¿Qué democracia?

¿Qué democracia?

El Estado democrático moderno es una ilusión: los verdaderos factores de poder jamás son elegidos por la población. Las decisiones que marcan el destino del mundo –economía, guerra, modelos culturales– no se asumen democráticamente y un sistema que sólo funciona para un 20 por ciento de la población no es el gobierno del pueblo.

En la jerga política actual “democracia” es, sin duda, una de las palabras más utilizadas. En su nombre puede hacerse cualquier cosa (invadir un país, por ejemplo, torturar, mentir, dar un golpe de Estado). Es un término elástico, engañoso. En realidad, lo que menos ocurre, lo que se presenta como experiencia constatable es, precisamente, lo más alejado de la realidad: el ejercicio democrático de los votantes, un genuino y verdadero “gobierno del pueblo”.

En las experiencias “democráticas” del capitalismo lo que menos se viabiliza es una posibilidad franca de gobierno popular desde las bases. Eso es imposible. Desde el triunfo de las burguesías modernas sobre los regímenes feudales en Europa o la consolidación de las colonias americanas de Gran Bretaña como país independiente –llamado Estados Unidos de América con su gran empuje, la construcción del mundo moderno, las “democracias industriales”– no obedece más que a una lógica de dictadura de unos pocos factores de poder enmascarados como gobierno de todos.

No hay dudas de que esas democracias constituyen un paso adelante en relación con el absolutismo monárquico; pero de ahí a gobierno del pueblo, media una gran distancia.

Tal como agudamente destacó el francés Paul Valéry: “la política es el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen” (haciéndoles creer que sí toman parte, agregaríamos). Dicho en otros términos: los factores de poder no ceden un centímetro en su dominación, en su posición de sojuzgamiento del sojuzgado.

La democracia, que se construyó con la inauguración del mundo burgués moderno (en el que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña marcaron el rumbo) se asienta en la dominación de los grandes propietarios industriales, disfrazando la participación popular mediante una estructura cosmética. El pueblo gobierna sólo a través de sus representantes. Pero, ¿a quién representan los gobernantes? ¿Gobierna el pueblo así?

En la fórmula de Estado democrático parlamentario moderno, surgido hacia fines del siglo XVIII, los ciudadanos eligen a sus representantes mediante el voto, y cada cierto tiempo éstos son reemplazados por otros, siempre mediante el sufragio. La sociedad se gobernaría así a partir de la decisión de las grandes masas soberanas. Pero, a decir verdad, los verdaderos factores de poder jamás son elegidos por la población.

¿Quién y cómo deciden los flujos de oferta y demanda económica, los porcentajes de desocupación, la acumulación de riqueza y la multiplicación de la pobreza? Si es el mercado, ¿qué decidimos con la rutina electoral de cada cierto tiempo? ¿Quién ha salido de la pobreza asistiendo puntual a los comicios? ¿Quién decide las políticas de las grandes corporaciones mundiales que fijan la marcha económica de la población planetaria? ¿Alguien votó por ello? ¿Alguien de a pie decide a través de su voto sobre las guerras? ¿O sobre las políticas globales que nos rigen? ¿De qué democracia hablamos entonces?

Las decisiones que marcan el destino del mundo –la economía, la guerra, los modelos culturales vigentes– jamás se asumen democráticamente. Decididos por unos pocos –y la citada observación de Valéry es más que oportuna– se busca “evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen”, haciéndole creer que participa, que decide.

Pero hay otras opciones de democracia. La idea respecto a que “la masa es estúpida y no piensa” es, como mínimo, muy sencilla. Sin duda, tal como se ha venido dando la organización de todas las sociedades de clases, la minoría en el poder supo manipular/engañar a las grandes masas. Pero eso no significa que la gente sea intrínsecamente tonta; y menos aún que merezca ser tratada como tal.

No hay ninguna duda –la historia y la experiencia lo ilustran– que la sicología de las masas presenta características peculiares que no pueden entenderse desde el punto de vista de lo individual. Transformados en hombre-masa, todos desaparecemos como sujeto para constituirnos en un colectivo y seguir la corriente; y es cierto que, en tanto colectivo, en tanto grupo indiferenciado, no hay razonamiento crítico.

