La secretaria general de la nueva Asociación Sindical Única de Trabajadores Educativos de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, profesora Samantha Fouilloux, denuncia persecución y hostigamiento laboral por parte del secretario general de la institución. Asegura que dicho funcionario ha emprendido una campaña de despidos hacia dirigentes sindicales por negarse a cederles la conducción de su agrupación. Entrevistada al respecto, la rectora de la UNRC, Alma Herrera, niega que haya algún tipo de violencia u hostigamiento laboral, y afirma que la Universidad respeta de forma absoluta la Constitución en materia de la libertad de asociación. Respecto del sindicato al que alude Fouilloux, la rectora expone que, de acuerdo con una respuesta oficial del Tribunal de Conciliación y Arbitraje, carece de registro y, por tanto, tampoco cuenta con estructura sindical

En pleno reto de admitir a los miles jóvenes estudiantes rechazados por la Universidad Nacional Autónoma de México –tras el escándalo originado por las fallas en el examen digital de nuevo ingreso en la máxima casa de estudios del país–, la Universidad Nacional Rosario Castellanos enfrenta su propia problemática interna. Ello, porque la profesora de tiempo completo y dirigenta sindical Samantha Fouilloux acusa que el secretario general de la UNRC, Antonio Méndez, ha emprendido una campaña de persecución contra los integrantes de la nueva Asociación Sindical Única de Trabajadores Educativos de dicha institución (ASUTEUNRC). Al respecto, ejemplifica con su propio caso, pues en días recientes fue notificada de su despido.

En entrevista para Contralínea, Fouilloux afirma que hace tres años un grupo de profesores comenzó la creación de un sindicato “con el mejor ánimo de aportar al proyecto presidencial, que es la UNRC”, mismo que actualmente se encuentra a la espera de su formalización por parte de los tribunales en materia laboral. Sin embargo, agrega que a pesar de tener avances importantes, desde el año pasado, ella y sus compañeros comenzaron “a recibir mucha agresión por parte de las autoridades, específicamente del secretario general Antonio Méndez y del director de campos de conocimiento y desarrollo docente, Fernando Santander, a partir de que quieren tener injerencia en el sindicato”.
Consultada por este semanario acerca de estas acusaciones, la rectora de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, Alma Herrera, niega que exista tal persecución. “En primer lugar, nuestra posición de la Universidad es el respeto absoluto de la Constitución en materia de la libertad de asociación de cualquier grupo de personas; eso es un derecho constitucional. En el caso específico de esta asociación, pues yo tengo un oficio de la Unidad de Transparencia del Tribunal de Conciliación y Arbitraje, donde me especifican que esta organización no tiene ningún registro”.
Al respecto, la rectora agrega que eso no significa que niegue su existencia, porque eso siempre está sometido a mucha especulación, sino: “solamente puedo decir que no hay registro de que esta organización exista dentro de la Universidad y, por ende, pues no tengo tampoco ningún registro que apele al sentido de nombramientos, como una Secretaría General o al resto de la estructura de una organización sindical”.
La doctora en pedagogía dice que la Rectoría no cuenta con información relacionada con el sindicato y, “desgraciadamente”, todo lo que conoce es por los medios de comunicación y las redes sociales. “No tengo ninguna notificación oficial de su existencia. Entonces, conozco el nombre y todo, pero vía redes”.
Herrera Márquez agrega que en la Universidad Nacional Rosario Castellanos se cuida mucho la calidad del personal docente: “tenemos más de 1 mil 500 docentes adscritos a todas las unidades académicas que se están creando, a todas las licenciaturas, tanto en su modalidad presencial como a distancia. Y afortunadamente no tenemos estas denuncias; porque, además, en la estructura de la Universidad existe una instancia que es la Unidad de Cultura de Paz, donde cualquier miembro de nuestra comunidad universitaria si se siente acosado, hostilizado o afectado en su calidad de persona o en su calidad académica, puede levantar una demanda, y le damos un seguimiento estricto”.
La rectora agrega que la institución también cuenta con un documento llamado “Normas de Convivencia”, que establece los mecanismos de la relación basada en el respeto.

Quieren sindicato a modo, acusa sindicato
En el proceso de creación del nuevo sindicato, acusa la profesora Samantha Fouilloux, los funcionarios universitarios han buscado imponer a personas a su servicio en la secretaría jurídica del comité organizador. Y cuando las y los integrantes de la nueva asociación gremial se negaron a ello, por considerar que eso lo convertiría en un sindicato “charro”, “se desató una persecución y hostigamiento laboral”.
Fouilloux afirma que su despido no es el único. El primer golpe, dice, fue contra la maestra María Isabel Gómez y el doctor Jesse Rojas, profesores de la sede de Comitán, Chiapas, a quienes se les despidió “de manera humillante” por su participación como dirigentes sindicales en aquella unidad donde se afilió a la mayor parte de la plantilla docente.
