Miles contra López Obrador: juntos, pero no revueltos

Miles contra López Obrador: juntos, pero no revueltos

El 1 de diciembre, una multitud heterogénea, apenas unida por su rechazo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se citó en el Ángel de la Independencia para iniciar lo que sería una marcha multitudinaria: miles de personas, inundaron lentamente ambas vías del paseo de la Reforma

“Yo quería ver con mis propios ojos que eran muchos y mira: siguen llegando”, le comenta una señora de la tercera edad a una joven que acaba de sentarse a su lado. Desde una banca y con una sonrisa, aún no había visto pasar a la mitad de manifestantes.

Blanco fue el color predominante: las guayaberas impecables de finos dobleces, el cabello de los manifestantes y los carteles. Combinado, claro, con pantalones cafés bien planchados, sombreros de paja y lentes de sol. Este grupo fue el que encabezó la manifestación y el que primero llenaría la explanada del Monumento a la Revolución, tras 1 mil 800 metros de recorrido y decenas de pausas intermedias.

La mayoría pasaba de los 50 años y, aunque parecía que estaba de más, repetían una y otra vez: “No somos acarreados, somos informados”. En una lógica de tortas y playeras baratas, nadie hubiera puesto en duda la primera parte de esta consigna.

También estaba el contingente amarillo. Equipados con mantas y banderas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), se diferenciaban por tener un mayor repertorio de consignas y estar vestidos sin uniformidad ni costosos accesorios. Aquí, y sólo aquí, se escuchó la frase: “Como dice el Che Guevara, hasta la victoria”, misma que fue coreada un par de veces antes de confundirse entre otros gritos.

En este grupo, una mujer que se cubría del sol con una bandera amarilla inició el coro: “Yo voté por ti y me arrepentí”. Se sumaron un par de voces, se repitió el lamento tres veces más, cuando de pronto alguien interrumpió: “¿Cómo que votaste por él?” Estallaron las carcajadas.

Divididos por las nochebuenas que adornan el centro de la avenida Reforma, los contingentes blanco y amarillo avanzaron sin mezclarse. Alguien preguntó en voz alta y tono de reclamo: “¿No se supone que esto era una marcha sin filiación política?” Rieron de ambos lados: aunque resultaron minoría, el PRD llevaba días convocando a su militancia. También el mismo presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Marko Cortés Mendoza, había anunciado con anterioridad su presencia física en la marcha.

Además de estos grupos, destacó la participación de otro contingente inconforme que se adelantó una hora al inicio “oficial”, acordado para las 11:00 horas.

Con logística y demandas independientes, unos 200 jóvenes de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México también salieron del Ángel pero se desviaron rumbo al Zócalo capitalino. Su meta: hablar con el presidente para exigirle el cumplimiento de sus promesas en relación con el “fortalecimiento” de las Normales Rurales. También denunciaron injusticias y hostigamiento por parte del gobierno de Chiapas.

Le Barón, entre la solución y la oposición

Julián, Adrián y otros integrantes de la familia Le Barón participaron en la marcha para denunciar la violencia que vive el país. Aunque dejaron claro que no se manifestaban en contra del presidente López Obrador, su apellido fue estandarte de consignas contra las políticas de la “cuarta transformación”. Bajo el lema “todos somos Le Barón”, la multitud exigió el fin del gobierno actual.

Minutos antes de iniciar la marcha, rodeados por cámaras y micrófonos, los familiares relataron cómo sufrieron la masacre que les arrancó la vida de tres mujeres y seis niños. Y cuando Julián Le Barón mencionó que estaba allí para “ayudar y buscar soluciones” se inició un coro que repetía su apellido. En ese momento Julián elevó la voz y cambió la consigna a “México, México, México…”

Aunque la oposición usó su apellido para mezclarlo con intereses políticos, en el monumento a la Revolución se respetó de forma unánime el minuto de silencio en honor de las víctimas. Este homenaje recordó, por instantes, que entre la multitud había personas que habían perdido algo más que la ilusión.