Pero ello no invalida la posibilidad de reflexión y, mucho menos, autoriza a la manipulación de las masas. ¿En nombre de qué, con qué derecho una élite puede manipular a una gran mayoría? ¿Podríamos ser tan superficiales de afirmar que “a la gente le gusta eso”? Más que superficial, eso escamotea la verdad, por no decir que es despreciable en términos éticos, al erigirse sobre una fenomenal mentira justificadora de una injusticia.

La democracia formal, la democracia representativa de los parlamentos modernos con su división de tres poderes, está claro que no es el gobierno del pueblo. En realidad todos saben que, más allá de la declaración formal, no es ni siquiera un tímido intento de poder de todos, de poder popular. Si la llamada “chusma” se pone demasiado brava, ahí están los órganos de represión siempre listos (policía, ejército, inteligencia de Estado). Se cae por su propio peso que la actual democracia representativa es gobierno del pueblo… Mientras nadie se lo tome en serio. ¡Pero ya es hora de tomárnoslo en serio y cambiar ese estado de cosas!

La democracia formal es vacía, no una auténtica democracia. Es el gobierno de los grandes grupos económicos secundados por los políticos de profesión y por todo el andamiaje cultural y militar que permite seguir con la misma estructura, dándose el lujo incluso de jugar a la participación de la gente en las decisiones. Pero la gente nunca decide nada de fondo, jamás. Según ese concepto, la gente es consumidora (hay que atenderla bien para que siga comprando), o el electorado (hay que atenderlo bien para que me sigan votando).

Pero si ese ciudadano consumidor que vota cada tantos años protesta demasiado, es subversivo; entonces ahí están los aparatos de control: jamás participa en las decisiones básicas de su vida, aunque viva en esas democracias formales donde nunca hay golpes de Estado.

Podría decirse –con ingenuidad o con malicia– que en algunos lugares del planeta las democracias representativas dan resultado, pues nadie pasa hambre y tiene cuotas más o menos altas de beneficios. Pero para mantener esas “democracias occidentales”, el 80 por ciento de la población mundial padece grandes sufrimientos.

O democracia para todos o, si no, hay algo que no funciona. No puede haber democracia sólo para un 20 por ciento; y si ese minoritario sector vive bien, es por la explotación capitalista a la que es sometido el resto del mundo, acumulación originaria mediante.

Sin embargo, junto a esa democracia formal, existe otra: la democracia popular, de base, participativa y directa. No es una utopía sino que, quizás todavía como experiencias balbuceantes en los socialismos conocidos, surgidos desde el siglo pasado y aún presentes hoy día, ya vio la luz la democracia obrera y campesina, democracia real, gobierno de los históricamente desposeídos.

Esa democracia consiste en permitir que el pueblo, ya no con su voto cada cierto periodo, sino con la participación efectiva en las decisiones político-sociales de su vida cotidiana (asambleas de base, grupos de discusión, cabildos abiertos, etcétera) se autodirija. Es tal como pedía una consigna del mayo francés de 1968: permitir e impulsar “la imaginación al poder”.

La democracia engañosa del capitalismo, representativa, a cuentagotas, no es democracia. Apuntemos a la democracia socialista. Si bien habrá que mejorar mucho en ella, ya en muchos lugares es un hecho constatable. Pero que quede claro: ¡sólo con el socialismo una verdadera y genuina democracia será posible! Lo demás es pura fantasía.

Marcelo Colussi*/Prensa Latina

*Politólogo, catedrático universitario e investigador social

Destacada

Semarnat retira denuncia penal contra Grupo México por Río Sonora

A inicios de 2026, la Secretaría de Medio Ambiente federal retiró la denuncia penal contra el Grupo México por su presunta responsabilidad en el “peor desastre ambiental de la historia de la minería metálica en México”: el derrame tóxico de 40 mil metros de sulfato de cobre acidulado en el Río Sonora, ocurrido el 6 de agosto de 2014. Esto forma parte de los acuerdos a los que llegaron los secretarios Rosa Icela Rodríguez –de Gobernación– y Édgar Amador –de Hacienda– con la empresa de Germán Larrea –en la que también participa BlackRock–. Sólo así, Grupo México aceptó los términos del Plan de Justicia, que incluyen aportar un presupuesto de 1 mil 500 millones de pesos para remediar la zona y atender la salud de los afectados, así como terminar con la huelga en la mina de Cananea

Saber más »
Análisis

Litio, en el centro de la disputa global por el control de las cadenas de valor

Soberanía tecnológica: México enfrenta el desafío de transformar la nacionalización del litio en una palanca de desarrollo real. En medio de un arbitraje internacional con Ganfeng Lithium y la presión de EE. UU. por minerales críticos, la clave de la emancipación no reside en el aislamiento ni en la entrega, sino en la construcción de un “traje espacial”: autonomía tecnológica para procesar arcillas, formación de talento y esquemas de asociación donde el Estado retenga la rectoría y el valor agregado.