Frente a ello, el Comité Ejecutivo de la asociación sindical optó por denunciar el hostigamiento laboral de Antonio Méndez, primero ante la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), y posteriormente ante la presidenta Claudia Sheinbaum. La respuesta de Méndez y Santander ha sido el despido ahora de la secretaria general Samantha Fouilloux, quien funge como la cabeza de la agrupación.
En el oficio institucional UNRC/REC/SG/DCCDD/649/2026 se expone que un motivo para el despido de la profesora Fouilloux fue que en un correo electrónico enviado el 24 de marzo de 2026 ella “emitió expresiones que constituyen ofensas graves hacia funcionarios de la institución, incluyendo alegaciones infundadas de ‘hostigamiento laboral, psicológico, académico y de género’”. Además, se alega que la profesora les llamó “misóginos y machistas, pues solo se meten con las maestras”. En el mismo documento firmado por Fernando Santander y Ana María Rosas –allegados al secretario general Antonio Méndez–, se expone que otro motivo para su despido es la “falta de lealtad institucional y pérdida de confianza” por parte de Fouilloux al “presentar denuncias infundadas ante autoridades externas”, lo cual hace referencia a las cartas que presentó la asociación sindical ante la Secihti y la presidenta Claudia Sheinbaum. La interpretación de Fouilloux es que se le despidió por denunciar a Antonio Méndez y Fernando Santander ante instancias superiores, así como por haberlos calificado como “machistas y misóginos”.
Asimismo, en el oficio de despido se alude a que la profesora no asistió a una clase y que la asociación sindical aún no recibe registro formal ante tribunales jurídicos, lo que interfiere “en el funcionamiento normal de la institución”. Al respecto, la profesora Fouilloux afirma que “es un documento lleno de infundios, de cosas bastante bajas, pues en dos numerales dicen algo que llama mucho la atención y que demuestra el carácter autoritario que se está viviendo por parte de las autoridades en la universidad. Uno de esos puntos dice que me dan de baja por ejercer trabajo sindical, desconocen a la asociación de docentes; y en otro numeral dicen que también es por haber denunciado violencia de género, por haber dicho que Antonio Méndez y Fernando Santander eran machistas y misóginos, y lo son, pero me parece asombroso que esto lo asienten en un documento. Es muy grave porque quiere decir que se está reprimiendo el derecho de los trabajadores a la libre asociación, pero, además, molesta que una docente que hace vida política denuncie la violencia de género que está recibiendo”.
Agrega que ya hay numerosos sindicatos que están mostrando solidaridad y apoyo, y que piensa que “al final el impacto es hacia la universidad que hoy en día es la casa de estudios de más de 55 mil jóvenes, pues efectivamente la Universidad Nacional Rosario Castellanos es uno de los proyectos principales en cuestión de política educativa de la presidenta”.
De ello destaca también que Antonio Méndez no cuenta con una trayectoria académica, sino política: fungió como gerente en la Central de Abastos y también como director de asuntos de gobierno de la alcaldía Coyoacán durante la gestión de Manuel Negrete, exfutbolista que militó en el PRD. Luego pasó a Morena durante un año y finalmente se integró al Partido Fuerza por México, que se extinguió en años recientes. En el año 2020, Méndez se vio obligado a renunciar a su cargo gubernamental en medio de escándalos de corrupción del gobierno de su jefe Negrete y de conflictos con los vendedores ambulantes del centro de Coyoacán.

La versión de la Rectoría
Consultada sobre los señalamientos de acoso y hostigamiento laboral contra dos funcionarios de la UNRC, la rectora Alma Herrera indica que se ha enterado informalmente: “por radio pasillo”, pero descarta que haya alguna irregularidad. “Lo que le puedo decir es que ningún miembro del personal académico ha salido de nuestra Universidad por una situación de acoso o de violencia; quienes se han tenido que retirar, pues tenemos todas las rúbricas, tenemos las evaluaciones, tenemos la retroalimentación de las y los estudiantes y, en el caso de algunos profesores, incluso tenemos por parte de los estudiantes una valoración donde vienen y me dicen: ‘oiga, rectora, no aprendí nada con tal profesor o no entendí los contenidos’; o, al contrario: ‘por favor que se mantenga, que permanezca este profesor como miembro del personal académico’. Y, desde esta perspectiva, sí le puedo decir que más del 60 por ciento de nuestro personal académico cuenta con estudios de posgrado y todo mundo sabe que, periódicamente, nuestra rúbrica de evaluación también nos da la posibilidad de fortalecer sus perfiles. Quiero decirle que traigo profesores con nosotros desde el año 2019, y a lo largo de todos estos años, en verdad, son profesores que han fortalecido mucho el aprendizaje de sus estudiantes”.
