Irak: a contracorriente y bajo el manto negro del Estado Islámico

Irak: a contracorriente y bajo el manto negro del Estado Islámico

Los esfuerzos del gobierno de Irak para estabilizar al país se topan con el desastre que le dejó la invasión estadunidense y el acoso del Estado Islámico, que reclama más de la mitad de su territorio

Ulises Canales*/Prensa Latina

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Beirut, Líbano. Aunque escalofriantes, las estadísticas de muertos, heridos y desplazados languidecieron ante la magnitud destructiva y sanguinaria del Estado Islámico, cuya bandera negra con alegorías a Alá siguió ensombreciendo el espectro político, social, económico y cultural de Irak.

Lejos del optimismo que la coalición internacional liderada por Estados Unidos intentó imprimir a la campaña de bombardeos aéreos iniciada en 2014 contra el Estado Islámico, la nación mesopotámica despidió 2015 mucho más desgastada y sumida en un caos del que cuesta avizorar algún atisbo de solución.

ofensiva-antiterrorista-300Incluso a largo plazo, pocos ven posible una salida al conflicto sectario que –ya exacerbado y agravado por los más de 8 años de ocupación militar estadunidense (2003-2011)– ahora profundiza la organización fundamentalista sunita, liderada por Abu Bakr al-Baghdadi.

Ejecuciones sumarias y con prácticas como quemar y dinamitar a personas vivas enjauladas, cortar orejas, manos o decapitar, violaciones sexuales, casamientos forzosos, ahorcamientos y ahogamientos fueron frecuentes tanto contra “infieles” como contra sus propios milicianos acusados de traición.

Además, continuaron la voladura o derribo de mezquitas chiítas y templos cristianos o de otras religiones, de monumentos y cualquier obra del riquísimo patrimonio cultural de la antigua Mesopotamia que los “takfiristas” consideraron blasfemo, pecaminoso u ofensivo a su doctrina.

El comercio de obras de arte fue para el Daesh, acrónimo árabe del Estado Islámico, tan lucrativo y despiadado como su destrucción, y lo utilizó como fuente de financiamiento conjuntamente con la venta de petróleo.

Costosas en recursos y hombres fueron las campañas para liberar Salaheddin, en particular su capital Tikrit, y la estratégica localidad petrolera de Baiji, acciones bélicas anunciadas desde enero y marzo, y que a duras penas se consumaron a finales de octubre.

El esfuerzo concertado del Ejército, las Fuerzas de Seguridad federales, voluntarios chiítas de la Movilización Popular, tribus sunitas moderadas y combatientes kurdos peshmerga, asestó duros golpes a los extremistas, pero sin conseguir expulsarlos de ciudades claves como Mosul y Ramadi.

Ambas urbes, capitales respectivas de Nínive y Anbar, devinieron el mayor quebradero de cabeza para Bagdad, Irak, debido al afianzamiento allí de los extremistas y la ineficacia de los bombardeos aéreos de la aviación nacional y la coalición internacional proestadunidense.

Las incursiones de la alianza aérea foránea generaron controversias entre quienes las apreciaron como efectivas y suficientes, los que le criticaron sus escasos logros y estrechos objetivos, y quienes de plano la rechazaron o prefirieron reemplazarla por la de Rusia, tras conocer el éxito en Siria.

En un escenario tan anárquico, ninguna cifra pudo tomarse como exacta, ni siquiera las que cada mes aportó la misión de la Organización de las Naciones Unidas en Bagdad, pero estimaciones aluden a más de 3 millones de desplazados, a lo que se añadieron decenas de miles de muertos y heridos.

Un momento referencial en la realidad iraquí de 2015 fue el programa de reformas emprendido por el primer ministro Haider al-Abadi, a instancia de la cúpula islámica y ante protestas y presiones populares por la mala calidad de los servicios públicos, los cortes de electricidad y la corrupción.

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Entre las leyes y mociones sancionadas por el Parlamento destacó la del plan de reformas que eliminó los cargos de las tres vicepresidencias, canceló puestos de asesores ministeriales y redujo el número de agentes de seguridad y guardaespaldas de funcionarios, entre otras medidas.

