Adicción a las pantallas afecta salud mental y cognición en infantes

Adicción a las pantallas afecta salud mental y cognición en infantes

Imagen: 123RF

Los avances tecnológicos han facilitado numerosas actividades cotidianas, pero su uso problemático –adictivo– también plantea riesgos para la salud. En México, el tiempo promedio diario de uso de internet aumentó 37.5 por ciento entre 2017 y 2024; a ello se suma que más del 80 por ciento de quienes utilizan un teléfono inteligente accede a redes sociales. Consultados por Contralínea, especialistas advierten que el uso excesivo puede relacionarse con ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y dificultades en el desarrollo cognitivo, principalmente entre los infantes y jóvenes. Ante estos riesgos, las autoridades mexicanas aplican medidas que van desde la restricción del uso no pedagógico de celulares en las escuelas hasta la regulación de plataformas digitales para proteger a menores de edad de contenidos peligrosos

La adicción y el llamado “uso problemático”  de las pantallas se asocia con problemas de salud, como ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y dificultades en el desarrollo cognitivo, principalmente entre los infantes y jóvenes, advierten especialistas consultados por Contralínea.

En México, más del 84 por ciento de la población de seis años y más utiliza un teléfono celular, indica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Además, con el acceso a internet de más del 86 por ciento de ese grupo poblacional, los videos cortos, las imágenes llamativas y las frases atractivas también forman parte del consumo de información, junto con la prensa y la radio. Otro dato que sobresale es que, entre 2017 y 2024, el tiempo promedio diario de conexión a internet en el país pasó de 3.2 a 4.4 horas.

De los dos a los cinco años de edad “no se recomienda que [su uso] sea más de una hora de uso recreativo, y todo el tiempo acompañado de una persona adulta” que promueva el aprendizaje. A partir de los cinco o seis años y hasta la adolescencia, “no se recomienda más de dos horas al día de uso recreativo”. Pese a estas recomendaciones, la exposición ha aumentado en los últimos años, indica Francia Anabelle Tercero Gómez, doctora en nutrición poblacional por la Escuela de Salud Pública de México.

La especialista agrega que los problemas asociados con el uso excesivo de pantallas abarcan distintas áreas: ansiedad o depresión; aislamiento, distorsión de la realidad o baja autoestima; bajo desempeño escolar y exposición al bullying; privación del sueño, así como alteraciones en la conectividad neuronal, la estructura y el funcionamiento del cerebro.

Por su parte, el doctor Daniel Alejandro Díaz Domínguez, director general del Hospital Psiquiátrico Infantil ‘Doctor Juan N Navarro’, en la Ciudad de México, señala que parte de las afectaciones se debe al uso problemático de las redes sociales. En estos espacios, explica, los estereotipos y la opinión ajena pueden influir en la autopercepción y favorecer tristeza, trastornos de la conducta alimentaria o segmentaciones sociales.

Para reducir estos riesgos se han desarrollado guías que recomiendan límites de exposición según la edad. La doctora Tercero Gómez lo desglosa de la siguiente manera: antes de los dos años, las y los niños no deberían tener ninguna interacción con pantallas; en su lugar, se debe fomentar la lectura, el juego y la estimulación temprana. Sin embargo, advierte que, a nivel global, se ha encontrado que este grupo pasa, en promedio, unos 50 minutos diarios frente a ellas.

Aumenta el tiempo en internet

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, del Inegi, registró 103 millones 200 mil mexicanas y mexicanos que utilizaban un teléfono celular, equivalentes al 84.6 por ciento de la población de seis años y más.

La cifra superó en 26 millones 800 mil la registrada en 2015. Por su parte, las personas usuarias de internet sumaron 104 millones 900 mil en 2025, es decir, el 86.1 por ciento del mismo grupo poblacional: tres puntos porcentuales más que en 2024.

A nivel nacional, el 90.6 por ciento de quienes utilizaban un teléfono inteligente accedió a aplicaciones de mensajería instantánea; el 80.4 por ciento lo utilizó para ingresar a redes sociales, y el 77.8 por ciento, para consultar contenidos de audio y video, de acuerdo con la ENDUTIH 2025, publicada en 2026.

