En defensa de la patria, más de 20 mil personas marcharon en Chihuahua

En defensa de la patria, más de 20 mil personas marcharon en Chihuahua

Foto: Fernanda Monroy

Chihuahua. El calor caía como una plancha encendida. A las tres de la tarde el sudor ya corría por las espaldas de quienes comenzaban a reunirse en la glorieta de Pancho Villa, pero nadie parecía dispuesto a regresar a casa. Primero se escucharon las matracas. Después los silbatos. Luego los gritos. “¡Fuera Maru!”, coreaban los asistentes.

Foto: Fernanda Monroy

Las consignas comenzaron a rebotar entre las avenidas mientras el sol endurecía el aire y volvía más lenta la caminata. No había sombra suficiente. Algunos intentaban cubrirse con sombreros, gorras desgastadas o pedazos de cartón improvisados. Otros sostenían banderas mexicanas sobre la cabeza para protegerse del calor que caía sin tregua sobre la ciudad.

Al inicio llegaron unos cuantos. Después, familias enteras, campesinos, estudiantes, maestros, mujeres indígenas, obreros y adultos mayores que avanzaban lentamente apoyados en bastones o sillas de ruedas. Antes de que el reloj marcara las tres de la tarde, la glorieta ya era un cuerpo colectivo resistiendo bajo el sol.

La multitud siguió creciendo hasta desbordar las avenidas del centro de Chihuahua. De acuerdo con estimaciones de los organizadores, más de 20 mil personas participaron en la movilización.

Foto: Fernanda Monroy

Minutos antes de que la marcha comenzará, Luis Adame observaba cómo la glorieta empezaba a llenarse de personas bajo el sol. Mientras sostenía una bandera mexicana entre las manos, aseguró que decidió asistir porque considera que la participación de agentes extranjeros representa una amenaza para el país.

Somos mexicanos y amamos a nuestro país. No es bueno que otro país venga a intervenirnos”, expresó. Para él, las acciones del gobierno estatal representan una forma de “vender a la patria”.

La movilización había sido convocada por Morena tras el operativo realizado el pasado 19 de abril en la Sierra Tarahumara, donde fue desmantelado un narcolaboratorio y posteriormente se informó sobre la muerte de dos presuntos agentes de la CIA y dos ciudadanos mexicanos. Desde entonces, el partido acusa al gobierno estatal de haber permitido la participación de agentes extranjeros en territorio nacional fuera de los mecanismos establecidos por la Ley de Seguridad Nacional.

Foto: Fernanda Monroy

Pero bajo el calor de Chihuahua el conflicto había dejado de sentirse lejano. Ya no era solamente una discusión política o jurídica. Caminaba entre la gente. Sudaba con ellos. Se escuchaba en las consignas, en las banderas agitadas y en la sensación compartida de que algo suyo estaba siendo amenazado.

La glorieta comenzó a llenarse de campesinos con sombreros norteños curtidos por años de trabajo en el campo; mujeres indígenas con faldas largas bordadas que se movían como manchas de color entre el gris seco de la ciudad; jóvenes tomados de la mano que avanzaban entre el contingente y adultos mayores que seguían caminando aunque el calor les pesara sobre los hombros. Algunos habían viajado desde municipios alejados para llegar a la capital. Otros sostenían de la mano a niños pequeños que apenas entendían por qué estaban ahí.

Foto: Fernanda Monroy

El verde, blanco y rojo comenzaron a adueñarse de la avenida. Las banderas mexicanas aparecían por todas partes: ondeaban sobre las cabezas, colgaban de los hombros y se levantaban entre el calor como una extensión del propio cuerpo de la marcha. Algunos las usaban para cubrirse del sol; otros las llevaban sobre la espalda como si aquella tela pudiera darles fuerzas para llegar hasta el Palacio de Gobierno.

Había algo más que patriotismo en esas banderas agitadas bajo el sol de Chihuahua. Muchos las sostenían como quien intenta defender algo que siente amenazado.

