En 1954, Estados Unidos perpetró un golpe de Estado contra Jacobo Arbenz, suceso que inauguró la Guerra Fría interamericana, tras el Bogotazo de 1948, donde asesinaron a Jorge Eliecer Gaytán. En dicho golpe, Estados Unidos elaboró lo que podemos denominar como “el manual del buen golpista”: el Plan PBSUCCESS. En Guatemala estuvo implicada la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), el Departamento de Estado, los medios de comunicación y fuerzas sociales guatemaltecas apoyando el golpe. Ese hecho dejó amplias lecciones que es pertinente recuperar para el caso mexicano en pleno 2026.
Algunas partes de dicho plan son:
Paso 1. Personal y evaluación
Paso 2. Condiciones preliminares
- Que la jefatura Central se mueva en el campo
- Crear tensiones y bajas al interior del target
- Desacreditar el target en su casa y en el extranjero
- Demostrar la incapacidad del gobierno
- Comenzar la presión económica
Paso 3. Construcción
- Crear el máximo antagonismo posible
- Impulsar la voluntad de resistencia al interior del target
- Aplicar presión económica interna y externa para crear dificultades
- Iniciar un programa de sabotaje pasivo
Paso 4. Periodo crítico
- Aplicar presión económica al máximo
- Acentuar la disidencia al interior del target
- Campaña intensiva de rumores para generar miedo de guerra
La ofensiva contra México
Evaluemos entonces el caso mexicano. Fase uno, personal y evaluación: por la filtración a Los Ángeles Times y de la pluma del periodista Steve Fisher, en abril se supo que la CIA operaba en Chihuahua. La gobernadora María Eugenia Campos abrió la casa al injerencismo e incluso cedió a esa agencia un piso en la fraudulenta Torre Centinela. La gobernadora, fiel al Partido Acción Nacional (PAN), construyó la torre de la injerencia con sobreprecio y opacidad.
Fase dos, condiciones preliminares: las tensiones y bajas al interior del target tienen nombre y apellido: el gobernador con licencia Rubén Rocha, el senador Enrique Inzunza, señalados por el Departamento de Justicia por supuestos vínculos con el narcotráfico. Señalamiento que, hasta la fecha, no cuenta con pruebas. Y tras una nueva filtración de la Embajada que preside el exboina verde Ronald Johnson (experto en operaciones especiales y guerra psicológica), ahora apuntan al retiro de la visa de los gobernadores de Sonora y Tamaulipas. Tres de los seis estados fronterizos. Además, dejan abierta la posibilidad del retiro de la visa al senador Adán Augusto López. Los gobernadores de Sonora y Tamaulipas ya desmintieron. Lo que vemos es que apuntan a eslabones que consideran débiles en la cadena de mando, yendo desde abajo en la estructura de gobierno.
La operación de descrédito contra el gobierno mexicano dentro y fuera del país comenzó hace meses. Fiel a sus conocimientos en operaciones especiales, el embajador Johnson comenzó lento pero seguro con medios de comunicación extranjeros (Financial Times, The New York Times, Washington Post, Wall Street Journal, The Economist) y la prensa nacional. En la narrativa promotora del injerencismo se manejan tres matrices de opinión que están entrelazadas con otras subyacentes: “el narcotráfico gobierna territorios amplios del país”, “hay una crisis de seguridad”, “los políticos en el gobierno son corruptos y tienen vínculos con el narcotráfico”.
Nos enfrentamos de nuevo a la narrativa del narcogobierno, narcopartido, algo que ya se había ensayado en 2024. Con esta narrativa se pretende imponer la idea de la incapacidad de la autoridad mexicana de gobernar el país, y se compromete su viabilidad política con miras a las elecciones de 2027.
