México y su Plan “B” ante revisiones anuales del T-MEC

México y su Plan “B” ante revisiones anuales del T-MEC

Imagen: ChatGPT

Desde el retorno de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, el T-MEC entró en una zona de turbulencias cuando, de inicio, el mandatario amenazó con imponer aranceles a sus socios comerciales, a la par de otra serie de medidas coercitivas que terminaron por extenderse al planeta.

A nadie tomó por sorpresa que, cuando el pasado primero de julio se cumplió el plazo para iniciar las negociaciones para ratificarlo, el gobierno norteamericano comunicó de manera oficial su determinación de mantenerlo por 16 años más.

Sin embargo, lo condicionó a someterlo a revisiones anuales, lo que ha provocado una cadena de incertidumbres en el sector de las inversiones y ha revivido la inaplazable necesidad de que nuestro país recurra a un Plan “B”.

Era de esperarse que Trump buscaría la manera de mantener viva la presión económica hacia nuestro país, así como sobre Canadá.

Pero hay factores globales a los que Washington no ha podido someter, sobre todo porque potencias como China y Rusia han resultado contrapesos reales, a los que de manera indirecta se ha sumado la propia Comunidad Europea, cuyos países, como Dinamarca, no han escapado a las amenazas intervencionistas del magnate.

Nuestro gobierno y los sectores productivos y sociales deben comenzar a operar un cambio de ruta hacia otros mercados, uno de los cuales –y a solo siete días del desplante estadunidense– mostró su disposición a actualizar su relación comercial y económica con nuestro país. Nos referimos a la aprobación, por parte del Parlamento Europeo, del acuerdo global modernizado entre México y la Unión Europea.

Si bien es cierto que la economía de Estados Unidos representa el 80 por ciento de las exportaciones nacionales, las cifras del intercambio comercial con los países del viejo continente son un tema que debe considerarse en su justa dimensión.

Por ejemplo, en 2025 el comercio bilateral entre México y la Unión Europea alcanzó 88 mil 306 millones de dólares, con lo que el bloque europeo se mantuvo como el tercer socio comercial de México y su segundo mercado de exportación.

Las exportaciones mexicanas hacia ese mercado sumaron 23 mil 817 millones de dólares, equivalentes al 3.6 por ciento del total exportado por nuestra economía. En materia de inversión, la Unión Europea se ubicó como el segundo mayor inversionista en el país, con 9 mil 887 millones de dólares de inversión directa captada por México en 2025, equivalente al 24.2 por ciento del total nacional.

Este instrumento sustituye el marco vigente desde el año 2000 y permite que prácticamente la totalidad de las exportaciones mexicanas ingresen al mercado europeo en libre comercio, es decir, con trato preferencial, lo que beneficia a sectores como el agroalimentario, bebidas con denominación de origen, manufactura avanzada, automotriz, autopartes, dispositivos médicos, química y farmacéutica.

La ratificación del acuerdo comercial adquiere una especial relevancia en el contexto actual, donde la intransigencia y la falta absoluta de seriedad de la administración Trump para respetar las reglas del comercio internacional han convertido a esa potencia mundial en un mercado inseguro para cualquier economía.

En el caso de México, representa un primer paso hacia la consolidación de un Plan B, al fortalecer su estrategia de diversificación comercial y ampliar el acceso preferencial de sus productos a Europa. A la par, le permitirá iniciar una nueva etapa para no solo impulsar las exportaciones, sino también atraer inversión, en una relación comercial seria y estable con uno de los mercados más importantes del mundo.

A la par de que la Secretaría de Economía concrete con la Unión Americana la metodología para superar las revisiones anuales y tratar de establecer compromisos multianuales, se deberá trabajar también en el fortalecimiento de la industria nacional y del olvidado sector agropecuario, a fin de robustecer el mercado interno.

Es obvio que, con las revisiones anuales, los inversionistas se enfrentarán a la falta de un horizonte comercial garantizado que, de entrada, frenará la toma de decisiones en el sector empresarial y otros sectores.

También el llamado nearshoring o relocalización puede verse impactado, pues las empresas extranjeras que buscan reubicar sus operaciones desde Asia hacia Norteamérica ahora deberán evaluar los riesgos ante los cambios de aranceles o reglas de origen cada año.

