el siglo XXI. Uno de los principales rasgos, y problemas, de este capitalismo es su tendencia destructiva y, con ello, el peligro que representa para la vida humana y de todas las especies, así como para el propio planeta. Además, discute sobre un capitalismo que es racista por definición. A lo largo de la obra y hacia el final, Fraser intenta hacer propuestas de alternativas a este sistema destructivo.
En el conversatorio que tuvimos en la Secretaría de Mujeres se respondieron varias preguntas. Una de ellas, que yo misma realicé, fue respecto al papel que tenían las y los intelectuales frente al estado de cosas que tenemos en el mundo: el genocidio en Gaza, la persecución de personas migrantes, los archivos Epstein, la intervención en Venezuela, la guerra en Irak, el bloqueo a Cuba, etc. Aunque esperaba una respuesta más al estilo Sartre, Chomsky o Petras sobre el papel de los intelectuales en tiempos de guerra, Fraser fue directa y un tanto evasiva, pero contundente, y parafraseo su respuesta: “hay intelectuales de derecha e intelectuales de izquierda”, y en su caso personal, señaló, “trato de no desvincular mi posición como académica e intelectual de mi posición política”.
Para mí, estas dos cuestiones son clave: por un lado, que el hecho de ser “intelectual” o dedicarse al trabajo académico supone tener una postura crítica y situada sobre el mundo y el estado de cosas. Esa posición dependerá de los marcos teóricos, metodológicos, y en última instancia, epistemológicos. Y el otro punto nodal es que, ante lo que ocurre en el mundo, tendríamos que mantener siempre el vínculo entre las perspectivas política y de activista con la careta, un poco como ella lo definió, de intelectual. El trabajo académico tendría que ser siempre situado.
Otro punto relevante que mencionó, después de las preguntas que le formularon, fue sobre las luchas feministas actuales, y ponderó la necesidad de un cruce con luchas de trabajadores, medioambientales, anticoloniales, contra el racismo, entre otras. En última instancia, señaló que el feminismo tendría que tener cruces con otras formas de lucha. También, mencionó que el holocausto y lo ocurrido en Auschwitz fue en algún momento la representación del mal en toda su extensión y definición. Hoy, el mal está en Gaza.
Finalmente, en esta conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, no hay que olvidar que Nancy Fraser es coautora del Manifiesto de un feminismo para el 99%, en el que se plantean, de inicio, dos visiones del movimiento en oposición; uno de ellos convirtió al propio feminismo en la “criada del neoliberalismo”. En su obra, las autoras son enfáticas en señalar que las feministas deben tomar posición entre perseguir “la dominación de la igualdad mientras el planeta arde, o imaginar la justicia de género de una forma anticapitalista que, ante la crisis actual, lleve a una nueva sociedad”. En esta hora de la humanidad, no solo es una demanda, sino una exigencia.
Ruth Dávila*
*Profesora Asociada de la División de Estudios Multidisciplinarios del Centro de Investigación y Docencia Económicas, DEM-CIDE.



















