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En Barcelona, gobiernos progresistas alientan frente democrático contra Trump

En Barcelona, gobiernos progresistas alientan frente democrático contra Trump

Imagen: ChatGPT

Como una extensión de los acuerdos surgidos en el Encuentro Internacional Antifascista y Antiimperialista, celebrado a finales de marzo pasado en Porto Alegre, Brasil, donde activistas y académicos de 40 países de los cinco continentes plantearon la necesidad de articular estrategias para frenar la ofensiva fascista de la ultraderecha en el mundo, mandatarios y representantes de 20 gobiernos se dieron cita en Barcelona, España, en la Cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia, para sentar las bases de una nueva alianza global contra la ola reaccionaria que pone en riesgo a las democracias como sistemas de protección social y combate a la pobreza en el mundo.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, convocante a la par del mandatario español, Pedro Sánchez, destacó que el orbe no debe resignarse al sometimiento de la extrema derecha, pues esta “no puede ser vista como la única opción a la que estén condenados los progresistas de todo el mundo”.

El encuentro celebrado en España adquirió un significado especial no solo para la resistencia contra las agresiones imperialistas del presidente estadunidense, Donald Trump, en América Latina, sino también en Europa y el resto del mundo, ya que el presidente Sánchez se negó a permitir que desde su país despegaran naves de Estados Unidos para bombardear Irán.

Otro de los foros alternos celebrados en Barcelona fue el de la Movilización Progresista Mundial (GPM), que congregó a fuerzas socialdemócratas del mundo. Esto da cuenta de un creciente movimiento global que comienza a sentirse incluso en las propias fronteras estadunidenses, como ocurrió hace poco más de un mes, cuando 8 millones de ciudadanos tomaron las calles de ciudades como Washington, Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Mineápolis y Texas, para exigirle a Donald Trump frenar las agresiones de los agentes del ICE contra trabajadores migrantes y abandonar su posición bélica contra Irán, así como las amenazas intervencionistas contra Cuba.

Esas 3 mil marchas públicas, sin precedentes en la Unión Americana, reflejan que el modelo neoliberal y su capitalismo salvaje, que implican el cercenamiento del bienestar social de millones de personas, así como de sus libertades y derechos ciudadanos, han entrado en una franca crisis.

En el mundo, el proyecto neoliberal y sus regímenes alineados a Washington han sido incapaces de cumplir la promesa de prosperidad a sus habitantes. Casos como Argentina muestran que el hambre, la desigualdad y la inseguridad se disparan de manera alarmante, lo que arroja a la miseria a miles de trabajadores desempleados y sin seguridad social que ahora deambulan por las calles de Buenos Aires, como resultado de la política económica de Javier Milei.

En su última marcha convocada por sindicatos y organizaciones sociales, 1 millón de argentinos demostraron que la lucha de resistencia social ha comenzado y crece de forma acelerada contra el lacayo de Trump.

Los efectos sociales devastadores que surgen como consecuencia lógica de seguir las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) ya hacen estragos en Argentina y continuarán en otros países del continente americano, donde mandatarios como Daniel Noboa, Rodrigo Paz, Najib Bukele y otros más difícilmente podrán justificar ante sus naciones su adhesión al proyecto militar e intervencionista de Trump, denominado “Escudo de las Américas”.

Este esquema, lejos de combatir a las organizaciones criminales trasnacionales, protege los intereses de corporaciones trasnacionales, que se enriquecen a costa de la pobreza de la clase trabajadora y del despojo de territorios y comunidades indígenas y campesinas.

Resulta relevante a escala global que en Barcelona se sentaran las bases entre líderes mundiales de izquierda y centroizquierda para reactivar un polo de resistencia que busca oponerse al reparto geopolítico que pretende Trump junto con su aliado reencarnación –sublimada de Hitler–, Benjamín Netanyahu.

Uno de los ejes de acción citados por el mandatario español consiste en impulsar una reforma del sistema multilateral para defender el derecho internacional, que Trump no solo ha ignorado, sino que pretende destruir.

En el encuentro, los asistentes concluyeron que el neoliberalismo busca calificar las políticas que salvaguardan la seguridad social y los derechos humanos como “populistas” o “radicales”.

Con ello intenta que el Estado se retraiga de su deber de garantizar a la población, sobre todo a la de menores recursos, atención médica, educación, vivienda y trabajo digno. Argumenta que lo mejor para las economías es permitir la libre circulación de capitales y respetar las leyes del mercado, mientras reprime toda protesta contra las injusticias sociales que el propio modelo genera.

Los mandatarios dejaron en claro que, en el actual escenario mundial que amenaza a las democracias, se pretende que el poder económico ejerza control total sobre el poder político; es decir, que el voto y la voluntad de las mayorías se sustituyan por los dictados del capitalismo.

Quedó en claro que gobiernos progresistas como el de Claudia Sheinbaum en México; Lula da Silva en Brasil; Gustavo Petro en Colombia y Pedro Sánchez han implementado modelos económicos que buscan sacar de la pobreza a sectores sociales marginados.

Lula da Silva representa un ejemplo, pero el gran reto consiste en hacer entender a las mayorías que votar por gobiernos de ultraderecha implica una involución en sus conquistas sociales y en el nivel de vida de sus familias.

Dos de los comunicados conjuntos alcanzados con el apoyo de Brasil, México y España condenaron cualquier tipo de intervención militar en Cuba y reiteraron la necesidad de respetar en todo momento el derecho internacional y los principios de integridad territorial, de igualdad soberana y de arreglo pacífico de controversias.

Importante será la alianza que estos gobiernos progresistas logren consolidar no solo con sus pares en el mundo, sino también fortalecerla a nivel interno con sindicatos independientes, organizaciones sociales, campesinas, indígenas y populares frente a los embates de una ultraderecha que busca aniquilar la democracia mediante la imposición de gobiernos de corte fascista, a los que no les preocupa que millones sean arrojados a la pobreza. Argentina constituye el ejemplo más claro de ello.

 

Martín Esparza*

* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

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