El petróleo es el motor del mundo y, particularmente, del capitalismo. Sin embargo, es un recurso finito, tan finito que hay algunos análisis que indican que se pasó el pico petrolero mundial; otros, ubican hacia 2027-2028 la caída de la producción mundial, algunos más hasta 2040. A México le quedan poco más de nueve años de petróleo y siete de gas. Por ello, es importante fortalecer la soberanía, pero mucho más la seguridad energética.
El 18 de marzo de 1938 México se opuso a la continuidad de la privatización de sus recursos. Esta fecha es importante porque marcó un hito internacional con la expropiación petrolera a empresas estadunidenses; además de que, con ello, terminó el conflicto de años con trabajadores petroleros; incluso, fue antecedente para expropiaciones futuras de otros países.
La expropiación petrolera está profundamente vinculada con la Constitución Mexicana y la aplicación del Artículo 27. Como mencionó Lorenzo Meyer en su libro Las Raíces del nacionalismo petrolero en México, tras la Revolución Mexicana el gobierno estadunidense interpretó que, de llevarse a cabo la Constitución de 1917, “no sólo hubieran afectado los intereses materiales de los capitalistas estadunidenses, sino que incluso su hegemonía política se hubiera visto reducida en su aún pequeña pero creciente zona de influencia”.
Es bajo esa lectura que la aplicación de la carta magna mexicana, desde su nacimiento, fue un muro de contención en la aplicación de la hegemonía del país vecino, pues protege los recursos nacionales y la soberanía nacional. Ello explica por qué los gobiernos de esa nación han hecho innumerables esfuerzos por cambiarla y, particularmente, el Artículo 27, junto con el 25 y 28, los cuales reglamentan la energía en nuestro país y el modelo económico. Estos esfuerzos incluyen, desde luego, a la clase política y económica de México que concuerdan con esos principios apátridas.
Sin embargo, es igual de importante la seguridad energética. El elemento que la conforma es la relación entre reservas y producción de hidrocarburos en nuestro país. Pero debe quedar claro que seguridad energética va más allá, y considera a la energía un bien público otorgado por el Estado para asegurar la continuidad, fiabilidad, accesibilidad, asequibilidad y sustentabilidad del suministro de combustibles y electricidad como pilares del desarrollo.
Quizá, a raíz de los acontecimientos internacionales, sea cada vez más relevante considerar los minerales como parte de la seguridad energética, pero ese es otro tema de discusión futuro.
Reservas y producción de petróleo en México
A México le quedan 9.8 años de petróleo. Según los datos de la Dirección de Planeación, Coordinación, Desempeño y Sostenibilidad de Pemex, las reservas probadas de crudo en 2024 son de 5 mil 293 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. En tanto la producción de petróleo, según la empresa pública, es de 1 mil 485 barriles diarios. Así que, en un escenario “A” en el que no se agreguen más reservas y se mantenga el ritmo de producción, México tiene petróleo hasta 2033.
Si se agregan las reservas probables (que tienen un nivel de confianza de recuperación del 50 por ciento o más), y con el mismo ritmo de producción de petróleo, México tiene 17 años más.
Es importante recordar que el país tuvo su pico petrolero en 2004, cuando alcanzó el máximo de producción con más de 3 mil 380 barriles diarios. De ahí en adelante la producción declinó, lo mismo que las reservas, como se muestra en la Gráfica 1.
Gráfica 1. Reservas de crudo por sexenio

En cambio, en el tema del gas el panorama no es tan alejado, el respaldo de México es de apenas 7.3 años al considerar las reservas probadas de 2024 y la producción del mismo año. Si se agregan las probables, el respaldo nacional sería de 13 años, esto es, hasta 2037.
Los principales responsables de la pérdida de soberanía y seguridad energética son los gobiernos del PRI y del PAN, que priorizaron la exportación de crudo, la pérdida de procesos de transformación del petróleo, la división de la petroquímica y la división de Pemex para llevarla a la quiebra.
Para ejemplificar lo anterior, en el periodo neoliberal y según los datos de la dependencia, con Carlos de Salinas se perforaron 562 pozos petroleros y se extrajeron 13 millones 250 mil barriles diarios; con Ernesto Zedillo fueron 1 mil 89 pozos y se produjeron 17 millones 486 mil barriles diarios. Sin embargo, la vocación extractiva la tuvo Felipe Calderón –presidente espurio, como ha mencionado la presidenta Sheinbaum–, pues en su sexenio se perforaron 6 mil 211 pozos y la producción apenas alcanzó 16 millones 146 mil barriles diarios.
Ya con el presidente López Obrador y con el programa de recuperación de la soberanía, pero, sobre todo, de la seguridad energética (concepto más amplio e igual de importante que el de soberanía), con 1 mil 123 pozos la producción alcanzó 10 millones 581 mil barriles diarios.
Gráfica 2. Pozos perforados y producción de petróleo por sexenio

México no ha hecho grandes descubrimientos de pozos petroleros. El último fue Cantarell en la década de 1970, y bajo la administración de Andrés Lajous en Pemex se decidió que se le inyectara nitrógeno y, con ello, se perdió la producción, y el que fuera el segundo yacimiento más grande del mundo comenzó a declinar.
Así, la gráfica anterior muestra que con Calderón y Peña Nieto, los dos presidentes de las reformas energéticas privatizantes, se requirieron más pozos petroleros y la producción declinó, es decir, se generó una pérdida de productividad.
Pero hay otro factor, que es el de la declinación de los yacimientos petroleros en México. Visto en términos históricos, como se muestra en la gráfica siguiente, el país se encuentra ya en una fase declinante. Un ejemplo claro de esta situación es que en 2004 los 200 pozos de Cantarell producían más que los 4 mil 255 pozos nacionales de 2021. La relación es abrumadora, producían 25 veces más que en 2021.
Gráfica 3. Número y volumen de crudo y campos descubiertos (1900-2015)