Foto: Fernanda Monroy

En los carteles también podía leerse el enojo escrito en letras mayúsculas: “La patria no se vende”, “Fuera Maru”, “México se respeta”. Las consignas se mezclaban con los gritos de “¡El pueblo unido jamás será vencido!” y “¡El que no brinque es panista!”, mientras el contingente comenzaba a avanzar entre el ruido de matracas, trompetas y silbatos.

Más de dos kilómetros bajo un sol que parecía endurecerlo todo: el aire, la respiración, la piel.

Al frente marchaban los pueblos originarios. Las largas faldas de las mujeres se deslizaban sobre el asfalto caliente mientras algunas cubrían su rostro para resistir el calor. Otras sostenían banderas mexicanas tomadas del brazo de sus compañeras. Sus pasos eran lentos, pero firmes.

Foto: Fernanda Monroy

Detrás avanzaban campesinos de botas polvorientas y manos endurecidas por la tierra. Hombres de rostro quemado por el norte que levantaban el puño cada vez que las consignas crecían. También iban familias enteras, jóvenes y maestros que cargaban carteles contra la gobernadora María Eugenia Campos Galván, a quien acusaban de haber “traicionado a la patria”.

La marcha avanzaba pesada, sofocada por el calor, pero sostenida por algo más fuerte que el cansancio: una energía colectiva que no dejaba de crecer.

Desde unas bocinas comenzó a escucharse “México, México, te llevo en el corazón”, seguida por otra canción que poco a poco terminó siendo coreada por cientos de voces: “Soy mexicano y esa es mi bandera …”. Algunos la gritaban levantando el puño. Otros apenas la murmuraban mientras seguían caminando bajo el sol abrasador.

Foto: Fernanda Monroy

La música avanzaba junto con la multitud como una forma de reafirmarse frente al cansancio y frente a la idea de una intervención extranjera que, para muchos de los asistentes, representaba una amenaza directa contra algo profundamente suyo: el país, la soberanía y la propia idea de patria.

Entre los gritos se distinguían los rostros rojos de los niños que caminaban cansados, arrastrando los pies, aferrados a las manos de sus padres. Pero cada vez que ellos gritaban “¡Fuera Maru!”, los adultos respondían con más fuerza y ellos volvían a sonreír.

La ciudad también reaccionaba al paso de la movilización. Algunos automovilistas hacían sonar el claxon para sumarse a las consignas; otros respondían con molestia y gritos desde sus vehículos. Personas detenidas sobre las banquetas grababan con sus teléfonos aquella columna humana que avanzaba entre polvo, sudor y banderas ondeando sobre la avenida.

Foto: Fernanda Monroy

La movilización avanzó sin presencia visible de cuerpos antimotines. Apenas un par de agentes de tránsito redirigían los automóviles mientras el contingente ocupaba las avenidas de manera ordenada. Aunque durante el recorrido hubo momentos de tensión y enojo, la marcha se mantuvo pacífica.

Uno de los momentos más intensos ocurrió cuando integrantes del contingente cercano a René, conocido sus compañeros como “el perro gacho”, retiraron algunos espectaculares colocados sobre la avenida donde se señalaba a Morena como un “narcogobierno”.

Quienes participaron en esa acción aseguraban que la publicidad formaba parte de una campaña de desprestigio impulsada desde sectores políticos y mediáticos afines al gobierno estatal. Mientras arrancaban las lonas, algunos acusaban a la administración estatal de destinar recursos públicos a propaganda en lugar de invertir en servicios básicos como salud o transporte.

Foto: Fernanda Monroy

Más adelante, frente a oficinas gubernamentales y medios de comunicación locales, el contingente continuó lanzando consignas contra lo que consideraban una ausencia de prensa libre y una estrategia de propaganda política anticipada rumbo a futuros procesos electorales.

A esas alturas el calor ya había comenzado a romper el ritmo de la caminata. El cansancio comenzaba a quedarse suspendido sobre el contingente. Muchas personas buscaban sombra debajo de los pocos árboles del trayecto mientras las botellas de agua vacías comenzaban a acumularse sobre las banquetas.

