El capital va desnudo: vientos desde el sur global

El capital va desnudo: vientos desde el sur global

El doble bombardeo de Israel y EU a las tres zonas de las plantas nucleares de Irán dio un vuelco en la situación estratégica del conflicto
FOTO: 123RF

En los momentos de crisis profunda es necesario siempre pasar de ver el árbol al bosque. La mirada de largo alcance nos ayuda a mejorar la manera en que entendemos el tiempo presente. Conceptos como “hegemonía”, por ejemplo, se quedan cortos si el análisis se constriñe a lo inmediato. Por ello, para comprender lo que está en juego en la guerra de Estados Unidos contra Irán, es necesario proyectar el largo plazo histórico: la pérdida de la hegemonía estadunidense es, al mismo tiempo, la pérdida de la hegemonía cultural de Occidente.

La contundente defensa de Irán frente a la agresión combinada de EU e Israel ha terminado por destruir la imagen que el país anglosajón portó con orgullo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Como bien señaló Mao Zedong en su momento, EU es un tigre de papel. El tiempo le ha dado la razón: hoy se entremezclan las crisis política, social y económica en las que se encuentra empantanada la otrora superpotencia. Su propia potencia financiera, basada en el dólar, papel moneda, es hoy su cruz en forma de deuda.

Hasta antes del conflicto todavía había dos piezas que parecían inmutables. La primera, la supremacía militar del Ejército estadunidense –respaldada por su abultado gasto presupuestal–, que no se ha hecho efectiva frente a un ejército iraní desarrollado a pesar de décadas de sanciones. La segunda, el dominio de la narrativa mundial: el control ideológico que justifica o normaliza el derecho inamovible de EU para intervenir como garante último de un supuesto “mundo basado en reglas” (todas hoy rotas por el mismo).

Mientras científicos sociales discutían, incluso de forma crítica, los alcances limitados de organizaciones como la ONU, fue el propio trumpismo que hizo volar por los aires cualquier intento de tomar en serio esa máscara institucional. Nada representa mejor esta realidad que la búsqueda de sustituir a las Naciones Unidas por una Junta de la “Paz” que, en realidad, funciona como buró de inversiones para la especulación inmobiliaria en los territorios adquiridos, gracias al permanente genocidio que Israel perpetúa sobre los palestinos.

Pero aquí está el punto central: no es que esta élite de pedófilos y caníbales se haya desviado del camino y corrompido al sistema social, sino todo lo contrario. Los archivos Epstein, junto con los últimos mensajes de un desesperado Donald Trump –en los que amenaza con “regresar a Irán a la edad de piedra”, llama “locos bastardos” a sus líderes por no abrir el Estrecho de Ormuz a sus propios agresores y amenaza con el uso de armas nucleares–, muestran la verdad desnuda del sistema social basado en el capital. Como decía Marx en El Manifiesto Comunista (1847), este lleva a “una explotación abierta, desvergonzada, directa y brutal”. El capital va desnudo, y ha mostrado la deshumanización vulgar que significa una cultura cimentada en el cálculo egoísta del interés privado.

Irán representa un muro civilizatorio que le está mostrando a EU el verdadero alcance de sus fuerzas. No es un detalle menor que el país persa haya desarrollado una campaña creativa de comunicación (incluso con videos estilo lego) que le ha permitido aglutinar, no solo el pacto nacional interno, sino también el pacto con todos aquellos pueblos que han sufrido la agresión de la voracidad imperialista. Con esta guerra, el imperialismo norteamericano ha destruido lo que le hubiera podido quedar de prestigio. La impugnación a este poder se ha generalizado.

Inclusive, para completar este cuadro histórico, el 25 de marzo de 2026 la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución impulsada por Ghana, que declara la trata transatlántica de africanos esclavizados y la esclavitud racializada de esta población como crimen de lesa humanidad. Es decir, el método económico esencial con el que el capital se puso de pie durante 400 años ha sido declarado oficialmente un crimen histórico. La resolución se aprobó con 123 votos del sur global, tres en contra (EU, Israel y Argentina) y 52 abstenciones, particularmente de los países europeos beneficiados con esta práctica. Por supuesto, esto no es jurídicamente vinculante, pero no deja de ser un símbolo del quiebre de fondo con el mundo occidental.

Lo que hace falta es abandonar los resquicios de una institucionalidad creada y organizada para el neocolonialismo a través del dólar. Si bien la crisis estadunidense nos ayuda a avanzar en la crítica a la hegemonía unipolar, todavía nos encontramos bajo la hegemonía cultural del mundo modernizado bajo el eurocentrismo, originado en 1942. Es necesario saber que, durante todo este periodo, además del azote fulgurante del capataz, se ha creado una experiencia colectiva que construyó una idea de sociedad, de historia, ciencia, de tiempo, de lo humano, etcétera, y que tiene que ser puesta en cuestión para extirpar de nuestra racionalidad los prejuicios construidos a la luz de la normalización de la explotación.

En este sentido, es necesario enunciar que frente al proceso de reestructuración hegemónica que está llevando a EU a un repliegue regional, es más que urgente que los países del sur global de nuestro continente (desde México hasta Argentina) desarrollemos una profunda reflexión histórica y política para forjar una nueva racionalidad humana, que supere la influencia de haber sido economías hechas a la necesidad del ahora viejo poder norteamericano. Por ello, los procesos de industrialización son necesarios para mitigar la dependencia de materia básica destinada a la reproducción de la vida colectiva, pero también son urgentes los procesos sociales de renovación ideológica, que no solo cuestionen la hegemonía estadunidense, sino su fundamento: la cultura eurocéntrica global del individuo egoísta.

México sigue teniendo una asignatura especial, en tanto que nuestro territorio es un punto de encuentro simultáneo entre el sur global y la dinámica del mercado norteamericano. En nuestro país existe un influjo ideológico poderoso que causó mella en nuestra idiosincrasia: me refiero, por hacer un breve repaso general, al macartismo global de la Guerra Fría (la persecución de comunistas y todo lo que se le pareciera); a las décadas de guerra sucia que el Estado mexicano ejerció sobre cualquier expresión de izquierda (décadas de 1960-1980); al autoritarismo, la falsa transición partidista y el fraude electoral; al consumismo inducido por la apertura indiscriminada al libre comercio; al molde ideológico de los medios de comunicación privatizados y a la conversión de las universidades públicas, que cedieron su espíritu crítico a la visión mercantil de la educación.

Es verdad que la labor será ardua, pero ya es impostergable. Si nuestro país no atiende con profundidad estas viejas heridas neocoloniales, estaremos perdiendo una gran oportunidad para mediar y posibilitar otras formas de relación regional de cara al mundo post-hegemónico. El momento es aquí y ahora.

 

Oscar David Rojas Silva*

*Economista (UdeG); maestro y doctor (UNAM) en crítica de la economía política. Académico de la FES Acatlán. Director del Centro de Estudios del Capitalismo Contemporáneo, y comunicador especializado en pensamiento crítico en Radio del Azufre y Academia del Azufre.