Letras e imágenes sueltas

Exigencias e inconformidades de todo tipo tuvieron lugar. Su coexistencia, en ocasiones, resultó contradictoria y hasta cómica. Los temas más recurrentes, sin embargo, estaban relacionadas con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, con el asilo político a Evo Morales y con las diversas formas de violencia que persisten en el país.

Así, los coros que iniciaban con “Santa Lucía es una porquería”, continuaban con “México sí, López no”, seguían con “fuera Evo” y terminaban con “prensa libre”. Una bandera arcoiris pasó junto a un gran cartel que rezaba: “AMLO respeta la vida, no al aborto”. Y un hombre sostenía un letrero con la frase: “Yo no te voy a acusar con tu mamá, te voy a acusar con Trump”.

A la altura de las oficinas del Senado de la República, una familia numerosa salió del contingente “Michoacán”. Sudorosos y arrastrando los pies se sentaron a la sombra de un árbol mientras los niños se metían a las jardineras. “Bueno, ya cumplimos ¿no?”, resopló un joven mientras se acicalaba el cuello de la camiseta.

Marcial Yangali

Destacada

Con Felipe Calderón, la mayor intromisión de EU en México

Documentos desclasificados de la Embajada de Estados Unidos, el Departamento de Estado y la ATF revelan que, durante el gobierno de Felipe Calderón, Estados Unidos profundizó su intromisión en México. Desde la Iniciativa Mérida y las operaciones en campo de agencias como la DEA, la CIA y el FBI, hasta el fallido operativo Rápido y Furioso –que abasteció de armas de alto calibre al Cártel de Sinaloa–, la injerencia del vecino país se reflejó, sobre todo, en la agenda de seguridad. Incluso, como parte de la “cooperación” en el ámbito de la inteligencia, Calderón y el entonces embajador Carlos Pascual inauguraron el búnker de García Luna (previo a que el diplomático estadunidense renunciara, luego de la filtración masiva de cables diplomáticos que hizo Wikileaks, en los que se revelaron sus críticas a la supuesta “guerra” contra el narcotráfico). Además, en el marco del lanzamiento de la Plataforma México, se abrió la puerta a la intervención masiva de comunicaciones y el espionaje

Saber más »
Artículo

Las tres soberanías: la crisis civilizatoria de Occidente

Existen tres niveles en los que se puede medir el avance o el retroceso de un país en su dura batalla por la emancipación. Desde el siglo XV el colonialismo –como el origen dantesco de la violencia en su máxima expresión– quebró no solo la economía de los diferentes países que tocó, sino también sus sistemas políticos, su imaginario colectivo y sus relaciones personales. De ahí que un país deba comenzar primariamente por la recuperación de su soberanía política, es decir, por la capacidad de reconocer en el Estado a la comunidad nacional y no al ente colonial invasor. Este es un presupuesto necesario, sin el cual no se puede pensar en ninguna otra cosa. La tramposa democracia liberal ha sido la camisa de fuerza que ha disfrazado siempre los intereses burgueses tras cualquier supuesta alternativa. Por ello, la batalla por superar los fraudes electorales y el intervencionismo de los poderes fácticos se instala como la tarea principal en este nivel.

Saber más »
Artículo

Granjas de ‘bots’ en la guerra cognitiva

Aquí aparece al desnudo la guerra cognitiva y su mercancía perversa disfrazada como granja de bots. En las sociedades capitalistas creadoras de la dictadura de la competencia mercantil y la subordinación de los consumidores, cada segundo de mirada adquiere valor económico y político. En las granjas de bots se diseña lo que conmueve, lo que enfurece; qué provoca miedo, qué despierta deseo, qué genera permanencia. La arquitectura de la comunicación comercial digital encuentra así una zona de convergencia con las operaciones de influencia política y militar. Un sistema diseñado para retener atención y ensuciar la realidad puede ser aprovechado por quien busca retener, desviar o capturar conciencia. La frontera entre publicidad, entretenimiento, propaganda y operación psicológica se vuelve porosa. El sujeto cree estar consumiendo información mientras, simultáneamente, se convierte en recurso explotable y víctima de mil manipulaciones del odio de clase.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo