El promedio de la hambruna mundial ha disminuido por tercer año consecutivo, al pasar de 8.6 por ciento a 7.8 por ciento entre 2022 y 2025; es decir, con 645 millones de personas afectadas, representó un decrecimiento de 43 millones respecto a 2022, de acuerdo con Naciones Unidas.
Y aunque esta problemática es muy variable según cada región en el planeta, América Latina y el Caribe, junto con Asia, lideran el combate al hambre, resaltó el informe Estado de la seguridad alimentaria y nutrición en el mundo 2026, publicado entre cinco organismos ligados a la ONU (FAO, sobre alimentación y agricultura; Unicef, enfocado en infancias; OMS, de salud; IFAD, desarrollo agrícola; y el Programa Mundial de Alimentos).
De manera particular, en 2025, en América Latina y el Caribe fue posible reducir el porcentaje promedio de población con hambre que incrementó después de la pandemia de Covid-19. Incluso se colocó en 4.8 por ciento, debajo de los niveles alcanzados en 2015. El informe explica este logro con base en la protección social dirigida a las personas más vulnerables, así como la atracción de inversiones que aumentan la productividad agroalimentaria.
La combinación de programas de alimentación escolar, las transferencias monetarias condicionadas y el apoyo otorgado a la agricultura familiar consiguió los descensos más marcados en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia y Uruguay, al pasar de 5.5 por ciento en 2020 a 3.5 para 2025.
El decrecimiento en países centroamericanos como México, Guatemala, Honduras y El Salvador pasó de 5.7 a 5.1 por ciento. Ello, por la “recuperación del empleo y la moderación inflacionaria”. En este continente, el Caribe continúa como la zona más afectada, con un 16.6 por ciento de hambruna en su población.
En Asia, el hambre se redujo de 7.9 a 6 por ciento entre 2021 y 2025. Los principales avances se produjeron en Asia meridional, donde la prevalencia bajó de 13.9 por ciento a 9.3, por “redes de protección social y estabilización de mercados locales de cereales y legumbres”; Asia Sudoriental, con un decrecimiento hasta 5.1 por ciento; y Asia Oriental, con China, Japón y Corea, donde el hambre se ubicó por debajo del 2.5 por ciento basado en “décadas de inversión pública en productividad agrícola y cadenas de distribución eficientes”.
Por otra parte, el continente africano superó en número a Asia con mayor población que padece hambruna en el mundo, al llegar hasta 309 millones en 2025. No obstante, en promedio, la región pasó de tener 20.3 por ciento de gente con hambre a 20 por ciento el año anterior.
La prevalencia por subregiones es de: 9.8 por ciento en África Septentrional; 12.3 por ciento en la zona Meridional; 16.9 por ciento en la parte Occidental; 25.6 por ciento en el oriente del continente (donde se ubican Etiopía, Kenia, Somalia y Sudán del Sur), “agravados por sequías recurrentes y desplazamientos masivos; y 28.9 por ciento en África Central, con el Congo, Camerún y Chad.
En lo que respecta a Europa y América del Norte, el informe subrayó que “el hambre severa prácticamente ha desaparecido como problema generalizado”. No obstante, el porcentaje de población adulta con obesidad ha aumentado constantemente. A nivel mundial se ubicó en 16.2 por ciento en 2024, “una tendencia especialmente acusada en los países de ingresos altos”, y que se explica por la abundancia de productos ultraprocesados, combinado con estilos de vida sedentarios.
De hecho, la mala alimentación ostenta un lugar importante en las problemáticas mencionadas en este informe, en el cual se alertó sobre el incremento en los costos de las dietas saludables. En cinco años subió un 25 por ciento. Tan solo en 2017, el costo de una dieta de este tipo era de 2.94 dólares por persona, precio que llegó hasta 4.28 en 2025.
Nuevamente, la posibilidad de obtener una dieta así es desigual. En África, 66.6 por ciento de la gente no puede comprar este tipo de alimentos, lo que equivale a más del doble que en Asia o América Latina y el Caribe. Incluso el promedio no muestra la realidad de zonas vulnerables, pues “el número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable ha disminuido”, al pasar del 37.4 por ciento de la población al 32.7 por ciento.
De acuerdo con el informe publicado por agencias especiales de Naciones Unidas, no es un problema el producir alimentos, sino que los nutritivos sean asequibles. Ello, porque “entre el 70 y el 75 por ciento del coste de una dieta saludable se genera después de que los alimentos salen de la granja, en transporte, almacenamiento, distribución y márgenes de intermediación”.
Para continuar el combate contra la hambruna, el informe establece una serie de lineamientos a seguir para avanzar en la disminución de la problemática. Entre ellos destacó la necesidad de: dirigir los subsidios agrícolas a los alimentos nutritivos en lugar de cereales básicos, fortalecer cadenas de valor enfocado en refrigeración y transporte para evitar pérdidas, e integrar la protección social con la producción local, de modo que se creen circuitos cortos de consumo.



















