El Estado y su transformación frente al avance de las derechas

El Estado y su transformación frente al avance de las derechas

FOTO: Anibal García

Los gobiernos progresistas se enfrentan a procesos económicos sumamente complejos en esta segunda década del siglo XXI: el declive hegemónico de Estados Unidos, la disputa por recursos estratégicos (la mayoría ubicados en países subdesarrollados y dependientes), con cambios profundos en las relaciones internacionales visibles en la crisis del multilateralismo, pero en un momento en el que emerge cierto multipolarismo, genocidios, guerras, conflictos bélicos y guerras de baja intensidad. Todo ello en un contexto de crisis económica recurrente (2001, 2008, 2020) con repercusiones políticas palpables sobre las democracias del mundo.

Con el objetivo de pensar la situación actual de los gobiernos progresistas frente al avance de las derechas, se efectuó un seminario internacional en la sede de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS), los días 14 y 15 de octubre. El tema es de la mayor relevancia estratégica para los pueblos que logran realizar un proyecto político que se conforma como gobierno: ganar elecciones presidenciales y conformar gobiernos es apenas uno de tantos pasos, que no implica necesariamente ejercer el poder en su amplia concepción.

FOTO: Anibal García

Por ello es importante pensar la forma de Estado capitalista al cual se llega por la vía de las urnas: generalmente, con un patrón de acumulación de capital financiarizado, con explotación laboral, con acuerdos de libre comercio que no sólo ejercen presiones económicas en nuestros países, sino también, políticas y, en algunos países de la región latinocaribeña, con economías reprimarizadas.

Algunas cuestiones que atravesaron el seminario fueron: ¿qué hacen los pueblos cuando logran llegar a conformar un gobierno con un Estado capitalista en su forma globalizada, lo transforman o administran con esa forma de Estado? ¿A qué se enfrentan las izquierdas cuando ejercen la administración de un Estado capitalista y deciden comenzar un proceso de reforma y cambio de la correlación de fuerzas en el Estado? ¿Con qué tipo de reformas comenzar a transformar el Estado capitalista neoliberal? ¿Cómo inciden los pueblos en ese proceso de transformación? ¿Cómo analizar los partidos-movimientos y sus transformaciones?

Al respecto, Alexander Roig –expresidente del  Instituto Nacional de Asociativismo y Economía (INAES)– mencionó con respecto a la forma del Estado que adquiere bajo los gobiernos progresistas que “el gran problema del Estado es que hay muchas cosas que no sabe y que a la hora de construir políticas, la erra, por decirlo de alguna manera. O armas un dispositivo de planificación, de captación de saberes de personas que participan en política, o esto está directamente vinculado al Estado. Si no hay un dispositivo, el Estado va tener la tendencia a no saber y piensa que las encuestas de opinión, los institutos de estadística sustituyen esos saberes que son aportados por los propios actores de la sociedad. Lo cual es la sociedad adentro del Estado y no la sociedad en frente al Estado”.

Al hacer el balance del caso argentino, Roig mencionó que en cuarenta años no se modificó ninguna institución y, los gobiernos progresistas han sido los administradores de instituciones neoliberales: “mismo sistema bancario, mismo sistema laboral, mismo modo de inserción internacional”. Las dos modificaciones que destacó fueron la nacionalización del sistema de pensiones y la asignación universal por hijo. Aunque también habría que destacar la nacionalización de empresas y recursos.

Una de las críticas que establecieron los ponentes fue con respecto a cómo algunos gobiernos progresistas se desligan del mundo del trabajo. En diálogo con la participación de Camila Vallejo, Roig ubicó el problema no en la redistribución de la riqueza con políticas fiscales, sino en políticas de valorización del trabajo.

Por su parte, Camila Vallejo –quien formó parte del gobierno chileno bajo el ex presidente Gabriel Boric y ahora incorporada a la CISS– mencionó que pese a que en el gobierno del cual fue parte se incrementaron salarios, hubo mejoras en derechos sociales y laborales, no fue suficiente, pues las derechas ganaron la percepción. El “relato mató al dato”.

FOTO: Anibal García

Ahí es donde las izquierdas –pese a que lo han hecho de distintas maneras– tienen una tarea todavía pendiente. Disputar el relato en el fondo es disputar la construcción de sentido político y de significación en un contexto de cambio de época como recordó Pablo Vommaro, Secretario Ejecutivo de CLACSO, en el que el espacio virtual, las redes sociales, el uso de algoritmos, ensucia, empantana el debate público y lo enrarece.