Sobre los señalamientos concretos, indica que sí sabe que hay “expresiones de crítica hacia algunos de nuestros servidores públicos, pero si fuera una situación generalizada pues, evidentemente, habría muchas denuncias, y no las hay. ¿Qué le puedo decir? Nosotros evaluamos semestralmente al personal docente de la Universidad. Es una rúbrica que establecen los criterios apegados a una educación superior de calidad”.
Al respecto, dice que las y los colaboradores de la Universidad tienen que seguir dichos criterios para asegurar que los estudiantes efectivamente alcancen los aprendizajes que se establecen en los planes de estudio, y niega que las evaluaciones sean punitivas. “Todos los profesores y profesoras saben que al final del semestre van a tener una evaluación y, a partir de esa evaluación, pueden continuar con nosotros o les hacemos otras recomendaciones. ¿Qué se evalúa? Pues, que den clases. Se evalúa que los estudiantes muestren satisfacción con lo aprendido; se evalúa el diseño de los planes y programas de estudio; se evalúa la participación en exámenes, en exámenes extraordinarios, en titulación. Y, además, todos nuestros profesores, sobre todo los de tiempo completo, tienen que presentar un plan de trabajo semestral donde el mismo docente, la misma docente, establece sus objetivos, sus metas, así como los elementos que permitan evidenciar que esta situación se cumple”.
La doctora Herrera defiende, además, que dichas evaluaciones del profesorado se realizan en todas las universidades. “Yo fui académica durante más de 40 años de la Universidad Nacional Autónoma de México; fui profesora de tiempo completo y a mí me aplicaban igual una evaluación periódica para determinar si, efectivamente, estaba yo contribuyendo al aprendizaje de nuestros estudiantes”.
Agrega que a la plantilla académica se le reconoce con compensaciones económicas derivadas de la nómina educativa porque, “para la Universidad Nacional Rosario Castellanos, los profesores son el factor clave del éxito educativo de la Universidad. Trabajamos con los estudiantes, y sin ellos, esta Universidad no tendría ninguna razón de ser. Pero el factor clave de la Universidad son las y los profesores. Entonces, cuidamos que las normas de convivencia, efectivamente, apliquen para todas y para todos; que el trato sea respetuoso. Tratamos de sumarnos a toda esta campaña que pretende reducir el uso de las redes para plantear insultos o denostar a cualquier miembro de nuestro personal, estudiantil o docente. Y, en esa perspectiva, queremos seguir avanzando, brindando un servicio educativo de calidad”.
Además, la rectora de la UNRC descarta que haya actitudes machistas y misóginas en la institución: “aquí no se despide a nadie por el género; al contrario, quiero decirle que el 63 por ciento de nuestra comunidad está compuesta por mujeres, y que el 51 por ciento de nuestro personal docente está compuesto por mujeres. Es decir, somos una Universidad que, desde 2019, ha venido incorporando a las mujeres, porque uno de nuestros principios es alcanzar la igualdad sustantiva y la equidad de género. Tenemos siete años de operación, y en siete años de operación no tengo antecedentes similares en ese sentido”.
La funcionaria también expresa: “me extraña mucho que ahora que somos nacionales, que hay un requerimiento de un plan de trabajo, de la necesidad de impartir actividades académicas, se plantea que hay violencia de género. Entregar un oficio donde se asignan cargas horarias, usted que es académico lo sabe, yo también, donde nuestros jefes inmediatos nos dicen: ‘bueno, te toca impartir tal clase el lunes de 8 a 10 de la mañana, etcétera’, pues ese oficio no se puede considerar como hostigamiento. O sea, es un oficio donde se nos informa qué grupo, qué clase, en qué horario y en qué salón tenemos que impartir una determinada clase. Y esto no puede ser considerado como un tema de hostigamiento. Yo, la verdad sí quisiera plantear que para todo, para cuando la gente se siente incómoda con algo, sí es muy importante que presente las evidencias respectivas, porque si no, se vuelve un asunto de dichos: ‘tú me hiciste, yo no te hice, sí me hiciste’. Y la verdad es que me parece que eso le resta a nuestras instituciones de educación superior una importante capacidad de diálogo. Entonces, la universidad es una universidad abierta”.
La doctora en pedagogía agrega que en los más de siete años que ha operado la Universidad se ha avanzado en el proyecto educativo, y no se ha tenido “situaciones de paros [estudiantiles], de tendederos [manifestaciones donde se expone la violencia de género], de violencia. No hemos tenido manifestaciones de profesores quejándose por el trato. […] Somos una institución educativa que en siete años hemos avanzado de la manera más estable: nunca nos han cerrado”.
Por ello, considera que la UNRC avanza de manera estable, basada en una cultura de paz.
Pablo Carlos Rojas Gómez*
*Doctor en Ciencias Políticas y Estudios Latinoamericanos
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