La nueva persecución de Estados Unidos contra las izquierdas en el mundo

La nueva persecución de Estados Unidos contra las izquierdas en el mundo

La cumbre contra el “resurgimiento internacional del terrorismo político de extrema izquierda”, a la que convocó el gobierno de Estados Unidos, no busca la paz ni el combate a la violencia; se trata de una estrategia con que se “justificará” la persecución de opositores al ultra capitalismo. Con ella, se estableció un nuevo piso de normalización de algo inadmisible, pues lleva los límites de lo tolerado a un nuevo punto para que exista un discurso que permita la intervención contra gobiernos extranjeros; incluso, la represión, el asesinato y encarcelamiento de organizaciones populares en resistencia.

En pocas palabras, lo que anunció el gobierno de Estados Unidos es una cruzada de persecución ideológica convertida en asunto de seguridad nacional. Esto significa que a raíz de ello quieran iniciar una nueva purga contra las izquierdas y las resistencias populares que se niegan al sometimiento.

La cumbre contra la extrema izquierda fue encabezada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, este 16 de julio, con representantes de 66 países en Washington –sede del gobierno estadunidense– para establecer una cruzada contra “anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas” que, según su visión, son responsables de atentados terroristas.

En su discurso inaugural, Rubio aseguró que existen grupos que ejercen “odio hacia la civilización, es una revolución de lo peor contra lo mejor, de los débiles y los cobardes contra los fuertes y buenos”, y agregó que “su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”.

Sin proporcionar fuente alguna, ese personaje aseguró que existe un nuevo incremento de ataques terroristas de extrema izquierda, con un 40 por ciento en Alemania y un 80 por ciento en Grecia. Además, en un comunicado oficial del Departamento de Estado se sostuvo que “entre 1970 y 1980, los terroristas de extrema izquierda fueron responsables del 93 por ciento de los atentados terroristas y del 58 por ciento de las muertes relacionadas”.

Sin embargo, en ningún caso aportaron pruebas que dieran un ápice de sustento y en todo momento se omitió que realmente las principales señales de violencia en el mundo han provenido de la extrema derecha que Rubio representa. La verdadera desestabilización a la paz se encuentra en el genocidio contra las y los palestinos, el asesinato de pescadores en Venezuela y el secuestro de su presidente  en funciones; la matanza de migrantes en manos de la nueva GESTAPO renombrada como el ICE, el estrangulamiento del sistema de salud de la población cubana y la guerra contra Irán que Estados Unidos e Israel reproducen violando sus propios acuerdos de supuesta paz.

En ese contexto, el secretario de Estado, Marco Rubio, se posiciona como el articulador de dicha estrategia que tampoco es novedosa: combina el discurso macartista anticomunista de 1950 y el intervencionismo “antiterrorista” utilizado desde 11 de septiembre de 2001. El primero remite a los tiempos en que el senador Joseph McCarthy señaló a integrantes del gobierno estadunidense de ser infiltrados comunistas, y aunque no lo demostró nunca, estableció un clima de persecución y de censura contra ideologías de izquierda para eliminarlas, inhibirlas y reprimirlas, con lo que creó la noción del “enemigo interno”. El segundo tiene que ver con el uso del terrorismo como un asunto de seguridad Nacional de Estados Unidos para justificar las invasiones en Afganistán e Irak.

La nueva cruzada de Marco Rubio busca reinventar la lógica macartista en la que se acusaba a los comunistas de todos los males, y, bajo ese paraguas se implantaron las políticas internacionales de doctrina de shock, golpes de estado y contra insurgencia propicias para reafirmar el poder de las clases dominantes, lo que abre la puerta al empoderamiento de las derechas mundiales. Nuevamente, EU se hace ver a sí mismo como el Capitán América que define quiénes pueden ocupar el lugar de los “buenos” y quiénes el de los “malos”.

A su vez, esta nueva cruzada se conjunta con la calificación de los cárteles mexicanos como “terroristas”, especialmente el Cártel de Juárez, ubicado en Chihuahua, y el de Los Viagras enMichoacán. Ahora, México casualmente cumple con las dos características que tanto persigue la ultraderecha de EU: contiene izquierdas políticas y también cárteles del narcotráfico. Ambos tipos de agrupaciones se vuelven frentes potenciales de ataque, pues, si no se justifica la intervención por algún cártel, se puede justificar por la existencia de alguna organización que se denomine como de “extrema izquierda”, al fin esa categoría es tan amplia que cualquiera puede entrar ahí.

Pablo Carlos Rojas Gómez*

*Doctor en Ciencias Políticas y Estudios Latinoamericanos

 

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