Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.
Karl Marx, Manifiesto del Partido Comunista.
Pensar nuestra compleja realidad histórica contemporánea nos compromete de doble manera; primero, como seres conscientes de un deber para con la dignidad humana individual y, segundo, con la dignidad humana que se expresa en la vida social y en las causas de lucha colectiva ante un siglo que se afianza en el modo de producción capitalista. En lo que va del siglo XXI, desde la propia experiencia y también desde el análisis académico, hemos vivido rupturas que nos obligan a volver al concepto de la lucha de clases, que hoy pretende censurarse como ejercicio de dominio de la clase burguesa estadounidense contra nuestros pueblos. Dicho concepto ha sido urgente para que distintos pueblos de todo el mundo y principalmente de América Latina puedan expresar la radicalidad de lo que aún se debe cambiar de nuestros países violentados, colonizados, invadidos y asaltados de manera permanente.
Apenas en 2005 se empezaban a consolidar dos procesos revolucionarios en Venezuela y Bolivia, y ambos procesos cayeron a causa de golpes de Estado militares dirigidos por Estados Unidos. Recuperar la memoria de un proyecto latinoamericano reciente y vivo cuya cualidad política primordial era ser antiimperialista, nos permite entender lo que pasa hoy con la presidencia ideológica de Donald Trump, que ha consolidado una geopolítica de estructuras del odio internacional.
Una noticia tras otra comprueban que Estados Unidos, en apenas dos años de la presidencia de Trump, ha revitalizado y creado un sistema de presión y amenazas que pretende acabar con la totalidad del ejercicio crítico a su gobierno. El deseo de este complejo industrial militar es presionar o invadir los Estados nacionales que lo cuestionan y a los movimientos populares que cuestionándolo construyen alternativas contrahegemónicas de pensamiento y acción.
La campaña militar-mediática que han hecho pública el pasado 16 de julio, contra lo que ellos llaman “terrorismo de extrema izquierda”, es una declaración de guerra para destruir la vida del planeta y la inteligencia humana en beneficio del capitalismo. La guerra que ellos llaman contra la extrema izquierda no es más que un compendio de ignorancia, absurdo y estupidez que sin embargo congrega un amplio apoyo latinoamericano que se precia de un ejercicio militar contra sus pueblos como son los casos de Nayib Bukele en El Salvador, de Rodrigo Paz en Bolivia o de Daniel Noboa en Ecuador.
Al vecino del norte no le gustan los límites mediáticos, ideológicos y mucho menos territoriales, hoy dispone además de la hegemonía de las plataformas digitales que generan y reproducen gran parte de la información mediática que revisamos en internet, que vemos en la televisión o escuchamos en la radio. La reunión promovida por Marco Rubio este 16 de julio de 2026 para hablar de la extrema izquierda como terrorista y equiparar cualquier opinión política disidente a un delito, comprueba que la lucha contra las ideas que propician la crítica a la propiedad privada y dejan claro que es la clase trabajadora la que produce riqueza, son y serán molestas para un hegemón que se nutre de la ignorancia, la violencia y la propaganda de medios que en este mismo carácter repiten la guerra fría y sucia que conocimos en el siglo XX.
¿Qué haremos ahora que nos han prohibido criticar al capitalismo y al imperialismo? Pues lo que hemos aprendido a hacer: resistir, entender y explicar cuáles procesos de la vida son esenciales para que ésta sea digna, pensar la Historia como ese motor para que la Revolución de nuestro tiempo incorpore las batallas de las que hemos aprendido y explicar la guerra como un proceso impuesto que pretende desaparecer nuestra cultura y la soberanía política que aún está en disputa.
Ante nuestros ojos vemos los genocidios contra Cuba y Palestina, la guerra contra Irán, el secuestro de Nicolás Maduro, el asesinato de trabajadores pescadores en el mar Caribe, el incendio de la Patagonia para convertirla en propiedad privada israelí, el secuestro y encarcelamiento del presidente de Perú legítimamente electo en 2021. ¿Qué seguiremos viendo y viviendo? ¿Hasta cuándo habrá qué luchar? Hasta la victoria, siempre.
Marcela Román Valadez*
* Licenciada en historia, maestra y doctora en estudios latinoamericanos por la UNAM. Ha participado como analista en diversos medios de información nacionales y extranjeros, además de crear el podcast de entrevistas Casa de Brujas. Actualmente analiza la construcción de poder geopolítico con base en los discursos que se difunden en diversos espacios de información.
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