El acceso a internet no constituye, por sí mismo, un problema. Entre los aspectos que deben considerarse están el tiempo de conexión, los contenidos consultados y las actividades que se desplazan. Las publicaciones anuales de la ENDUTIH permiten observar la evolución de las horas promedio de uso entre 2017 y 2024; el reporte de resultados de 2025 consultado no presenta ese indicador.

En 2017, la encuesta elaborada por el Inegi y el entonces Instituto Federal de Telecomunicaciones registró un promedio nacional de 3.2 horas diarias. La cifra aumentó hasta alcanzar 4.8 horas en 2021, durante la pandemia de Covid-19, y después descendió progresivamente hasta 2024, cuando se registraron 4.4 horas de uso diario.

Gráfica: elaboración propia con datos de la ENDUTIH.

Los adultos jóvenes y adolescentes destacan por el tiempo que dedican a conectarse. En la serie analizada, las y los mexicanos de 18 a 24 años son quienes más tiempo utilizan internet: pasaron de 4.4 horas diarias, en promedio, en 2017 a 6.3 en 2021; para 2024, el registro bajó a 5.7.

Durante casi todo el periodo, el segundo lugar de consumo de internet fue el de 25 a 34 años, con una media de 3.9 horas diarias en 2017 y de 5.6 en 2021. Aunque en 2022 descendió a 5.3, volvió a situarse en 5.6 tanto en 2023 como en 2024.

Las y los adolescentes de 12 a 17 años fueron, casi todos los años, el tercer grupo con más consumo de internet en México; en 2020 ocuparon el segundo lugar. Su promedio pasó de 3.1 horas diarias en 2017 a 3.9 en 2019 y a 5.6 en 2020. Después de registrar 5.5 en 2021, descendió hasta 4.5 en 2024.

Por otra parte, el 21 de mayo de 2026, Ricardo Villanueva Lomelí, subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP), alertó que las y los mexicanos mayores de 16 años dedicaban a internet siete horas con 32 minutos, cifra superior a las seis horas y 38 minutos de promedio mundial. Durante su participación en un foro regional y otro internacional en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, el funcionario comparó ese tiempo con una “jornada laboral en el celular”.

Gráfica: elaboración propia con datos de la ENDUTIH.

De acuerdo con la doctora Tercero Gómez, en 2012 las y los niños y adolescentes utilizaban algún dispositivo electrónico alrededor de tres horas diarias. Entonces, dos de cada tres no cumplían con las recomendaciones de limitar su uso recreativo a dos horas.

La investigadora relaciona este fenómeno con la creciente oferta de aparatos y plataformas: “Hace algunos años teníamos una o dos redes sociales; ahora tenemos más de cinco o 10 que son sumamente atractivas para los niños, niñas y adolescentes”.

En 2018, un artículo de la revista Acta de Investigación Psicológica, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), concluyó que el uso excesivo de celulares “podría ir más encaminado por la conducta adictiva a las redes sociales que por la dependencia del dispositivo en sí”.

Foto: Graciela López/Cuartoscuro

No llamarlo “adicción”

La discusión también abarca cómo definir el problema. En México, especialistas del sector salud han sugerido evitar la palabra “adicción” para referirse a estos patrones de comportamiento y utilizar “uso problemático”, con base en criterios técnicos.

El director del Hospital Psiquiátrico Infantil explica a Contralínea su postura a partir de las diferencias que identifica respecto del consumo de sustancias psicoactivas. En su descripción, estas se alojan en receptores cerebrales, donde generan estímulos y reacciones; plantea que una intervención consiste en bloquear los receptores, “para que el día de mañana, cuando yo interrumpa el consumo, no me dé una abstinencia que me lleve a la muerte”.

En cambio, señala que el uso del celular activa el sistema de recompensa, “con la segregación de dopamina”. Aunque reconoce comportamientos de tipo adictivo que afectan la vida cotidiana, sostiene que interrumpir esta actividad puede provocar ansiedad y otras consecuencias, pero no hay riesgo de morir por la suspensión en sí misma.