Irak reabrió en febrero el Museo de Bagdad, tras 12 años, y eliminó el toque de queda nocturno, mientras que reabrió en noviembre la 42 Feria Internacional de la Capital, dos ejemplos de la voluntad de Al-Abadi y la jerarquía religiosa de restituir la estabilidad y la tranquilidad.

A la par de la ofensiva antiterrorista, el gobierno desmilitarizó parcialmente en octubre la Zona Verde de Bagdad y restableció la circulación, aunque en la práctica esa área que alberga sedes de embajadas, Parlamento y otras dependencias, continúa fortificada y con severa vigilancia.

[blockquote pull=”right” align=”left” attributed_to=”” attributed_to_url=”{{attributed_to_url}}”]A la par de la ofensiva antiterrorista, en octubre el gobierno desmilitarizó parcialmente la Zona Verde de Bagdad, que alberga embajadas y el Parlamento”.[/blockquote]

No obstante, el país siguió sacudido por disputas políticas y sectarias que rebasaron el marco de la comunidad mayoritaria chiíta y la minoría sunita para extenderse al viejo conflicto con los kurdos, cuyo gobierno autónomo recabó ayuda militar foránea y directa para combatir al Daesh.

Al-Abadi viajó en abril a Estados Unidos para solicitar armas y, a la vez, desalentar iniciativas del Congreso estadunidense de suministrarlas directamente al gobierno de la Región Autónoma del Kurdistán, pretensión que muchos valoraron como intento de exacerbar el desmembramiento del país.

Otras potencias occidentales con intereses en la riqueza petrolera del Kurdistán también se embarcaron en acciones para entregar armas al gobierno kurdo sin el consentimiento ni el conocimiento de Bagdad.

Uno de los últimos casos se denunció en noviembre, cuando las autoridades detectaron armas por valor de 5 millones de dólares a bordo de dos aviones alemanes de la coalición internacional contra el Daesh.

Durante los últimos 12 meses fueron en ascenso las relaciones de Irak con Irán, patentes en visitas a Teherán del jefe de Estado, del primer ministro, el presidente del Parlamento y distintas autoridades políticas y religiosas.

primer-ministro-300Al mismo tiempo, Bagdad recibió al primer vicepresidente iraní, al canciller, a vicecancilleres y a otras personalidades con las que hubo plena identificación en el rechazo al terrorismo, la condena de la agresión saudita a Yemen y el llamado a una solución pacífica de la crisis de Siria.

Igualmente se registraron progresos en los nexos con Arabia Saudita, evidenciados en enero con la delegación numerosa y de alto nivel que encabezó el presidente Fuad Masum a los funerales del rey Abdulah, y reforzados en diciembre con la reapertura de la Embajada del reino wahabita en Bagdad.

La nación mesopotámica también consolidó el acercamiento a Kuwait, cuyo gobierno accedió a su pedido de aplazamiento hasta enero de 2017 del pago final de 4.6 mil millones de dólares como compensación por la invasión de su territorio en 1990 y la consiguiente guerra que duró hasta febrero de 1991.

Pero si ya sufría bastante la malevolencia del Daesh, Irak agregó a su pesado fardo un brote de cólera que desde mediados de septiembre puso en apuros a sus autoridades sanitarias para atender a más de 2 mil 300 infectados en 15 de las 18 provincias, con al menos seis muertos.

La enfermedad, que se exacerbó debido a la colapsada infraestructura de redes por las guerras bajo la ocupación estadunidense y la actual contra el Estado Islámico, tuvo resonancia regional, porque se propagó a Baréin, Siria y Kuwait.

A sus incontables desafíos, Irak añadirá otro muy apremiante antes de entrar en 2016: posicionarse respecto al anuncio del secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, del posible envío de una Fuerza expedicionaria que le ayudaría a arriar definitivamente las banderas negras del takfirismo.

Ulises Canales*/Prensa Latina

*Corresponsal de Prensa Latina en Líbano

[BLOQUE: INVESTIGACIÓN]

[SECCIÓN: LÍNEA GLOBAL]

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