Otro tipo de guerra cognitiva en tiempos de la Independencia mexicana

Conviene hacer una precisión decisiva: llamar ‘guerra cognitiva’ a lo ocurrido durante la Independencia de México es una a-sincronía intencionada que pretende parangonar relativamente las operaciones ideológicas de ayer y de hoy. Es solo como recurso de especulación hipotética aplicada retrospectivamente a un conflicto de otra época.

La guerra cognitiva como arma del dogmatismo capitalista

En el corazón de la guerra cognitiva está el plan de fijar el dogmatismo monopólico como meta eterna del capitalismo en su fase imperial. Y las armas de dominación pretenden ser perfectas cuando consigan que las víctimas custodien las puertas de la prisión y llamen libertad a la llave que las encierra. Esa es una aberración mayúscula de la guerra cognitiva: el capitalismo no necesita que creamos todas sus mentiras; le basta con que pensemos la realidad utilizando sus preguntas, sus medidas, sus diccionarios y sus límites. Por lo tanto, la explotación se manifiesta como empleo, la subordinación como contrato, la concentración como eficiencia, el despojo como inversión, la precariedad como flexibilidad y la obediencia se manifiesta como responsabilidad. La palabra cambia de significado, la realidad cambia de lugar. El control deja de ser una fuerza externa e inicia a comunicarse desde nuestro interior. La victoria imperial no se limita únicamente al dominio de territorios: implica ocupar el punto desde el cual una sociedad determina lo que puede ser considerado real.

La Guerra Cognitiva y lo que no sabemos

Una de las más peligrosas paradojas de la guerra cognitiva es cuando una sociedad cree que está defendiendo su libertad de pensar y puede estar ejecutando exactamente el pensamiento burgués

Granjas de ‘bots’ en la guerra cognitiva

Aquí aparece al desnudo la guerra cognitiva y su mercancía perversa disfrazada como granja de bots. En las sociedades capitalistas creadoras de la dictadura de la competencia mercantil y la subordinación de los consumidores, cada segundo de mirada adquiere valor económico y político. En las granjas de bots se diseña lo que conmueve, lo que enfurece; qué provoca miedo, qué despierta deseo, qué genera permanencia. La arquitectura de la comunicación comercial digital encuentra así una zona de convergencia con las operaciones de influencia política y militar. Un sistema diseñado para retener atención y ensuciar la realidad puede ser aprovechado por quien busca retener, desviar o capturar conciencia. La frontera entre publicidad, entretenimiento, propaganda y operación psicológica se vuelve porosa. El sujeto cree estar consumiendo información mientras, simultáneamente, se convierte en recurso explotable y víctima de mil manipulaciones del odio de clase.

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