La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) ha abordado esta discusión en mesas técnicas interdisciplinarias. En un comunicado señaló que “no existe evidencia de un síndrome de abstinencia clínicamente comparable al de sustancias psicoactivas”.

“En su lugar, se promueve el término ‘uso problemático’ o ‘uso perjudicial’ por su carácter técnico, preciso y no estigmatizante, lo que desplaza la culpa individual hacia la necesidad de regular el diseño persuasivo de las plataformas tecnológicas”.

Para Díaz Domínguez, esta denominación no resta importancia al problema ni impide que se modifique conforme avance el conocimiento. Añade que, en los programas de ayuda a los que se refiere, se busca reducir gradualmente el uso del dispositivo, en vez de retirarlo de golpe.

La revista española Tecnología, Ciencia y Educación también ha contribuido al debate. En 2021 señaló que la adicción sin consumo de sustancias psicoactivas podría definirse como el “uso compulsivo y excesivo que provoca deterioro en el funcionamiento diario del individuo y se convierte en una conducta activa”.

Por su parte, el Centro de Excelencia en Redes Sociales y Salud Mental Juvenil de la Academia Estadunidense de Pediatría señala que el uso excesivo de estas plataformas “tiene el potencial de convertirse en una adicción conductual”.

Salud mental, entre las principales afectaciones

Al frente del Hospital Psiquiátrico Infantil, Díaz Domínguez relata casos de niños que tuvieron conflictos familiares después de que les retiraran el celular. Explica que casi siempre había problemas previos de ansiedad o depresión, “y entonces el dispositivo termina siendo como el pretexto para que se desenlace una cuestión así”.

Detalla que, en lo que va de 2026, el hospital ha registrado un caso relacionado con el uso problemático del celular, “que incluso hasta urgencias vino a dar; […]; previamente no había un señalamiento o advertencia de que esto pudiera suceder”. Aunque solo se ha identificado esa situación, admite que es probable la existencia de más casos sin diagnosticar.

La relación entre el aumento de problemas de salud mental y el incremento en el uso de redes sociales exige distinguir asociación de causalidad. Un informe de 2024 de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos identificó riesgos potenciales, pero concluyó que la evidencia revisada no permitía afirmar que estas plataformas causaran cambios en la salud adolescente a nivel poblacional. También destacó la necesidad de fortalecer la alfabetización digital y el uso seguro de estos espacios.

Infancias y adolescencias, edades críticas

La necesidad excesiva de utilizar dispositivos o redes sociales puede presentarse a cualquier edad. No obstante, las y los especialistas consultados advierten que las consecuencias del uso excesivo de aparatos electrónicos pueden ser más graves en niños, niñas y adolescentes, por encontrarse en etapas de desarrollo.

Uno de los aspectos que destacan es el sueño. En entrevista con Contralínea, Tercero Gómez explica que, mientras una persona duerme, “ocurren procesos sumamente relevantes para los niños y las niñas, como el crecimiento”. También se consolida la memoria, un proceso especialmente importante durante el neurodesarrollo.

Una tabla de la Secretaría de Salud indica que las personas recién nacidas necesitan dormir entre 14 y 17 horas al día. A los 12 meses recomienda 10 horas nocturnas y cuatro más de siestas; a los dos años, entre 11 y 12 por la noche y una o dos durante la tarde.

Para niñas y niños de tres a cinco años, la dependencia señala un rango de 10 a 13 horas; de seis a 12 años, entre nueve y 11. En la adolescencia recomienda de ocho a 10 horas diarias y, en la edad adulta, de siete a nueve.

Además del descanso, la exposición excesiva puede interferir con otras actividades esenciales. La especialista, también investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, resalta la importancia de cuidar a las y los menores de dos años, pues en esta etapa comienza la formación de “millones de conexiones neuronales y las experiencias del día a día nos ayudan a construir o mantener estas conexiones”.

Por ello, explica, el uso excesivo de pantallas durante los primeros años de vida “limita la plenitud de algunas áreas del desarrollo, como el lenguaje, porque en lugar de estar pasando o haciendo más interacciones con personas adultas o con niños, los niños están teniendo solo la recepción de información”.