Saber más »
Lo más leído

En riesgo, servicios esenciales en Cuba por falta de recursos energéticos: ONU

Emergencia energética en Cuba: La ONU advierte que la escasez de combustible compromete servicios críticos como cuidados intensivos, conservación de vacunas y bombeo de agua potable. Ante las presiones de EE. UU. para frenar el suministro de petróleo, el sistema de racionamiento de alimentos y los programas para grupos vulnerables enfrentan una parálisis operativa, debilitando la capacidad del Estado cubano para garantizar los derechos humanos más elementales.

Saber más »
Artículo

Justicia económica para las y los trabajadores mexicanos

Justicia laboral en transición: La academia analiza el viraje del modelo mexicano, de la precarización neoliberal (1982-2018) hacia el Nuevo Modelo de Justicia Laboral iniciado en 2019. Con hitos como la prohibición del outsourcing, el aumento real del salario en un 116% y la regulación del reparto de utilidades, la “Cuarta Transformación” busca en 2026 consolidar la justicia económica mediante la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales.

Saber más »
Análisis

México y Cuba, hermandad más allá del bloqueo

Resistencia y soberanía energética: Cuba pierde diariamente más de 20.7 millones de dólares debido a un bloqueo que suma un costo histórico de 170 mil millones de dólares. En 2026, México reafirma su apoyo humanitario ante las nuevas amenazas de aranceles de EE. UU. a proveedores de crudo. Con una historia de cooperación que incluye la modernización de refinerías y asistencia técnica de Pemex, el Gobierno de México busca mecanismos para mantener el suministro de petróleo y medicinas sin comprometer la estabilidad comercial nacional.

Saber más »
Destacada

Comunidades indígenas en CDMX, testimonio de discriminación y segregación

Entre el folclore y la exclusión: comunidades indígenas protestan en el Zócalo de la CDMX contra el retiro de comerciantes y la gentrificación acelerada por el Mundial 2026. Mientras el gobierno local promueve la identidad nacional con arte público, artesanas triquis como Regina Ramírez denuncian que las políticas de “embellecimiento” urbano las condenan a la periferia y la precariedad.

Saber más »
Destacada

Sanciones de EU a quienes envíen petróleo a Cubason muy injustas: Sheinbaum

Solidaridad frente a sanciones: La presidenta Claudia Sheinbaum condena los aranceles de EE. UU. a proveedores de crudo para Cuba, calificándolos de “muy injustos” por castigar al pueblo. Tras el envío de 814 toneladas de víveres, el Gobierno de México reafirma su compromiso de recuperar el suministro de petróleo a la isla, apelando a la fraternidad histórica y rechazando que las diferencias ideológicas justifiquen crisis humanitarias en sectores críticos.

Saber más »
Destacada

Negociación del T-MEC: atentado y regresión

La renegociación del T-MEC en 2026 se perfila como un mecanismo de presión imperial que busca desmantelar los avances soberanos logrados entre 2018-2024. Estados Unidos, bajo la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, identifica a las leyes de infraestructura, salud y energía de México como “barreras comerciales”, mientras la administración de Claudia Sheinbaum defiende la no subordinación y el control estratégico de sectores clave.

Saber más »
Artículo

‘Affaire’ Epstein y guerra cognitiva

La pedagogía del cinismo: El caso Epstein no es una anomalía, sino la revelación de la “economía política del abuso” inherente al capitalismo tardío. El Dr. Buen Abad advierte que la administración mediática del escándalo busca intoxicar la conciencia colectiva para inducir parálisis social. Frente a esta “putrefacción moral”, el autor propone un Humanismo de Nuevo Género que rescate la dignidad del espectáculo y la convierta en praxis política innegociable.

Saber más »