INAH intervino “tarde” en Chimalhuacán

INAH intervino “tarde” en Chimalhuacán

Investigadores y pobladores de Chimalhuacán consideran que el INAH llegó tarde para hacer el rescate arqueológico en el predio El Molino. Hoy, la antigua ciudad acolhua yace bajo la tierra y el cemento. No sobrevivió al embate de desarrolladoras, los invasores y los proyectos de gobierno

  
Apenas seis arqueólogos atienden los 125 municipios que integran el Estado de México. En la entidad, el registro de zonas arqueológicas asciende a 2 mil, pero “las conservadas por la institución no llegan ni a 20. Hay una gran desproporción”, denuncian los especialistas consultados por este semanario, y que por temor a la pérdida de su empleo solicitan el anonimato.
 
La falta de personal, recursos e interés del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), deriva en desconocimiento y muchas de las veces en permisos para destruir. “Hay poca información sobre ellas”, reconoce otro de los arqueólogos.
 
 “Llegaron tarde”, afirma, contundente, don José. Se refiere al INAH y a los defensores. No se puede adivinar si la frase la pronuncia con alegría, tristeza o resignación.
 
Para saberlo hay que preguntárselo y escuchar largamente su conversación entre una orquesta de cámara que suena alto en el interior de la casa y los saludos a la familia. Hay que verlo entrar y salir de las habitaciones con fotografías, documentos, hojas, apuntes, bocetos, recuerdos.
 
Después hay que atravesar la calle. Entrar a su casa. La que le vendió a pagos a la familia Enrique Vainer Girs. Un resquicio de la hacienda. Un laberinto de adobe y vigas roídas donde don José anotó sobre los blanquísimos muros una réplica a escala con tinta roja y azul de los símbolos de algunas de las piedras que más llamaron su atención. Hay que verlo pasearse por la nueva zona de juegos, y apuntar con el dedo los lugares donde asegura hay entierros, ofrendas y pirámides.
 
—¿Usted preferiría que se hubiera conservado ese espacio?
 
—Sí. Vinieron y me preguntaron antes de que empezara la obra cuál sería mi deseo. Me gustaría que esto fuera pa’ el pueblo, que todas las gentes vinieran al rancho a comer, a andar, esa era una de mis mayores ilusiones. Que todo esto de acá, en lugar de que fueran edificios, se hubieran hecho campos deportivos.
 
Hoy, la ciudad acolhua de Chimalhuacán yace bajo la tierra y el cemento. No sobrevivió al embate de desarrolladoras, invasores y proyectos de gobierno.
 
Para la realización de este trabajo se solicitó entrevista con el gobierno de Chimalhuacán, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. Al cierre de edición, no se obtuvo respuesta.
 
Estructura habitacional
 
 
 
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Fuente: Contralínea 323 / febrero 2013

 

 

 

 

 

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