También puede afectar la memoria y las funciones ejecutivas asociadas con el control de impulsos o la resolución de problemas, cuyo desarrollo se favorece mediante la interacción personal. En el ámbito socioemocional, el juego ofrece oportunidades para regular emociones y expresar ideas y sentimientos que el consumo pasivo de contenidos no sustituye.

A ello se suma el desarrollo físico. Explorar, moverse, jugar y saltar favorecen la musculatura, la elasticidad y el equilibrio. Cuando el tiempo frente a los dispositivos desplaza estas actividades, se reducen las oportunidades de ejercitar esas capacidades.

El aviso de 2023 del cirujano general de Estados Unidos advirtió sobre asociaciones entre el uso frecuente de redes sociales y cambios en la amígdala, vinculada con el aprendizaje emocional y el comportamiento, así como en la corteza prefrontal, que participa en el control de impulsos, la regulación emocional y la conducta social.

Gabriel Gutiérrez Ospina, doctor en ciencias biomédicas por la UNAM, explicó a Gaceta UNAM que la interacción con el entorno es uno de los procesos más importantes del desarrollo posnatal. Mediante el juego se adquieren habilidades de socialización que pueden verse comprometidas cuando las pantallas desplazan ese contacto. La falta de interacción con las personas cuidadoras, agregó, puede alterar la percepción de la realidad y limitar el desarrollo motriz.

En febrero de 2025, la revista PLOS ONE publicó un estudio sobre mil 878 niñas y niños de entre 12 y 48 meses, de 19 países latinoamericanos. La investigación encontró asociaciones entre un mayor tiempo de uso de pantallas y puntuaciones más bajas en el lenguaje y el desarrollo motor. También identificó relaciones negativas entre la exposición a la televisión de fondo o a computadoras y algunos indicadores del lenguaje, como la densidad léxica y el uso de oraciones.

Por su parte, en 2023, la organización estadunidense Sapien Labs analizó datos de 27 mil 969 personas de entre 18 y 24 años, de 41 países. El estudio examinó la relación entre su bienestar mental y la edad a la que recibieron su primer teléfono inteligente o tableta, mediante el Cociente de Salud Mental.

Entre las mujeres que adquirieron su primer teléfono a los seis años, el 74 por ciento obtuvo puntuaciones en los rangos de mayor malestar de ese instrumento. La proporción bajó al 61 por ciento entre quienes lo recibieron a los 10 años; al 52 por ciento, a los 15, y al 46 por ciento, a los 18.

Como referencia, el informe señaló que menos del 14 por ciento de las personas de 45 años o más, que crecieron y vivieron buena parte de su juventud antes de la expansión de internet, se encontraba en esos rangos. Entre los hombres jóvenes, las puntuaciones del cociente “fueron de 20 a 25 puntos más altas que las de sus contrapartes femeninas para todas las edades a las que se adquirió el primer celular”.

“Este informe demuestra que las personas de 18 a 24 años de edad que adquirieron su primer smartphone (o tableta) a una edad cada vez mayor tenían, en promedio, mejor bienestar mental y, de manera correspondiente, menos problemas con pensamientos suicidas, sentimientos de agresividad hacia otros y sentido de desconexión de la realidad. Esto señala el efecto acumulativo del uso del smartphone en la infancia sobre los resultados en la edad adulta, efecto que es especialmente prominente en las mujeres”.

Estos resultados describen asociaciones; por sí solos no demuestran que la edad de acceso al primer dispositivo sea la causa de las diferencias observadas.

El estudio publicado en PLOS ONE también identificó mejores indicadores de densidad léxica cuando madres y padres compartían el uso de pantallas con sus hijos. “Por tanto, se podría afirmar que el tiempo de uso no sería por sí solo el que tendría un aporte negativo en el desarrollo de la lengua, sino su uso solo y pasivo”.

En este punto coinciden Tercero Gómez y Díaz Domínguez, quienes recomiendan la supervisión de padres y madres de los contenidos que ven sus hijos, para procurar que sean adecuados a su edad y contribuyan al aprendizaje.