Y en 2025 y 2026 tras varios procesos de elección en América Latina, queda claro que no sólo el relato mata el dato, sino que el relato construido por bots, algoritmos, software, erosiona las democracias latinoamericanas como fue en Colombia, Chile, Argentina, Perú y más recientemente Brasil.

Si antes el recurso del método de grupos de derecha fueron los golpes de estado perpetrado con sujetos políticos muy concretos como fuerzas armadas, empresarios, oligarquías, Estados Unidos, la iglesia, ahora, se han decantado por el control de conceptos, con la resignificación de ideas fuerza que eran parte del ideario de izquierda: democracia, libertad, igualdad y cambio. Por lo que estamos, como mencionó Fidel Castro, ante la batalla de ideas.

Vale la pena una precisión, lo anterior, no implica que las derechas del siglo XXI dejen de lado los golpes de estado clásico (por ejemplo Bolivia 2019, Perú 2022, Honduras 2009, Venezuela 2002), o que olviden los golpes judiciales (Brasil, Paraguay, Ecuador, Perú). Queda claro que las derechas en la actualidad, recurren a viejos y nuevos métodos cuando llegan gobiernos progresistas.

Con respecto al proceso de cambio institucional y de política pública, Camila Vallejo mencionó que no es que no haya habido la intención del cambio. El caso más emblemático es el proceso constituyente chileno para cambiar la Constitución herencia de la dictadura de Augusto Pinochet, el cual fue rechazado por mayoría. O la reforma de pensiones, la cual se enfrenta a uno de los elementos privatizadores instalados desde la dictadura y que se modificó mediante la creación de una figura de protección social.

Para Vallejo, uno de los problemas políticos ante la transformación del Estado no es la desinformación en abstracto, exponenciada por redes sociales, sino que ese proceso implica que los pueblos dejen de creer en algo. O sea, procesos de antipolítica en América Latina que impiden que los pueblos crean que la política sirve y funciona para transformar, que los partidos políticos permiten cambiar la correlación de fuerzas, que los procesos de organización sirven para transformar.

Al respecto, Pablo Vommaro preguntó: ¿cómo reconstruir un proyecto de transformación cuando se debilita la confianza en el futuro? Parte de la cultura pop implica que sea más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, y para ello, la maquinaria cultural estadunidense ha invertido millones de dólares en películas y series, para impedir pensar en ideas de transformación.

Hay dos libros que son básicos para quienes tengan la intención de estudiar a las derechas, Las derechas latinoamericanas y Circule por la derecha: Percepciones, redes y contactos entre las derechas sudamericanas, 1917-1973 de Ernesto Boholavsky. En el primero, Boholavsky sugiere que “desde los años noventa a la actualidad el peso de las redes transnacionales ha crecido, al igual que su capacidad para incidir en la agenda política de diversos países. Pero, en todo caso, conviene prestar atención no sólo a quien difunde el mensaje sino también a quienes se lo apropiaron, naturalizaron e incorporaron” (p. 248)

Y ahí es donde entra México como experiencia vital para luchar contra las derechas del siglo XXI. Eso que llamamos revolución de las conciencias permite la disputa y creación de sentidos, de horizontes políticos. Es la creación, si se quiere, de un impermeable político-ideológico frente a ideas conservadoras, de derechas e incluso, fascistas (entendiendo los debates que genera el concepto) que recorren gran parte del mundo occidental.

En palabras del Doctor Enrique Semo, “hay que revivir las utopías”, enfrentarse al fantasma de la incertidumbre a la que abonan gobiernos como el de Trump. La creación de utopías y de alternativas políticas son peligrosas a los poderes políticos y económicos, por eso el esfuerzo del gobierno de Estados Unidos para que Cuba no prospere, por ello el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, uno de los procesos políticos más radicales y de mayor duración en el siglo XXI. Por eso, las presiones múltiples sobre México.

FOTO: Anibal García

Por último, las tareas de las izquierdas son urgentes: caracterizar el momento actual, ubicar los grupos de poder y sus alianzas internacionales, estudiar no sólo quiénes emiten mensajes de derechas sino cómo es recibido por amplios grupos sociales, continuar con la revolución de conciencias y no dejar de lado la ardua tarea de transformar el Estado, no frente a la sociedad sino con la sociedad, entendiendo precisamente que no todo es negro y blanco y que la paciencia en política no sólo es virtud, sino un arma revolucionaria (como mencionó Silvana Rabinovich).

Son cuestiones fundamentales que permiten no sólo ubicar en las experiencias latinoamericanas las carencias y las críticas a lo hecho, sino aprender de ellas para responder mejor, aprender de las derrotas y con la fuerza de la historia de las izquierdas, continuar la disputa política.

Ahora en vivo

Contralínea en vivo