Y si bien el efecto no apunta a una crisis económica inmediata, al seguir vigente el tratado, dejarlo a los caprichos y vaivenes anuales de Trump obligará a muchas empresas a incorporar primas de riesgo en sus decisiones de inversión, dificultando un crecimiento sostenido de nuestra economía.

En dos años de convivir con un incierto T-MEC, navegando en las turbias aguas de la incertidumbre, México ha podido resistir gracias al fortalecimiento de su consumo interno.

Por eso, es el momento propicio también para apoyar al sector agropecuario que, desde la entrada en vigor del TLCAN, en 1994, se fue a pique por los subsidios y el proteccionismo de los que han gozado los agricultores norteamericanos.

Al llevar todas las ventajas en la exportación de sus productos hacia nuestro país, estos terminaron comprometiendo seriamente nuestra dependencia alimentaria, propiciando además la migración de miles de campesinos a Estados Unidos y empobreciendo a las comunidades rurales.

Actualmente, las desventajosas condiciones que fueron trasladadas del TLCAN al T-MEC, en este sector, obligan a México a comprar maíz amarillo a los productores de la Unión Americana, pues con el paso del tiempo terminamos siendo deficitarios en este grano endémico de nuestro campo.

Este desigual trato condiciona, además, muchos de los precios de nuestros granos a lo que impone la Bolsa de Valores de Chicago, llevando a nuestros agricultores a la ruina.

Imagen: ChatGPT

Para tener una idea de nuestro déficit comercial en este rubro, baste citar que, en los primeros cinco meses de este año, las importaciones de granos y oleaginosas, entre éstos maíz, soya y canola, costaron al país 6 mil 303 millones de dólares, en un volumen histórico de 19 millones 900 mil toneladas, sin contar otros granos básicos para el consumo de la población, como lo son el trigo y el arroz.

En lo político, solo una debacle del Partido Republicano en las elecciones intermedias de noviembre próximo podría inclinar la balanza a favor de los demócratas para tratar de frenar muchos de los excesos de Trump, cuya popularidad se ha derrumbado. Mientras gozaba del 58 por ciento de aprobación entre los estadunidenses al asumir el cargo, ahora ésta ha descendido a un magro 37 por ciento.

A nuestro país le queda mucho trecho para apostar por un cambio en la política económica con el vecino del norte, porque Trump abandonará el cargo hasta enero de 2029.

Por eso urge diversificar los mercados y volver los ojos a Europa, Asia y a nuestro propio continente. El Plan B no puede esperar.

Actualmente, las desventajosas condiciones que fueron trasladadas del TLCAN al T-MEC, en este sector, obligan a México a comprar maíz amarillo a los productores de la Unión Americana, pues con el paso del tiempo terminamos siendo deficitarios en este grano endémico de nuestro campo.

Este desigual trato condiciona, además, muchos de los precios de nuestros granos a lo que impone la Bolsa de Valores de Chicago, llevando a nuestros agricultores a la ruina.

Para tener una idea de nuestro déficit comercial en este rubro, baste citar que, en los primeros cinco meses de este año, las importaciones de granos y oleaginosas, entre éstos maíz, soya y canola, costaron al país 6 mil 303 millones de dólares, en un volumen histórico de 19 millones 900 mil toneladas, sin contar otros granos básicos para el consumo de la población, como lo son el trigo y el arroz.

En lo político, solo una debacle del Partido Republicano en las elecciones intermedias de noviembre próximo podría inclinar la balanza a favor de los demócratas para tratar de frenar muchos de los excesos de Trump, cuya popularidad se ha derrumbado. Mientras gozaba del 58 por ciento de aprobación entre los estadunidenses al asumir el cargo, ahora ésta ha descendido a un magro 37 por ciento.

A nuestro país le queda mucho trecho para apostar por un cambio en la política económica con el vecino del norte, porque Trump abandonará el cargo hasta enero de 2029.

Por eso urge diversificar los mercados y volver los ojos a Europa, Asia y a nuestro propio continente. El Plan B no puede esperar.

 

Martín Esparza*

* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

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