El Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) es un instituto de excelencia académica que forma parte del Sistema de Centros Públicos de Investigación, en donde hay en total 27 instituciones que, en conjunto, dependen directamente de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI). El CIDE, junto con otros centros como el de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), los colegios de Michoacán, de la Frontera Norte, de San Luis y el Instituto Mora se especializan en ciencias sociales y humanidades.
Recientemente el CIDE ha estado involucrado en la discusión pública y por ello se vuelve necesario hacer un recuento histórico para abordar lo que pasó recientemente con la destitución de José Antonio Romero y el nombramiento de la nueva directora interina, Lucero Ibarra. Sobre todo, para ver si hay riesgo de restauración neoliberal.
El CIDE se fundó en 1974 durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez. Fue Trinidad Martínez Tarragó quien impulsó su creación para formar en México un centro de investigación y de posgrado especializado en temas de economía y administración pública. La tarea fundamental de este centro era formar a los principales cuadros y funcionarios públicos del país, para que ayudaran al desarrollo económico nacional y a la industrialización. Horacio Flores de la Peña, un reconocido economista que formaba parte del gabinete de Echeverría, apoyó de manera decidida la creación del CIDE.
Durante las décadas de 1970 y 1980 el Centro fue un espacio donde encontraron refugio economistas como: Pedro Vuskovic, principal ministro de Economía en el gobierno de Salvador Allende; Atilio Borón, quien colaboró en un centro de investigación estratégico sobre Estados Unidos; y Jorge Barenstein, refugiado político argentino y fundador de la División de Administración Pública.
Con la entrada de México a la etapa neoliberal a partir de 1982, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, el CIDE fue objeto de fuertes disputas internas: se abrió un proceso de transiciones y conflictos que decantaron −ya en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari− en favor del economista neoliberal Carlos Bazdresch; por lo que gestionó el Centro de Investigación entre 1989 y 1994. Asimismo, contó con la plena confianza de Salinas de Gortari para transformar la institución y en ese proceso desplazó a prácticamente toda la primera camada de economistas críticos que había; entre los que destacan personalidades como la propia Trinidad Martínez Tarragó, Jaime Ros, entre otros. De esa primera generación solo permaneció María Amparo Casar.
Es en esta etapa que el CIDE se convirtió en lo que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llamó “el ITAM de segunda”. Y es en la década de 1990 en que el Centro de Investigación dio un giro muy contundente hacia la economía neoclásica; con ello dejó atrás las visiones estructuralistas y keynesianas sobre el desarrollo, y se articuló con las políticas públicas neoliberales.
De ahí el contexto histórico para entender algo que dijo la presidenta Claudia Sheinbaum en la conferencia de prensa del pasado 28 de enero de 2026: “El CIDE en un momento se orientó a una cierta política económica que correspondía al periodo anterior, que era la neoliberal”. Dicha visión fue hegemónica en las gestiones de Carlos Elizondo (1995-2004), Enrique Cabrero (2004-2012) y Sergio López Ayllón (2012-2021), aunque también se incorporaron investigadores durante ese tiempo que no son neoliberales en lo individual y que le daban a la institución pluralidad académica.
Durante todo este periodo tuvo lugar una mayor articulación del CIDE con la academia de Estados Unidos, lo cual dio una orientación primordialmente anglosajona a las ciencias sociales del instituto. De ahí que en el CIDE la enseñanza de la economía neoclásica, la teoría de juegos y el new public management fueron dominantes. Recientemente se incorporaron enfoques heterodoxos, igualmente anglosajones, como son la behavioral economics, la economía experimental y los diversos estudios sobre el papel de las emociones y las afectividades.
En la década de 2000 el CIDE defendió a 75 implicados en el asesinato de las Abejas de Acteal ocurrido en 1997. Esa defensa ocurrió en 2006, durante la gestión de Enrique Cabrero. En este periodo, durante las gestiones de Cabrero y López Ayllón, la organización Mexicanos Contra la Corrupción tuvo una gran influencia en la institución. Es cuando se invitó a Claudio X. González al CIDE para dar clases de ética y periodismo. De ahí que, en una conferencia de prensa en noviembre de 2021, AMLO dijo que el CIDE requería de “una sacudida”, como toda institución educativa de México que se derechizó durante el periodo neoliberal, incluida la UNAM y otras escuelas de educación superior.
Por eso, durante el gobierno de López Obrador se buscó iniciar un cambio en el CIDE con el nombramiento de José Antonio Romero, quien gestionó la institución de 2021 a enero de 2026; el encargo que tuvo fue transformarla. Romero abrió una nueva etapa histórica en el Centro de Investigación. Es verdad que en el último año de su gestión hubo un severo problema de gobernabilidad de el mismo y eso explica la decisión tomada por Rosaura Ruiz, titular de la SECIHTI, de removerlo.