Según datos estimados por los investigadores de la UNAM, Luca Ferrari y Diana Hernández en su texto Sector hidrocarburos: evolución histórica, situación actual y escenarios sobre la soberanía energética –publicado por el entonces CONAHCYT en 2024–, en el 2000 Cantarell representó el 60 por ciento de la producción nacional con 200 pozos. En 2021, los pozos Ku, Maloob, Zaap y los siguientes seis campos de mayor producción representaban el 62 por ciento, con 356 pozos y una producción promedio de 3 mil 33 barriles diarios. El restante 38 por ciento lo cubrían 200 campos con 3 mil 899 pozos.
Pero lo más relevante es que, en el año 2000, la relación entre inversión y rendimiento de los barriles diarios era considerable. Por cada millón de pesos invertidos, se obtenían 66 barriles diarios; en 2018 eran apenas 11, una reducción del 83 por ciento; y en el 2020 siguió bajando el rendimiento, como se muestra en la gráfica siguiente.
Gráfica 4. Inversión en Pemex para exploración y producción y rendimiento en barriles diarios extraídos por cada millón de pesos invertidos al año

Por eso es importante un Estado y una empresa pública que garanticen el suministro de petróleo, así como una política pública que vea la energía como un bien y un servicio, y no como una mercancía únicamente. De hecho, en Pemex hay una Estrategia Nacional de Reactivación de Pozos Cerrados con Oportunidades desde 2025.

Crisis energética mundial
Pocas veces se habla de la crisis energética mundial hasta que suceden eventos internacionales relevantes, muchos de ellos de carácter geopolítico. Sin embargo, en plena pandemia por Covid-19, una de las noticias que pasó de largo fue la del pico petrolero internacional. En 2020 la empresa Rystad Energy mencionó que, según sus análisis, la demanda mundial de petróleo alcanzará su máximo de 102 millones de barriles diarios en 2028.
La empresa Equinor mencionó el derrumbe de la producción en 2027 o 2028; la institución francesa Total lo ubicó en 2030; Mckinsey en 2033; y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 2040. Más allá de los análisis de las compañías con los datos de la producción de petróleo internacional, es evidente la caída del ritmo de descubrimiento de reservas de petróleo desde la década de 1980.
Entre 1981 y 1990 la tasa de crecimiento anual de las reservas internacionales de petróleo fue de 3.8 por ciento. La siguiente década (1991-2000) se redujo a 1.9 por ciento; de 2001 a 2010 incrementó a 2.3 por ciento, para volver a declinar de 2011 a 2020 a 0.3 por ciento.
El petróleo de fácil extracción se acaba, cada vez es más costoso, los remanentes más disputados y el consumo, pese a que se desaceleró, no deja de crecer; y la disputa enfrenta a potencias con poder militar y nuclear.

A nuestro principal socio comercial, Estados Unidos, le quedan, según algunos análisis, seis años más de petróleo al ritmo de producción y reservas de 2023. Y en gas, les quedan todavía 20 años más al ritmo de producción y reservas probadas de 2024.
Es importante recordar que nuestra matriz energética se surte en gran medida de gas, el cual se cubre en un rango del 74 al 76 por ciento con importaciones. Parte de ese gas se inyecta en el sistema energético para generar electricidad, un problema fuerte de dependencia energética, producto de la política neoliberal.
En su comparecencia ante el Congreso de México en 2025, el director de Pemex, el doctor Víctor Rodríguez Padilla –experto además en seguridad energética– mencionó: “La visión de la presidenta de la República, que es una experta en cambio climático y calentamiento global, y todo lo que significa las medidas para contrarrestarlo y para prevenir y para adaptarse al cambio climático, la resiliencia del país es no subir de 1.8 [millones de barriles diarios]. Mantenernos en 1.8 [millones de barriles diarios] por día, para estabilizar el ingreso y para estabilizar unas reservas petroleras menguantes que tenemos para el largo plazo. Porque, lo que yo les decía, la transición no es fácil, la transición es larga y eso se ha visto en Europa. No podemos hacer una transición acelerada, por más que queramos, porque se desestabiliza”.
En el Foro Energético de 2025 que se realizó en agosto de dicho año en el Senado de la República, también el director de Pemex abrió un debate que es necesario que la población mexicana tenga: hay recursos no convencionales en el país que nos permitiría alargar un poco más las existencias de petróleo y gas nacional, así como ganar seguridad energética; pero implica decidir si se permite el fracking con nueva tecnología o no.
Referencias
Ferrari, L. y Hernández, D. (2024). Sector hidrocarburos: evolución histórica, situación actual y escenarios sobre la soberanía energética. En L. Ferrari, O. Masera, A. Straffon (Coords.), Transición energética justa y sustentable. Contexto y estrategias para México (pp. 35-60). FCE.
Ferrari, L., Masera, O., Straffon, A. (2024). Transición energética justa y sustentable. Contexto y estrategias para México. FCE.
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