Limitar su uso en escuelas

El 22 de septiembre de 2026, la SEP publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo número 09/09/26, que establece condiciones para el uso responsable y seguro de dispositivos digitales personales en las escuelas. En educación básica, que comprende los niveles inicial, preescolar, primaria y secundaria, dispone restringir “el uso de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y electrónicos personales para las niñas, niños y adolescentes estudiantes, durante toda la jornada escolar”.

La disposición permite utilizarlos para “fines educativos previamente programados, esto es, que su uso debe tener una intencionalidad pedagógica, bajo la orientación de las y los docentes”. También contempla situaciones de emergencia. Su implementación comenzará el tres de noviembre de 2026.

Para Díaz Domínguez, esta medida “es la puerta de entrada para crear conciencia a nivel de escuelas y espacios públicos sobre cómo cuidar la salud mental de los niños en relación con el uso de dispositivos y redes sociales. […]. Me parece que esa política pública es muy adecuada en términos regulatorios”. Añade que, en la actualidad, resulta imposible pensar en retirarlos por completo, por lo que se debe aprender a convivir con ellos.

Mario Delgado Carrillo, titular de la SEP, informó el día de la publicación del acuerdo que el 81 por ciento de los más de 565 mil docentes participantes en una consulta realizada durante los consejos técnicos escolares apoyó la regulación de los dispositivos digitales en los planteles.

“El objetivo es recuperar la creatividad y evitar este uso indiscriminado de las pantallas que, particularmente vinculado con las redes sociales, puede tener impactos muy negativos”, señaló la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante la conferencia matutina del 21 de septiembre. En esa ocasión recordó que, antes del acuerdo federal, 16 entidades ya contaban con algún tipo de lineamiento en la materia.

Regular las redes sociales, una necesidad

Las medidas mexicanas se inscriben en una discusión internacional sobre la responsabilidad de las empresas que administran estas plataformas. En Australia, el Parlamento aprobó en noviembre de 2024 una reforma para impedir que menores de 16 años mantuvieran cuentas en determinados servicios de redes sociales. La obligación comenzó a aplicarse el 10 de diciembre de 2025.

El debate también se ha extendido a países europeos, entre ellos Dinamarca y Francia, que han impulsado medidas para limitar el acceso de menores de edad a estas plataformas.

En México, una reforma a la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Querétaro entró en vigor el 30 de agosto de 2025. La disposición establece que las plataformas no deben permitir el acceso a menores de 14 años y que, para registrar a adolescentes de 14 a 17, deben obtener el consentimiento de su madre, padre o tutor. El gobernador Mauricio Kuri González impulsó la medida con argumentos relacionados con los riesgos de los contenidos que circulan en estos espacios.

Otras entidades han discutido propuestas semejantes, entre ellas la Ciudad de México, el Estado de México y Nuevo León. En el ámbito capitalino ha habido dos propuestas durante 2026. La diputada del Partido Acción Nacional Laura Alejandra Álvarez Soto presentó una el 16 de abril para restringir el acceso a menores de 16 años, principalmente por los riesgos de ciberacoso, grooming, contenido inapropiado y manipulación.

El 29 de abril, el diputado de Morena Pedro Haces Lago presentó otra iniciativa para que menores de 16 años no tengan acceso irrestricto a redes sociales y deban contar con autorización de sus padres. Su propuesta también se fundamentó en la violencia digital contra niñas, niños y adolescentes. En ambas, los efectos sobre la salud mental y el desarrollo cognitivo aparecen como parte de la argumentación.

En el ámbito federal, el 14 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum firmó el decreto de entornos digitales seguros para niñas, niños y adolescentes, que obliga a las plataformas a restringir “desde el diseño la exposición a contenidos de violencia, acoso o abuso sexual, así como retirar de inmediato cualquier material de riesgo en perfiles de menores de edad”.

“Tienen que desarrollar todo lo necesario para que sea así”, señaló la primera mandataria. Según la consejera jurídica del Ejecutivo federal, Luisa María Alcalde Luján, en las reuniones de trabajo participaron empresas como Meta, Microsoft, Apple, TikTok, Google, X y Huawei, que reconocieron la necesidad de estas medidas. Las plataformas deberán documentar e informar las acciones adoptadas para cumplirlas en un plazo máximo de 30 días naturales a partir de la entrada en vigor del decreto.

