“El medio ambiente no se puede recuperar”: Académico cuestiona apuesta de fracking en México

“El medio ambiente no se puede recuperar”: Académico cuestiona apuesta de fracking en México

FOTO: FERNANDA MONROY

La posible implementación del fracking en México para reducir la dependencia del gas importado abre un debate que, según el economista Horacio Quetzalcóatl Yedra Hernández, va más allá de la soberanía energética, y podría agravar la crisis ambiental e hídrica del país. Durante una mesa en la UNAM, advirtió que esta técnica no solo implica altos impactos sobre el agua y los ecosistemas, sino también una nueva forma de dependencia tecnológica y económica, al basarse en patentes y maquinaria controladas por empresas extranjeras. En ese sentido, cuestionó que pueda considerarse una vía de independencia energética y sostuvo que, ante la disyuntiva, la prioridad debe ser la protección del medio ambiente.

La posibilidad de que México impulse proyectos de fracking para reducir su dependencia del gas extranjero podría terminar profundizando la crisis ambiental, hídrica y tecnológica del país, advirtió el economista Horacio Quetzalcóatl Yedra Hernández durante la tercera mesa del seminario La historia económica frente a los problemas actuales, titulada Fracking entre la soberanía y el medio ambiente.

En medio de las recientes discusiones sobre la necesidad de aumentar la producción nacional de gas –del cual México importa cerca del 70 por ciento, principalmente desde Estados Unidos– el académico de la UNAM cuestionó que la fractura hidráulica represente realmente una vía hacia la soberanía energética y sostuvo que, por el contrario, podría abrir una nueva etapa de dependencia tecnológica y presión ambiental sobre el territorio mexicano.

Aunque reconoció que los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y la actual presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, impulsaron reformas para fortalecer el control estatal sobre sectores estratégicos como Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), explicó que el debate sobre el fracking implica otro nivel de discusión.

“El gobierno de López Obrador y el de Sheinbaum hicieron modificaciones importantes al Artículo 27 constitucional, y quienes siempre nos opusimos a la privatización aplaudimos esas reformas”, señaló. Sin embargo, advirtió que cuando se habla de fracking, “hay que preguntarse qué tipo de soberanía realmente se está construyendo”.

El planteamiento surgió luego de que la presidenta Sheinbaum señalara recientemente la necesidad de producir más gas en México. Para el académico Yedra Hernández, detrás de esa discusión también existe una dimensión geopolítica, vinculada a la relación energética con Estados Unidos y a la renegociación del T-MEC.

El petróleo, el fracking y la disputa por la soberanía

A lo largo de su participación, el académico insistió en que uno de los principales errores del debate energético actual es asumir que el petróleo dejó de ser importante para la economía mundial. Al retomar ideas del libro Capitalismo fósil, explicó que los combustibles fósiles aún son la base material de gran parte de la vida contemporánea y, por tanto, sostienen industrias enteras, desde el transporte hasta la fabricación de productos cotidianos. “El petróleo sigue siendo muy importante, aunque no queramos”.

Explicó que además de los combustibles, el petróleo está presente en plásticos, fertilizantes, insecticidas, asfaltos, medicamentos, cosméticos y otros productos indispensables para el funcionamiento de la economía moderna. “Todavía no existe un sustituto completo para todo eso”. 

A partir de gráficas sobre consumo energético mundial, indicó que, pese al crecimiento de las energías renovables, el petróleo, el gas y el carbón continúan dominando la matriz energética internacional. “Todavía estamos metidos en un problema energético muy grande”, sostuvo.

FOTO: FERNANDA MONROY

Bajo esa lógica, señaló que el debate sobre el fracking no puede analizarse únicamente desde una perspectiva ambiental, sino también geopolítica y económica. En ese contexto, explicó cómo Estados Unidos desarrolló durante décadas la técnica de fractura hidráulica mediante perforaciones horizontales e inyecciones de agua y compuestos químicos para liberar gas atrapado en formaciones rocosas.

Con el tiempo, dijo, esa tecnología convirtió al país vecino en uno de los principales productores de gas del mundo.

Durante la conferencia, mostró mapas donde se observan miles de instalaciones petroleras y gaseras concentradas en el sur estadunidense, particularmente cerca de la frontera mexicana. Para el economista, esa expansión ayuda a entender por qué el tema reapareció recientemente dentro del debate energético nacional.

