Las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierra que golpearon el norte de Nepal a finales de agosto de este año dejaron más de 1 mil 200 muertos y arrasaron comunidades enteras en el país; y la devastación fue contundente: de los cerca de 40 puentes que existían en la zona afectada, solo uno permanece en pie, lo que ha dejado aisladas a numerosas comunidades.
Ante esta devastación, Sara Netzer, directora regional de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), advirtió que el tipo de crisis vivido en Nepal “podría repetirse en todo el Himalaya” a medida que avance el cambio climático.
“Creo que lo que estamos viendo en Nepal es algo que podría repetirse en todo el Himalaya a medida que avance el cambio climático“, dijo, y advirtió: “Es una crisis que hoy afecta a Nepal, pero que en el futuro podría afectar a otra comunidad o a otro país”.
La advertencia coincide con una creciente preocupación por los riesgos que enfrentan las zonas montañosas debido al retroceso de los glaciares, la inestabilidad de los terrenos y fenómenos extremos capaces de transformar, en cuestión de horas, el curso de los ríos y las condiciones de vida de comunidades enteras.
“Parece un apocalipsis”, afirmó Netzer este viernes en una rueda de prensa desde Bangkok. En su recorrido por el país afectado, señaló que en algunas zonas es imposible pensar en la reconstrucción. En una de las comunidades que visitó, donde vivían unas 1 mil 200 personas en alrededor de 400 viviendas, “todo quedó completamente arrasado” por una masa de agua y lodo: algunas casas fueron desplazadas hasta 150 metros de su ubicación original, y los escombros alcanzan entre cinco y ocho metros de profundidad.
Por este desastre, miles de personas desplazadas permanecen ahora en centros provisionales habilitados por el gobierno nepalí, algunos de ellos en escuelas que las autoridades esperan poder reabrir; el acceso a agua potable, saneamiento y alojamiento temporal figuran entre las necesidades más urgentes, lamentó.
Pero hizo énfasis en que la situación es especialmente difícil para la niñez que perdió a familiares o presenció cómo eran arrastrados por las aguas. “Muchos ya no tienen padres y también están viviendo en estos centros”, explicó Netzer, quien señaló que recuperar cierta normalidad y poder regresar a las aulas será fundamental para ellos.
Volver a casa, sin embargo, no será sencillo: el río cambió por completo de curso en algunas zonas, y todavía no está claro dónde sería seguro reconstruir. Netzer comparó el terreno con una masa gelatinosa que aún no ha terminado de asentarse. “Normalmente, dos o tres semanas después de un desastre empezaríamos a ver a las comunidades reconstruyendo. Pero eso no puede ocurrir aquí”, señaló.
Algunas de las comunidades afectadas ya habían sufrido desplazamientos tras el terremoto de Nepal de 2015; una década después, muchas familias volvieron a perder sus hogares, sus medios de vida y a seres queridos, mientras otras continúan buscando a familiares desaparecidos.
La catástrofe de finales de agosto estuvo vinculada a una falla de roca y hielo, dentro de lo que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) describió como una “crisis compuesta catastrófica“. “Es una crisis con un enorme costo humano y un enorme costo en infraestructura”, afirmó Netzer.
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