Estas empresas deben evitar que niñas, niños y adolescentes accedan a contenidos, imágenes o videos que promuevan discursos de odio o extremismo violento; abuso, explotación o violencia sexual; suicidio, autolesiones deliberadas o trastornos alimenticios; violencia escolar, acoso, ciberacoso, ciberbullying y conductas ilícitas, así como material sexual explícito. La obligación comprende la exposición y la recomendación algorítmica de esos materiales.

Entrevistada por este semanario, Tercero Gómez cuestiona el diseño de las redes sociales: “Las grandes compañías no se hacen cargo de nuestros niños, niñas y adolescentes; ellos renuncian a cualquier denuncia, a cualquier mala práctica que pueda haber en estas edades, porque son edades extremadamente vulnerables”.

Este modelo se vincula con la “economía de la atención”, en la que captar y mantener el interés de las personas tiene valor comercial. Las grandes empresas compiten por ese recurso y recopilan datos de sus usuarios, explican investigadores de las universidades de Barcelona y Cataluña en un artículo de 2020 publicado en la revista Profesional de la Información.

Los autores sitúan en 2008 un momento de fortalecimiento de estas prácticas, cuando “las técnicas de recolección, extracción, captación, análisis y procesamiento de enormes cantidades de información resuelven los problemas de administración de los datos”. Estos procesos permiten personalizar productos, individualizar la mercadotecnia y observar el comportamiento de millones de personas.

Foto: Rogelio Morales/Cuartoscuro

Limitar su uso y alfabetizar

En un boletín del Instituto Mexicano del Seguro Social, la psiquiatra Julissa del Rosario Ibáñez Ruelas advierte que la adicción y el aislamiento familiar aumentan cuando el acceso al celular ocurre a edades más tempranas. Por ello, señala, “retrasar el uso del celular en los adolescentes puede contribuir a que los padres prevengan situaciones conflictivas a futuro”.

La Organización Mundial de la Salud propone intervenciones frente al uso problemático de redes sociales adecuadas a cada edad, con sensibilidad de género y adaptadas al contexto cultural. Entre ellas están mejorar los entornos y la alfabetización digital; garantizar servicios de salud mental que atiendan problemas relacionados con la tecnología; promover conversaciones sobre bienestar digital; capacitar al personal educativo, y hacer cumplir a las plataformas sus responsabilidades.

“El problema no es que existan las pantallas; el problema es cuando las pantallas sustituyen actividades que el cerebro necesita para desarrollarse, como jugar, como moverse, dormir, conversar, convivir, y cuando se sustituyen por actividades que el cuerpo necesita también para estar sano, como hacer actividad física y dormir. Entonces usémoslas, aprovechémoslas como herramienta, pero no dejemos que esto nos impida desarrollarnos y crecer”, concluye Francia Anabelle Tercero Gómez.

Columna

Sin judicializar, 94% de casos de corrupción en Fiscalía Anticorrupción

A 10 meses de asumir el cargo de fiscal general de la República, Ernestina Godoy ha removido a subprocuradores, fiscales, ministerios públicos, investigadores y hasta personal administrativo para tratar de hacer más eficiente la impartición de justicia con la integración de carpetas de investigación y consignarlas lo más pronto posible ante el Poder Judicial, con las pruebas suficientes para que la justicia sea pronta y expedita.

Saber más »
Destacada

FGR debe superar dificultades jurídicas en acusación contra exfiscal Jáuregui: Oliva Posada

La acusación por traición a la patria contra el exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, abre un debate jurídico sobre la participación ilegal de agentes estadunidenses –en ese caso, de la CIA– en territorio mexicano. El especialista en seguridad nacional, Javier Oliva Posada, advierte que la FGR debe demostrar cómo los hechos atribuidos al exfuncionario encuadran en ese delito, cuya aplicación plantea dificultades jurídicas y posibles implicaciones políticas

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo