Sismo evidencia exasperación social y hartazgo contra instituciones

Sismo evidencia exasperación social y hartazgo contra instituciones

Los más recientes sismos no sólo reflejaron solidaridad y organización alternativa de la sociedad, también el resentimiento y la desconfianza que los mexicanos tienen hacia las instituciones del Estado mexicano

Ropa, maletas y muebles, todo sobre banquetas en múltiples calles de la ciudad. Habitantes de los edificios Osa Mayor y Centauro de la Unidad Soldominios Morelos comen y duermen en la calle, en espera de un peritaje a sus viviendas. A la vista, dos de las principales torres del complejo habitacional quedaron destruidas después del sismo que azotó la Ciudad de México el pasado 19 de septiembre.

Fueron 40 segundos de un intenso movimiento lo que desnudó por completo algunos pisos. Los ladrillos cayeron sobre una avenida deformada que serpentea por varios metros. Las paredes exteriores del edificio Osa Mayor quedaron derrumbadas por tramos. Desde la calle se alcanza a apreciar lo que antes era parte de una armonía familiar.

En el piso 13 de ese edificio ubicado en la colonia Doctores, en el cruce de las calles Doctor Navarro y Doctor Rafael Lucio, delegación Ciahutémoc, vivía la señora Teresa Rodríguez con dos de sus hijos y cinco de sus nietos.

Una semana antes, relata, después del temblor de 8.2 grados que se sintió a las 23:49 horas del 7 de septiembre, las estructuras quedaron lastimadas. Desde el piso 13 se sintió “horrible, pensamos que se iba a caer con nosotros adentro”.

La mujer y su esposo compraron el departamento hace 11 años, invirtieron en él todos sus ahorros. Hoy, se quedaron sin nada. Toda la familia se ha tenido que refugiar en el domicilio cercano de uno de sus hijos. Los más pequeños, dice, ya quieren regresar a su casa. Tiene un nieto de 11 años de edad que ha estado llorando durante estos días, tiene miedo y siente que algo volverá a pasar.

Doña Teresa escuchó en las noticias que el gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Miguel Ángel Mancera, aportará 3 mil pesos como subsidio para el pago de una renta, en tanto se regularice la situación de los condóminos afectados en la capital del país.

doña teresa

“Este temblor nos echó a perder la vida. No sabemos realmente qué vamos a hacer, empezar de cero porque nos quedamos sin nada. Las autoridades no nos dicen nada, se aprovechan de la necesidad, nos citaron para hacer un escaneo al edificio y no llegan. Dicen que nos van a ayudar con una renta, ¿saben cuánto cuesta una renta aquí [en la colonia Doctores], es una burla?”, dice molesta.

La sociedad está “encabronada”

“La sociedad está dolida, resentida, violentada, desconfiada, encabronada, todo lo malo con las instituciones y con el gobierno”, sentencia Valeriano Ramírez Medina, maestro en sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El también doctor en estudios Políticos y Sociales con Orientación en Ciencia Política dice en entrevista que este terremoto demostró que la sociedad puede reaccionar sin las instituciones, y alerta que éste podría ser un precedente de organización para la participación política del próximo año electoral, donde se elegirá nuevo presidente de la República y Congreso de la Unión.

Cuando ocurrió el temblor del 19 de septiembre, que ocasionó derrumbes en la capital del país, “la gente en lo último que pensó fue en el gobierno. Pensamos en que todos nos podríamos ayudar por encima de nuestras diferencias ideológicas, sociales, económicas y sexuales, pero manteniendo la distancia con el gobierno y las instituciones”, comenta el investigador universitario.

La distancia que está tomando la sociedad para reaccionar en conjunto, advierte, “se está haciendo cada vez más lejana, porque desconfiamos de las autoridades y porque las autoridades nos han dado muestras de incapacidad de resolver los asuntos. Al mismo tiempo, han demostrado que aprovechan cualquier oportunidad para promoverse y acabarse el apoyo y la solidaridad para los damnificados”.

Con este tipo de reacciones sociales, dice Ramírez Medina, “se va a acabar por demostrar que la sociedad puede tener una alternativa a partir de su propia organización”.

departamentos

Ingresos y vivienda perdidos

Alejandro Romero García también era uno de los habitantes del complejo habitacional de la Unidad Soldominios Morelos. Desde el pasado 19 se septiembre padece haber perdido su propiedad, pero también su ingreso.

El hombre de 66 años dependía del pago de alquiler que hacían 4 personas en su departamento. Era tan grande, comenta, que además de las tres recámaras podíamos ocupar la estancia para dormir.

Alejandro quedó desempleado hace 15 años. Primero, dejó de trabajar en el Instituto Mexicano del Seguro Social hace 22 y con su liquidación adquirió el departamento que ahora no puede habitar. Poco más tarde, ingresó a trabajar al área de sistemas del Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores, del que fue liquidado hace 15 años. “Perdí mi modus vivendi”, comenta.

“Me quedo sin nada; sin patrimonio y sin ingresos para poder sobrevivir”, dice el hombre de 66 años, que pese al desalojo de su vivienda, ha participado en las labores solidarias que se llevan a cabo en la colonia vecina, donde hubo edificios colapsados y personas que quedaron atrapadas en ellos.

“Tengo que dar pie a ver cómo se soluciona esta situación, ya después empezaremos a ver a qué me voy a dedicar para vivir”, dice. Mientras, espera el dictamen de las autoridades y la asesoría necesaria para saber cuáles son los pasos a seguir.

En estos días, Alejandro ha vivido de las aportaciones de la gente, principalmente, de la comida que les han llevado algunos vecinos de la colonia que se han solidarizado con ellos. Tan sólo en el edificio que él habitaba había 56 departamentos, él calcula que había unas 40 familias propietarias y, el resto, rentaban o mantenían oficinas. “Trato de no perderme”, insiste. Sabe que si decae el ánimo será más difícil recuperar algo de lo perdido. En tanto, sabe que el riesgo persiste.

edificio

Una sociedad volcada

Para el sociólogo Valeriano Ramírez Medina una de las muestras sociológicas que dejaron los más recientes sismos es la reacción inmediata de la sociedad, por encima de la actividad de las instituciones, ya que fueron ellos, los civiles, los primeros en llegar a remover los escombros en los edificios colapsados en la Ciudad de México.

Desde el terremoto de 1985 la sociedad se venía preparando; aprendimos, aunque todavía falta preparación porque, dice, se cometieron errores como correr y perder la perspectiva. Desde el 19 de septiembre pasado, comenta, la sociedad se volcó en la necesidad de acudir, de apoyar de sentirse útil, como brigadistas, en las labores de limpieza, pasar de piedra en piedra y desalojar el cascajo, hacer las filas en la ciudad de México.

El investigador apunta que no debe olvidarse que la tragedia no sólo ocurrió en la capital del país, ya que desde el 7 de septiembre están vulnerables Chiapas y Oaxaca, “se nos olvidó”. En este momento tenemos a Morelos, Puebla y el Estado de México.

“Sabemos cómo reaccionar, cómo comunicarnos, cómo prevenir y cómo rescatar un edificio. Lo que no sabemos es cómo evitar que se nos desgaje el cerro, cómo reparar en poco tiempo un camino de único acceso, como ocurrió San Gregorio, Xochimilco, o en Juchitán, Oaxaca”, comenta.

—¿La organización de la sociedad que se vio tras los sismo pasados, podría impactar políticamente para el 2018?

—De inmediato. El efecto es que como ya no se confía en las instituciones, tampoco en los partidos políticos y vienen las elecciones del 2018. Ya obligaron a que por lo menos los partidos políticos se pronunciaran acerca de su financiamiento.

Eso no quiere decir que la gente vaya a creer en ellos, sino que la gente está obligando a que los partidos busquen el vínculo con la sociedad, el cual va a ser más complicado. Se requiere buscar el acercamiento, ya hay un alejamiento con las instituciones y esa distancia se está abriendo más.

Aquí hay dos problemas, o bien se fortalecen las candidaturas independientes o, por el contrario, aumenta el abstencionismo en donde no hay nada para nadie. Yo creo que se va a aumentar el abstencionismo: la ciudadanía tiene desconfianza, resentimiento y enojo contra las instituciones.

—¿Qué tendría que estar haciendo el Estado o las instituciones para que la sociedad se recomponga o sane de alguna manera?

—Tenemos que empezar a tomar memoria, poner protocolos de construcción, de calidad mínima de estructuras, de pesos, de permisos de uso de suelo. Después de un sismo no regresar al inmueble hasta en tanto no haya certeza para que no se caiga con la gente adentro. Tenemos que tener responsables directos con perfiles profesionales.

De alguna manera la gente ya empezó a organizarse. A partir de ahora, van a empezar a suceder cosas, porque la sociedad se va a mover con o sin permiso de las instituciones.

Érika Ramírez

 

Contralínea 559 / del 02 al 07 de Octubre de 2017

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