Sin embargo, es importante mencionar que la nueva administración del CIDE parte de algunos elementos interesantes que se heredan de la administración anterior. Durante la gestión de Romero hubo un fortalecimiento de la pluralidad al permitir la formación de seminarios como el de Vuelta a Marx, que luego evolucionó en el actual seminario de El Capital; el cual nunca ha tenido como objetivo “adoctrinar”, sino discutir con seriedad y rigor académico la obra de uno de los principales autores de las ciencias sociales y humanidades: Karl Marx, y de esta manera, entender el capitalismo contemporáneo mediante el diálogo con el pensamiento social y humanista actual.
Igualmente, se incorporaron nuevos profesores que enriquecieron la pluralidad epistemológica del CIDE con sus agendas de investigación en: política industrial, economía política de la comunicación, desarrollo económico en el sudeste asiático, desarrollo regional, teoría decolonial, crítica de la economía política, filosofía de la economía, historia del pensamiento económico, economía social y solidaria, enfoques cualitativos sobre la desigualdad, entre otros.
Se formaron dos nuevas divisiones: Estudios sobre el Desarrollo y Economía Aplicada en Aguascalientes. Se crearon nuevas líneas de investigación en la División de Estudios Multidisciplinarios; se aprobaron nuevos posgrados como el de Desarrollo Económico, que se imparte desde 2024; Filosofía de la Economía y Teoría Social Crítica; Derecho y Sociedad, impulsado por la actual directora interina Lucero Ibarra; y se aprobó el doctorado en Economía. Hay que decir que, pese a los conflictos internos, el CIDE mantuvo los más altos estándares de calidad académica en todas sus licenciaturas, maestrías y doctorados.
Ante la salida de José Antonio Romero y la llegada de Lucero Ibarra, cabe recordar algo que dijo la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el CIDE y otras instituciones de educación superior: “Deben dejar de ser instituciones elitistas. Estar mucho más integrados a los problemas de la nación y al pueblo. Se dio una elitización muy grande en muchas instituciones académicas como si estuvieran por encima de los demás. Nadie está encima de los demás; por más que tengas 50 años de carrera y tengas mil o 2 mil publicaciones, por más inteligente que se sienta cualquier persona, nunca estás por encima de nadie. No estás por encima de un campesino, de un obrero, de una ama de casa, de una trabajadora del hogar, nunca. Y esta visión del elitismo de la academia no es buena”.
Sobre el mismo discurso presidencial, es importante resaltar: “Que no se les olvide a los investigadores que quien paga sus estudios y sus investigaciones es el pueblo. Todas estas instituciones tienen financiamiento público y se espera que ayuden al desarrollo de la nación sin dejar de lado su libertad de cátedra, pero buscamos mucho mayor vínculo con el desarrollo nacional”. Por ello, luchar contra el elitismo, clasismo y acercar la ciencia al desarrollo nacional y al pueblo son tarea fundamental de la nueva administración del CIDE; y en consideración del discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum y el momento histórico en el que vivimos.
El perfil de Lucero Ibarra, la nueva directora interina del CIDE, va a permitir destensar el ambiente interno de la institución y también podrá garantizar la estabilidad y gobernanza institucional de este centro público de investigación. Es muy importante mencionar que durante el periodo neoliberal, no todas las contrataciones que se hicieron fueron de personas neoliberales. Es el caso de Lucero Ibarra, en lo individual nunca estuvo cercana de los grupos de Cabrero o de López Ayllón y no validó prácticas lamentables de dicho periodo.
Quedan pendientes grandes retos para el CIDE: la gestión de los recursos públicos para garantizar que el instituto cumpla cabalmente con todas sus obligaciones; y el fortalecimiento de la pluralidad en una institución que fue capturada por el neoliberalismo durante décadas (1989-2021). El Centro de Investigación no debe volver a las dinámicas neoliberales anteriores a la gestión de Romero. Al contrario, se necesita la profundización de las transformaciones pos-neoliberales en el CIDE; esto implica no permitir el fortalecimiento de sectores cercanos a mexicanos contra la corrupción que siguen operando en el instituto, así como acompañar las grandes transformaciones históricas que se están impulsando en el país.
Por eso es fundamental que el CIDE acompañe al Plan México, que ayude a eficientar la implementación de la reforma al poder judicial, así como apoyar a la discusión e impulso de dicha norma. Necesitamos un instituto que contribuya a fortalecer nuestra soberanía epistemológica y económica; tecnológica, alimentaria, energética y política, bajo los principios del humanismo mexicano y la economía moral.
La derecha mexicana festejó muchísimo la atropellada destitución de José Antonio Romero y pensaron que con la nueva dirección de Lucero Ibarra habrá una restauración neoliberal en el CIDE. Y es aquí donde la primera directora mujer del Centro de Investigación, feminista y activista en favor de las autonomías y de los pueblos originarios tendrá que estar a la altura de la historia para decir: no, al retorno y a la restauración neoliberal. Mientras tanto, pedimos a toda la militancia de la 4T estar atentas y atentos de los sucesos que ocurran en el CIDE con la nueva administración.
Josafat Hernández*
*Profesor investigador de la División de Estudios Multidisciplinarios, Centro de Investigación y Docencia Económicas



