Fase tres, la construcción. Ahí se encuentra, por ejemplo, el antagonismo que buscan las fuerzas conservadoras nacionales y extranjeras que instalaron la narrativa de la supuesta separación de la presidenta Claudia Sheinbaum con Andrés Manuel López Obrador. Pero también la división o búsqueda de la ruptura del gobierno con el pueblo. O, por ejemplo, la fractura con ciertos grupos sociales y movimientos sociales: los colectivos de familiares de desaparecidos, el magisterio, y otros grupos sociales opositores al Mundial de FIFA 2026. Cada grupo con demandas legítimas, pero que pretenden ser usadas por la derecha nacional e internacional para buscar mayor división social.
Impulsar la voluntad de resistencia al interior es un paso que dieron Larry Rubin –de la American Society– y empresarios estadunidenses y mexicanos, como quedó en evidencia en la conferencia de la presidenta Sheinbaum el 9 de junio. Desde el sector empresarial, hubo quien incitó a dejar atrás las marchas pacíficas y llamó a usar la violencia.
En el caso de Rubin, éste tiene contacto con un exagente de la CIA con presencia en México: Rick de la Torre, quien forma parte de la empresa Tower Strategy LLC y estuvo presente en la cena de gala a la que asistieron políticos de la oposición y empresarios. Lo anterior es un claro ejemplo de que estamos en una revolución de colores, donde se busca un golpe blando con un enorme apoyo de medios de comunicación nacionales y extranjeros, que reiteran las narrativas de narcogobierno, crisis de seguridad y crisis económica.
Adicionalmente se emplea la presión económica interna y externa, a través de la deuda, los aranceles y la revisión del T-MEC; así como con las presiones fiscales, si el empresariado mexicano no paga impuestos. Pero también aquí juega el capital financiero su balón, presionando la bolsa de valores, la estabilidad del peso, la inducción de una inflación y aprovecha eventos geopolíticos internacionales.
La fase cuatro, período crítico. Lo conoceremos ya en pleno Mundial de futbol. Veremos si las distintas fuerzas en contra toman su lugar histórico. Los partidos de oposición, PAN y PRI, ya mostraron que están abiertos a la injerencia y a su vocación apátrida, a la búsqueda de un Maximiliano de Habsburgo en pleno siglo XXI y a sentarse en la mesa con lo más rancio de la derecha nacional y extranjera.
Los empresarios, esa burguesía rentista extranjerizada y más yankee que mexicana está dividida, algunos muestran su confianza en el gobierno de México. Otros, simplemente apuestan al injerencismo. Aunque prometieron inversiones, es importante que las hagan, pero también que paguen sus impuestos, de lo contrario, se abre otra presión, la fiscal, que incide sobre las finanzas lo que resta de 2026, pero más en 2027, año electoral.
La campaña intensiva de rumores para generar miedo de guerra la vemos todos los días y en prácticamente todos los medios de comunicación hegemónicos y corporativos. La invasión de Estados Unidos a México es un escenario que lleva tiempo en el inconsciente del pueblo mexicano. Sin embargo, ya ensayaron en Venezuela otra metodología, el secuestro, ahora lo intentan en La Habana y quieren replicarlo en Bolivia contra Evo Morales.
El golpismo de hoy no es la invasión como en el siglo XIX, es el secuestro de un presidente, de un líder o lideresa, es el uso fáctico de los medios de comunicación, del lawfare, o sea, de la justicia por razones geopolíticas. Como dijo en su última carta un líder indiscutible como López Obrador, por intereses mezquinos de “paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados”. Los de aquí y los de allá.
Pero en América Latina y el Caribe, no es Estados Unidos el que tiene la última palabra, son los pueblos. Son las madres y padres de las y los desaparecidos, los jóvenes que luchan, los obreros que transforman las materias primas, los maestros y maestras, los que defienden sus comunidades y territorios, las comunidades indígenas, las amas de casa, la clase trabajadora mexicana que se desempeña en los servicios, el conductor de aplicación. Es el pueblo de México el que en su larga historia y diversidad ha peleado por libertad, soberanía y democracia, y ha dado muestras de que, frente a invasiones de potencias extranjeras, se les expulsó y derrotó. Nos quieren divididos, peleados, porque un pueblo dividido es más propenso al control. El reto es la unión de lo diverso.



