“Las formaciones geológicas no se detienen en las fronteras políticas”, explicó mientras proyectaba imágenes sobre los yacimientos compartidos entre ambos países. “Una de mis hipótesis es que este giro tiene que ver con las negociaciones del Tratado de Libre Comercio”, afirmó.

Captura de pantalla del mapa presentado en la conferencia de la página del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) donde se muestran Evaluaciones nacionales de petróleo y gas

Sin embargo, el especialista cuestionó que México pueda hablar de soberanía energética si depende de tecnología, patentes y capital extranjero para desarrollar proyectos de fractura hidráulica. A su consideración, uno de los principales problemas es que las herramientas necesarias para este tipo de explotación están controladas por grandes corporaciones privadas. En este sentido, sostuvo: “la tecnología no es neutral”.

Explicó que las innovaciones dentro de la industria energética responden a intereses económicos y empresariales específicos, por lo que avanzar hacia el fracking podría significar una nueva forma de dependencia tecnológica y financiera para el país. “Si dependemos de empresas y tecnología extranjera, entonces hay que preguntarnos dónde está realmente la soberanía”.

El académico también rechazó la idea de que existan nuevas tecnologías capaces de volver sustentable el fracking. Como ejemplo, comparó el discurso actual con lo ocurrido en la minería a cielo abierto, presentada durante años como una innovación tecnológica pese a sus impactos ambientales devastadores. “Sí hay nuevas tecnologías, pero eso no significa que sean menos destructivas”, advirtió.

El agua y los impactos ambientales

Uno de los puntos centrales de la mesa fue el impacto hídrico del fracking. En este sentido, el economista insistió en que el término “fractura hidráulica” permite entender mejor la dimensión del problema, ya que este proceso depende completamente del uso intensivo de agua.

La técnica consiste en perforar el subsuelo e inyectar millones de litros de agua mezclada con arena y distintos compuestos químicos para fracturar formaciones rocosas y liberar gas o petróleo atrapado bajo tierra.

Aunque las empresas petroleras suelen argumentar que existen recubrimientos de cemento para evitar filtraciones directas hacia los mantos acuíferos, afirmó que el verdadero problema ambiental va mucho más allá de la contaminación inmediata de pozos o ríos.

“No solo se contamina un río o un manto acuífero. Lo que se está contaminando es el ciclo completo del agua”, explicó.

Señaló que muchos de los químicos utilizados durante el proceso permanecen en el ambiente incluso después de recuperar parte del agua utilizada en la extracción. Además, advirtió que existe poca claridad sobre varias de las sustancias inyectadas debido a que muchas forman parte de secretos industriales. “Hay sustancias de las que ni siquiera sabemos completamente qué efectos generan”.

La preocupación aumenta, explicó, si se considera que muchas de las zonas donde podrían desarrollarse proyectos de fracking en México enfrentan actualmente condiciones severas de estrés hídrico. Durante la ponencia presentó mapas donde las áreas potenciales de extracción coinciden con regiones afectadas por sequías y escasez de agua, principalmente en el norte del país. “¿Cómo le vamos a hacer si esta técnica requiere enormes cantidades de agua en zonas donde prácticamente no hay agua?”, cuestionó.

 

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A partir de ello, sostuvo que el impacto no se limitaría a las comunidades humanas cercanas a los pozos, sino que alcanzaría ecosistemas completos, incluidos los desiertos del norte mexicano. “El desierto también es un ecosistema. Que no haya grandes ciudades no significa que no deba protegerse”.

Hacia el cierre de su participación, el académico Yedra Hernández sostuvo que el debate sobre el fracking no puede limitarse únicamente a la necesidad de producir más gas o fortalecer el suministro energético nacional, sino que debe considerar sus consecuencias ambientales y sociales de largo plazo.

Aunque reconoció la importancia estratégica del petróleo y del gas dentro de la economía mundial, insistió en que eso no justifica avanzar hacia procesos que podrían generar daños irreversibles sobre el agua, los ecosistemas y las comunidades. Si hay un debate entre soberanía energética y medio ambiente, para mí la postura es muy clara: vámonos por el medio ambiente”. 

Para el académico, mientras la soberanía energética puede reconstruirse mediante políticas públicas o nuevas estrategias económicas, los daños ambientales provocados por actividades extractivas de gran escala podrían permanecer durante generaciones. “La soberanía y la seguridad energética se pueden recuperar. El medio ambiente no se puede recuperar”. 

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