Casi al llegar al Palacio de Gobierno comenzaron a aparecer cuerpos descansando en cualquier espacio posible. Personas sentadas sobre escalones de comercios, banquetas y pequeños pedazos de sombra que apenas alcanzaban para cubrirles el rostro. Algunos se sobaban los pies; otros simplemente guardaban silencio mientras intentaban recuperar el aliento. Pero el cansancio nunca terminó de imponerse. Aun con el calor pegado a la piel y las piernas agotadas tras la caminata, muchos seguían convencidos de que habían salido a defender al país de lo que consideraban una traición a la patria.

Foto: Fernanda Monroy

Valentín García, originario de Ciudad Juárez, aseguró que decidió participar porque considera que el gobierno estatal ha traicionado a la población. “Lo que está demostrando este gobierno es que está vendiendo nuestro país”, afirmó. “Primero dijeron una cosa y luego otra. El pueblo ya no se deja engañar tan fácilmente”.

Para muchos asistentes, la movilización también era una forma de sacar otros hartazgos acumulados: la inseguridad, la falta de transporte público, el deterioro de los servicios de salud. “¿Dónde está el dinero?”, reclamaba García “¿Por qué las ciudades están peor?”

Entre las juventudes el sentimiento era parecido. Andrea Quezada, maestra y participante de la movilización, aseguró que decidió salir a las calles porque siente que el gobierno estatal dejó de escuchar a la población. “Tenemos un estado con muchas necesidades”, dijo. “Y desde la juventud también queremos demostrar que esta lucha nos corresponde”.

Casi al final de la movilización, cuando muchas personas buscaban sombra sobre las banquetas para descansar los pies, René hablaba todavía con la misma intensidad con la que había recorrido las calles de Chihuahua.

Mientras alrededor seguían escuchándole consignas y música desde las bocinas, insistía en que la movilización no se trataba únicamente de política, sino de soberanía y de la sensación de que el estado estaba siendo entregado a intereses extranjeros. Aquí nos gobierna la CIA”.

Cuando finalmente llegaron al Palacio de Gobierno, el sol comenzaba por fin a descender, como dando una tregua a los cientos de personas que aguardaban para escuchar el mensaje de la dirigencia nacional de Morena.

Frente al edificio, la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, anunció que impulsarán un juicio político contra la mandataria estatal respaldado por firmas ciudadanas. La respuesta fue inmediata: silbidos, aplausos y nuevos gritos de “¡Fuera Maru!”.

Desde el templete, la dirigente Montiel acusó a la gobernadora de haber cedido el poder a agentes extranjeros y criticó su ausencia en las reuniones de seguridad con la presidenta de México. También señaló que Chihuahua encabeza cifras de homicidios mientras, afirmó, el gobierno estatal permanece alejado de las problemáticas de la entidad.

Foto: Fernanda Monroy

Cuando el discurso terminó, el ruido de las consignas comenzó a disminuir poco a poco. Entonces, entre la multitud, comenzaron a escucharse las primeras notas del Himno Nacional.

Miles de voces se unieron al mismo tiempo. Algunas personas levantaron el puño; otras colocaron la mano sobre el pecho mientras sostenían la bandera mexicana.

Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo…” La estrofa sonó distinta. Más lenta. Más grave. Más urgente.

Cuando el acto terminó, muchas personas seguían gritando “¡Morena, Morena!” mientras las bocinas continuaban sonando sobre la explanada. Los rostros estaban completamente enrojecidos por el sol y el sudor les empapaba la ropa. Se escuchaban quejas por el dolor en los pies y las piernas, pero el ánimo no terminaba de caer.

Algunos seguían bailando. Otros buscaban agua o descansaban sentados sobre las banquetas después de horas de caminata bajo el calor. Pero incluso en el cansancio permanecía la misma convicción que atravesó toda la movilización: la idea de que la soberanía no era una palabra lejana pronunciada desde los escritorios del poder, sino algo que también podía defenderse caminando bajo el sol abrasador de Chihuahua.

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